Eutanasia, encarnizamiento terapéutico,
cuidados paliativos y suicidio



San José, patrono de la buena muerte
Muerte de San José. Alonso Cano. s. XVII

“La eutanasia:

2276. Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277. Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).

2278. La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279. Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.


El suicidio:

2280. Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281. El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282. Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283. No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.” (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2276-2283)



   

    » Respuestas a algunas preguntas de la Conferencia Episcopal Estadounidense
       sobre la alimentación y la hidratación artificiales.

       Congregación para la Doctrina de la Fe. 1-08-2007.

    » Discurso a los participantes en un Congreso internacional sobre
        “Tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo:
        avances científicos y dilemas éticos”

       San Juan Pablo II. 20-3-2004.

    » Carta a los Ancianos, n. 9.
       San Juan Pablo II. 1-10-1999.

    » Encíclica Evangelium vitae, nn. 64-74 y 94.
       San Juan Pablo II. 25-03-1995.

    » Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano
       San Juan Pablo II. 11-2-1984.

    » Declaración sobre la eutanasia – Iura et bona.
       Congregación para la Doctrina de la Fe. 5-5-1980.

    » Discurso sobre las implicaciones morales y religiosas de la analgesia.
       Pío XII. 24-2-1957.

    » Declaración con motivo del
       "Proyecto de Ley Reguladora de los Derechos
       de la Persona ante el Proceso Final de la Vida"
       CCXX Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española.
       22-06-2011.
       » Apéndice: Testamento Vital

    » La Eutanasia, Cien cuestiones y respuestas sobre la
       defensa de la vida humana y la actitud de los católicos
       Conferencia Episcopal Española, Cómite Episcopal para la Defensa de la Vida.
       Octubre de 1992.

    » Monográfico en la página Web de la Conferencia Episcopal Española
       sobre la Eutanasia.

    » Carta Pastoral del Episcopado Aragonés con ocasión de la
        promulgación de la Ley de derechos y garantías de la dignidad
        de la persona en el proceso de morir y de la muerte, aprobada
        por el Parlamento Regional de la Comunidad Autónoma de Aragón.
        Sólo Dios es el Señor de la Vida.

       (Zaragoza, 24 de abril de 2011)




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