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05/12/2013

Álbum de fotos de la Clausura el «Año de la Fe» en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos





El domingo 24 de noviembre, Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, a las 12:00 horas, el Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, clausuró el Año de la fe, tal y como dispuso el ahora papa emérito S.S. Benedicto XVI.

La Santa Misa de clausura tuvo lugar en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos, tomando ocasión del LXXVII Aniversario del Martirio de los ya 134 Beatos, Testigos de la Fe, cuyas reliquias allí reposan. El pasado 13 de octubre el Santo Padre, el papa Francisco, beatificó a 522 mártires del siglo XX en España, 15 de ellos religiosos cuyos restos descansan en Paracuellos, en concreto: 3 Hermanos Maristas, 1 sacerdote de la Orden de San Jerónimo, 1 Capuchino, 1 religioso de la Orden del Carmen y 9 Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle).

La Santa Misa fue concelebrada por superiores y representantes de las órdenes a las que pertenecen los religiosos y sacerdotes cuyos restos mortales descansan en este bendito Camposanto. Tras la Misa el Obispo, los sacerdotes y los fieles recorrieron, entre cánticos, las fosas del Camposanto para rezar en cada una un responso por los difuntos que allí yacen. Además, en una de las fosas el Sr. Obispo bendijo una estela funeraria, erigida por los PP. Agustinos en honor de los Agustinos sepultados en el cementerio.

Al final de la noticia reproducimos la homilía del Obispo Mons. Juan Antonio Reig Pla.

Los datos

En la Guerra Civil española, durante la batalla de Madrid de 1936, varios miles de prisioneros fueron asesinados en el paraje del Arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama. Las matanzas se realizaron con ocasión de los traslados de presos, conocidos como “sacas”, desde diversas cárceles de Madrid entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936. Muchas de aquellas víctimas fueron asesinadas únicamente como consecuencia de su fe católica y en el contexto más amplio de la persecución religiosa que venía dándose en España desde años atrás. Al finalizar la guerra aquel paraje fue progresivamente dignificado construyéndose allí una pequeña iglesia y dando lugar a lo que hoy conocemos como Cementerio de los Mártires de Paracuellos.

Dicho Cementerio está custodiado por la Hermandad de Ntra. Sra. de los Mártires de Paracuellos, asociación de fieles católicos perteneciente a la Diócesis de Alcalá de Henares.

Según consta en los archivos, son miles las víctimas inocentes, centenares de ellas menores de edad, cuyos restos descansan en aquel Camposanto. De entre dichas víctimas hay sacerdotes y seminaristas de, al menos, ocho arzobispados y diócesis: Archidiócesis de Madrid, Arzobispado Castrense, Archidiócesis de Toledo y las Diócesis de Getafe, Ciudad Rodrigo, Jaén, Lugo y naturalmente Alcalá de Henares.

Allí también reposan los restos mortales de centenares de religiosos pertenecientes, al menos, a 20 órdenes religiosas: Agustinos, Capuchinos, Carmelitas, Carmelitas Descalzos, Claretianos, Dominicos, Escolapios, Franciscanos, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Hospitalarios de San Juan de Dios, Jerónimos, Jesuitas, Marianistas, Maristas, Misioneros Oblatos, Paules, Pasionistas, Redentoristas, Sagrados Corazones de Jesús y María y Salesianos.

De entre estos religiosos ya han sido beatificados por el papa Beato Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI y ahora el papa Francisco, 134 mártires: 63 religiosos Agustinos, 22 Hospitalarios de San Juan de Dios, 13 Dominicos, 6 Salesianos, 15 Misioneros Oblatos, 3 Hermanos Maristas, 1 sacerdote de la Orden de San Jerónimo, 1 Capuchino, 1 religioso de la Orden del Carmen y 9 Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle).

De entre los miles de seglares católicos, cuyos restos mortales descansan en ese mismo lugar, muchos pertenecían a asociaciones y movimientos apostólicos como Acción Católica, la Adoración Nocturna Española o las Congregaciones Vicencianas.

Respecto a muchos de estos cristianos laicos se iniciará en su momento una causa de beatificación; a tal efecto el Sr. Obispo Mons. Juan Antonio Reig nombró un Delegado y un Subdelegado para la Causa de los Santos, que con las ayudas pertinentes, han dado los primeros pasos en este sentido.

