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07/11/2013

«La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos»

El Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, celebró, el pasado 1 de noviembre, la Santa Misa de Todos los Santos en el Cementerio antiguo de Alcalá de Henares. En la homilía anunció la buena noticia del cielo que se nos ha abierto por la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. El Obispo también exhortó a los presentes a orar por los fieles difuntos y a conservar las tradiciones cristianas respecto de las exequias y la sepultura.

La Iglesia prefiere que se conserve la costumbre tradicional de la inhumación de los cuerpos de los cristianos, porque con este gesto se imita mejor la sepultura del Señor.

Cuando, con las condiciones precisas, se procede a la incineración, también a las cenizas hay que darles la sepultura acostumbrada en lugar sagrado (cementerio o columbario).

Las exequias por un fiel difunto deben celebrarse generalmente en su propia iglesia parroquial.

 

 

 

A las 12:00 horas del pasado viernes 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, el Obispo de la diócesis de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, celebró la Santa Misa en la capilla del Cementerio Municipal (antiguo) por el eterno descanso de todos los fieles difuntos y en particular por los enterrados en dicho camposanto.

 

Durante la homilía, don Juan Antonio señaló que “hoy es el día en que miramos al cielo abierto y a los mejores abogados que, desde el cielo, interceden por nosotros. Tenemos a los mejores amigos, a los mejores abogados. Y, mirándoles a ellos, nos animamos en el camino de la vida: si ellos han llegado a la meta, por la gracia de Dios, nosotros también podemos llegar. ¡Por eso hoy es un día de mucha alegría y esperanza!”.

 

El Sr. Obispo continuó explicando que Dios, en su misericordia, quiere que todos los hombres se salven y, para ello, nos propone el camino de la salvación. La muerte ha sido vencida, ha sido pagada la Redención de todos nuestros pecados por la Sangre de Cristo. El precio ha sido altísimo, pero esa sangre  ‒ que nosotros hemos recibido a través de los sacramentos ‒ es la que nos purifica para que se cumpla la bienaventurada: ‘dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios’.

 

Después, Mons. Reig Pla recalcó con entusiasmo: “¡La victoria es de nuestro Dios! Pero esto nuestra cultura pagana no lo entiende. Y por eso continuamente pone delante de nosotros la muerte, lo feo, imágenes que no embellecen ni animan el corazón de las personas,... En cambio, nosotros hemos venido aquí, a este cementerio, ‘lugar de dormición’, lleno de flores, que es como el Paraíso reencontrado, porque venimos a celebrar la victoria sobre la muerte. Aquí esperamos el grito de la Resurrección y de la Vida”.

 

Mons. Reig recordó que la Iglesia Católica recomienda vivamente mantener la tradición de inhumar los cuerpos de los difuntos. “La piadosa costumbre es inhumar, enterrar a nuestros seres queridos. Hoy oramos por todos los fieles difuntos. Y venimos aquí porque, simbólicamente, seremos llamados a una nueva Creación, la definitiva, la que supone la Resurrección y la Vida. ¡Porque somos hijos de Dios, sus herederos!”.

 

Respecto a la recomendación de mantener la tradición de inhumar los cuerpos de los difuntos, la Iglesia lo explica así en diferentes documentos:

 

El Ritual de Exequias: «La Iglesia prefiere que se conserve la costumbre tradicional de la inhumación de los cuerpos de los cristianos, porque con este gesto se imita mejor la sepultura del Señor» (pág. 1106).

 

El Código de Derecho Canónico: «La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos» (canon 1176 §3).

 

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones, nº 254, 2002: «Separándose del sentido de la momificación, del embalsamamiento o de la cremación, en las que se esconde, quizá, la idea de que la muerte significa la destrucción total del hombre, la piedad cristiana ha asumido, como forma de sepultura de los fieles, la inhumación. Por una parte, recuerda la tierra de la cual ha sido sacado el hombre (cfr. Gn 2,6) y a la que ahora vuelve (cfr. Gn 3,19; Sir 17,1); por otra parte, evoca la sepultura de Cristo, grano de trigo que, caído en tierra, ha producido mucho fruto (cfr. Jn 12,24)».

 

En todo caso, el Obispo explicó que cuando, con las condiciones precisas, se procede a la incineración también a las cenizas hay que darles la sepultura acostumbrada en lugar sagrado ‒ cementerio o columbario ‒ (Cf. Ritual de Exequias. Libro VI-Capítulo VII; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones, nº 254, 2002).

 

Sin excluir, cuando se dan razones para ello, otras posibilidades previstas por el Derecho Canónico, el Obispo de Alcalá de Henares también explicó la importancia de celebrar las exequias en la propia iglesia parroquial ‒ frente a otras opciones cada vez más extendidas ‒, todo tal y como enseña la Iglesia: «Las exequias por un fiel difunto deben celebrarse generalmente en su propia iglesia parroquial» (C.I.C. canon 1177 § 1).

 

Recapitulando, el Obispo señaló que “quien no mira la vida desde el final acaba siendo necio: el sabio es quien mira la vida desde el final. Aquel quien, con perseverancia, se presenta al Señor con fe. Puede que llegues con las manos vacías. Vivamos el modo cristiano de afrontar la muerte. ¡No seamos como aquellas personas que, por no tener fe, desesperan ante la muerte!”, concluyó.

   

 

 

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