Clericalismo

"Sabemos que el clericalismo es una tentación de los sacerdotes de todos los siglos, también hoy; por eso, es muy importante encontrar el modo verdadero de vivir la Eucaristía, que no es estar cerrados al mundo, sino precisamente estar abiertos a las necesidades del mundo. Debemos tener presente que en la Eucaristía se realiza este gran drama de Dios que sale de sí mismo, deja —como dice la carta a los Filipenses— su propia gloria, sale y desciende hasta ser uno de nosotros, y se rebaja hasta la muerte de cruz (cf. Flp 2). La aventura del amor de Dios, que deja, se despoja de sí mismo para estar con nosotros, y esto se hace presente en la Eucaristía; el gran acto, la gran aventura del amor de Dios es la humildad de Dios que se entrega a nosotros. En este sentido hay que considerar la Eucaristía como el entrar en este camino de Dios. San Agustín dice en el libro X del De Civitate Dei: «Hoc est sacrificium christianorum: multi unum corpus in Christo», es decir: el sacrificio de los cristianos es estar unidos al amor de Cristo en la unidad del único cuerpo de Cristo. El sacrificio consiste precisamente en salir de nosotros mismos, en dejarnos atraer en la comunión del único pan, del único Cuerpo, y entrar de este modo en la gran aventura del amor de Dios. Así debemos celebrar, vivir, meditar siempre la Eucaristía, como esta escuela de la liberación de mi «yo»: entrar en el único pan, que es pan de todos, que nos une en el único Cuerpo de Cristo. Por lo tanto, la Eucaristía es, de por sí, un acto de amor, nos obliga a esta realidad del amor por los demás: el sacrificio de Cristo es la comunión de todos en su Cuerpo. De este modo debemos entender la Eucaristía, que es precisamente lo contrario del clericalismo, del encerrarse en sí mismos. Pensemos también en la madre Teresa, verdaderamente el ejemplo grande en este siglo, en este tiempo, de un amor que se despoja de sí mismo, que abandona todo tipo de clericalismo, de alejamiento del mundo, que va a los más marginados, a los más pobres, a las personas cercanas a la muerte y se da totalmente al amor por los pobres, por los marginados. Pero la madre Teresa, que nos dio este ejemplo, y la comunidad que sigue sus huellas, suponía siempre como primera condición de una fundación suya la presencia de un sagrario. Sin la presencia del amor de Dios que se da no habría sido posible realizar ese apostolado, no habría sido posible vivir en ese abandono de sí mismos; sólo insertándose en este abandono de sí en Dios, en esta aventura de Dios, en esta humildad de Dios, podían y pueden cumplir hoy este gran acto de amor, esta apertura a todos. En este sentido, diría: vivir la Eucaristía en su sentido originario, en su verdadera profundidad, es una escuela de vida, es la protección más segura contra toda tentación de clericalismo."

(Vigilia con ocasión del Encuentro internacional de los sacerdotes. 10-06-2010. Benedicto XVI)


    » Audiencia general.
       26-05-2010. Benedicto XVI

    » Audiencia general.
       03-02-2010. Benedicto XVI

    » Homilía en ordenación episcopal de cinco presbíteros.
       12-09-2009. Benedicto XVI

    » Discurso a los párrocos, vicepárrocos y diáconos de la Diócesis de Roma.
       01-03-2001. Juan Pablo II

    » Carta Apostólica Novo millennio ineunte, nn. 43-47.
       06-012001. Juan Pablo II




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