Todas estas circunstancias hacen del Cementerio de los Mártires de Paracuellos un lugar sagrado, un verdadero ‘coliseo’ español, una verdadera «‘catedral’ de los mártires», levantada con la sangre de multitud de Testigos de la Fe, muchos de ellos elevados ya a la gloria de los altares.











































































Homilía del Obispo de Alcalá de Henares en la
Clausura del Año de la Fe
Cementerio de los Mártires de Paracuellos
Domingo, 24 de noviembre de 2013
Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

1. Vamos alegres a la casa del Señor (Sal 121)

Recogiendo la invitación del Salmista, hoy venimos alegres a este lugar sagrado para clausurar, unidos al papa Francisco, el Año de la Fe: «¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!» (Sal 121, 1). Este cementerio humilde es la catedral de los mártires de la persecución religiosa de 1936 en España. Esta alegría que canta el salmista se ve acrecentada porque entre los beatificados en Tarragona por el papa Francisco el pasado mes de octubre, quince de ellos están enterrados aquí en Paracuellos; dos dieron la vida por Cristo en Torrejón de Ardoz, los otros trece aquí mismo. En total ya son 134 los beatos, Testigos de la Fe, que se custodian en este cementerio-relicario a los que se sumarán otros muchos cuyas causas de beatificación ya están iniciadas y también otros cuya causa vamos a iniciar muy pronto. Estos hermanos nuestros, muchos de ellos jóvenes y procedentes de distintos lugares de España, son las piedras elegidas por Dios, labradas y cinceladas por el sufrimiento, que hoy configuran esta Catedral cuya bóveda es el mismo cielo y adonde se dirigen nuestras voces en honor de Cristo, Rey del Universo, vencedor de la muerte y corona de nuestros mártires.

Desde su encarcelamiento hasta su muerte, nuestros hermanos beatificados y sus compañeros se erigen como campeones de la fe que nos enseñan en este momento el itinerario para seguir a Cristo. Ellos, «no amaron tanto su vida que temieran la muerte» (Ap 12, 11 ). Sabían bien quien era su Señor y, escuchando interiormente su llamada, acudieron con entereza a la muerte proclamando la soberanía de Dios, profiriendo palabras de perdón y orando por sus propios verdugos. Cuando de sus labios surgía con fuerza el grito de ¡Viva Cristo Rey! sabían de quien se habían fiado (Cf. 2 Tm 1, 12) y entregaban su vida como víctimas de suave olor, como las oraciones de los santos que alcanzan las moradas eternas.

Paracuellos, la mejor y más humilde Catedral de los Mártires en España, es un lugar sagrado de peregrinación. Aquí, como los ancianos que subieron a Hebrón para encontrarse con David (2 Sam 5, 1-3), o como el pueblo de Israel que peregrinaba a la Ciudad Santa (Cf. Sal 121), nosotros venimos como peregrinos a aprender de nuestros hermanos beatos el camino de la vida; venimos a celebrar con ellos la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo y a clausurar solemnemente el Año de la Fe.

Este cementerio católico, custodiado, con tanto amor, por la Hermandad de Ntra. Sra. de los Mártires de Paracuellos, es también un lugar de oración. Aquí venimos a orar por nuestros hermanos difuntos y para suplicar la paz entre los españoles y la prosperidad de nuestro pueblo. Al mismo tiempo, teniendo tantos intercesores en el cielo cuyos cuerpos reposan en este camposanto, nuestra oración, llena de gratitud y alabanza, se transforma en deseo de que no nos falten en este momento santos en España que irradien su luz unida a la de los 134 religiosos ya beatificados: 63 religiosos Agustinos, 22 Hospitalarios de San Juan de Dios, 13 Dominicos, 6 Salesianos, 15 Misioneros Oblatos, 3 Hermanos Maristas, 1 sacerdote de la Orden de San Jerónimo, 1 Capuchino, 1 religioso de la Orden del Carmen y 9 Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle).

Queridos hermanos, no podríamos escoger otro sitio mejor para clausurar el Año de la Fe, porque este lugar santo es como un candelabro lleno de luz que ilumina nuestra historia. Los siete brazos de este candelabro que son sus siete fosas con sus cruces blancas, son como antorchas de luz que brillan en la noche de una cultura hegemónica que se empecina en abandonar a Dios. Aquí cayeron nuestros mártires como granos de trigo que fecundan esta tierra para que no le falte a España el pan de la fe y el pan de la Eucaristía, para que no nos falte el equipaje y el sustento que  nos han de conducir, por gracia de Dios, a la gloria del cielo que contemplan nuestros beatos.

Con sus testimonios ellos nos enseñan a adherirnos a Cristo, a abrazar con alegría la cruz; nos enseñan que Dios es lo primero; nos enseñan a perdonar, a esperarlo todo de Dios. Como los peregrinos ponderaban en la Ciudad Santa los tribunales de justicia y el palacio de David (Cf. Sal 121, 5) nosotros en este humilde santuario confesamos nuestra fe en la resurrección y en la vida eterna. Esta es la verdadera justicia de Dios: la resurrección de los muertos. Jesucristo es el verdadero Rey de justicia cuyo trono está presente en todos los altares donde se celebra la Eucaristía. La mesa de la Eucaristía es la antesala del cielo y el pan que nos reparten los sacerdotes es el Cuerpo de Cristo, resucitado y glorioso, prenda de la vida eterna, anticipo de la gloria.

2. Todo fue creado por Él y para Él (Col 1, 16)

San Pablo en la Carta a los Colosenses que hemos escuchado, nos invita a dar «gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados» (Col 1 12-13).

Estas palabras ya se han cumplido en nuestros hermanos mártires. Ellos ya participan de la herencia del pueblo santo y su sangre, derramada como la de Cristo, clama por todos cuantos suplicamos su intercesión. Este cementerio, que se extiende a la sombra de la cruz blanca colocada sobre la montaña, proclama a los cuatro vientos la victoria de muestro Dios. Cristo, «por quien todo fue creado» (Col 1, 16), ha colocado su trono en la cruz y en ella ha manifestado el destino de la creación y de la historia. En la cruz nace el hombre nuevo, el Nuevo Adán, el hombre de la obediencia que se deja medir por la Sabiduría de Dios. En la cruz, a su vez, se desvela, junto a la malicia del pecado, el destino del hombre: la muerte ha sido vencida por el Amor; la sangre derramada en la cruz es el antídoto del veneno de la muerte. Con su muerte y resurrección Cristo desvela el sentido de la historia: Cristo es la meta del universo. Todo será recapitulado en Cristo porque todo fue creado por Él y para Él.

Si esto es así, nosotros, como los mártires, estamos llamados a resucitar con Cristo para reinar eternamente con Él en su «Reino eterno y universal; el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz» (Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

3. Hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43)

La cruz y la resurrección de Cristo, del mismo modo que ponen de manifiesto su omnipotencia, a la vez expresan su infinita misericordia. Cristo, como confesamos en el Credo, murió «por nosotros y por nuestra salvación». Esta es la confianza de los mártires y debe ser nuestra confianza. De la omnipotencia divina y de su infinito amor lo podemos esperar todo y en cualquier momento. Así queda reflejado para todas las generaciones en la súplica del ladrón arrepentido: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23, 42). Sin duda que esta súplica fue recitada interiormente por muchos de nuestros mártires y pone en evidencia que, cuando parece que nadie nos escucha, Dios nos escucha siempre: la respuesta de Dios Padre es la resurrección y la vida.

Jesucristo, resucitado y glorioso, se hace presente en la Eucaristía. En esta ermita, construida en medio de este nuevo Calvario, cada vez que celebramos la Santa Misa plantamos el verdadero Árbol de la Vida de cuyos frutos se alimentaron nuestros hermanos mártires. Del mismo modo que ellos, de manera clandestina en las cárceles de Madrid, pudieron recibir la confesión de sus pecados y comulgar de mano de los sacerdotes beatos, hoy también nosotros, venimos a alimentarnos del Cuerpo y la Sangre de Cristo para continuar construyendo una España digna y fraterna.

Queridos hermanos: al clausurar el Año de la Fe renovemos nuestra adhesión a Cristo y a la Iglesia que prolonga su presencia en la historia. En Cristo está depositada toda nuestra esperanza. Como el ladrón arrepentido hoy le suplicamos al Señor que se acuerde de nosotros en su Reino. La Iglesia es la casa que el Señor prepara para todos los desvalidos. A ella acudimos para alimentarnos con el Pan de la Palabra y de la Eucaristía. En ella encontramos la comunión de los santos que, como los mártires, testigos de la fe, de la esperanza y de la caridad, esperamos gozar en el país de la vida.

Gravemos este lugar sagrado en nuestra memoria y en nuestro corazón. Hagamos de él un jardín que nos recuerde el paraíso perdido. Que sea un lugar de peregrinación para todos, un santuario de reconciliación, de paz y de perdón. Los 134 beatificados por nuestra Madre la Iglesia Católica, y cuyas reliquias se custodian en este lugar sagrado, son como 134 estrellas que brillan en el firmamento y que se unen a la Virgen María, Reina de los mártires y Estrella de la Evangelización. En la oscuridad de este momento histórico y complejo por el que atraviesa España, ellos no dejarán de resplandecer para iluminar el camino de nuestra historia. Con ellos hoy queremos reavivar nuestra esperanza. Con ellos suplicamos «Venga a nosotros tu Reino». Y con ellos, llenos de entusiasmo, os invito a proclamar juntos el Credo de nuestra fe.

+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo Complutense


 La noticia sobre la Santa Misa del pasado año 2012 (PINCHAR AQUÍ)

+ Información sobre los mártires beatificados (año 1992) por el Papa Juan Pablo II

+ Información sobre los mártires beatificados (año 2007) por el Papa Benedicto XVI

+ Información sobre los religiosos Oblatos beatificados en el año 2011

+ Información sobre los religiosos beatificados (año 2013) por el Papa Francisco

Las fosas del Cementerio de los Mártires de Paracuellos de Jarama según el Ministerio de Justicia de España

Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011: los jóvenes también peregrinaron hasta Paracuellos


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