Inicio » Actualidad » Noticias

19/12/2011

Mons. Reig concelebra en la Santa Misa de beatificación de 15 Oblatos martirizados en Paracuellos y Torrejón

En total han sido beatificados 22 Oblatos y un padre de familia

Los restos mortales de 15 Oblatos descansan en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos

 

«Sabemos que nos matáis por católicos y religiosos: lo somos.
Tanto yo como mis compañeros os perdonamos de todo corazón.
¡Viva Cristo Rey!»
 
 
 
 
 
 
» Breve biografía de los 15 Oblatos martirizados en lo que hoy es territorio de la Diócesis de Alcalá de henares  
 
 
 
 
 
 
Con motivo de esta celebración, el superior de la Congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada, Padre Louis Lougen, OMI, ha dirigido una carta a los miembros de la congregación con el título “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. El texto de su carta es el siguiente:
 
“Estos son aquellos que salieron de la gran tribulación, y han lavado sus túnicas y las hicieron blancas en la sangre del cordero”. (Rev. 7:14)
 
Nos regocijamos juntos para alabar y agradecer la beatificación de los mártires oblatos de España. Esta es una gran gracia para nosotros, una oportunidad para toda la congregación para renovar nuestra vida en santidad y compromiso misionero. La beatificación de los mártires oblatos de España se presenta en este año en el que recordamos el 150 aniversario de la muerte de San Eugenio de Mazenod y vivimos también inspirados por el llamado a la conversión del 35o Capítulo General. Este llamado es “nuestra obra” hasta el próximo Capítulo. ¡No, esta es la obra de toda una vida! La beatificación de los mártires oblatos de España hace eco en el llamado a la conversión. Descubrimos en su martirio la riqueza y profundidad del Evangelio y del carisma oblato.
 
Cada vez que leo acerca de la alegría que San Eugenio experimentó cuando se proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, me conmuevo. Imagino aún ahora su inmensa alegría por la beatificación de los mártires oblatos de España. Debe estar paseando por las calles celestiales con su pecho hinchado de orgullo, compartiendo las buenas nuevas con todo el mundo y charlando con los santísimos mártires. Veo Henri Tempier al lado de Eugenio. El fundador siempre se ha puesto un poco molesto en estas fiestas ya que él está todavía un poco ofendido de que Henri haya quemado la mayor parte de la evidencia acerca de su propia santidad para permitir a Eugenio brillar aún más. Joseph Gerard y Joseph Cebula se unen a Eugene y Henri y muchos otros oblatos que hemos conocido y de los cuales hemos leído. ¡Cuánta gaudeamusestá preparando Eugenio por la beatificación!
 
Compartimos la alegría de Eugenio y estamos llenos de gratitud por la beatificación de nuestros hermanos oblatos que fueron martirizados en España. Nosotros también estamos siendo llamados a renovar nuestro compromiso. La vida religiosa, el deseo de vivir la vocación bautismal de una manera radical, es una especie de sucesora del periodo de martirio en la iglesia primitiva. Nuestra vida consagrada, inspirada en el testimonio de los primeros mártires, es la decisión de seguir el Señor Jesús de una manera radical a través de los votos y la comunidad. La beatificación de los mártires oblatos de España nos exige elegir a vivir nuevamente la raíz de nuestra consagración entregando nuestras vidas para seguir a Jesús. Muy recientemente un oblato me comentó, con una mezcla de desilusión simúltanea y un anhelo de esperanza: “¡Mira a nuestras vidas! ¿Hay alguna cosa a la cual hemos renunciado? ¿Nuestras vidas tienen algún significado para los demás? ¡Nuestra consagración está muy rebajada!”
 
Es precisamente por esta razón que el último Capítulo General nos ha llamado a la conversión. Este es el gran reto y la exigencia que la beatificación de los mártires oblatos españoles nos trae. A medida que leemos sobre el sacrificio generoso de sus vidas, volvemos a las raíces de nuestra vocación y no podemos tolerar vivir una vida que está “rebajada”. Rezo para que el testimonio de la ofrenda martirial de los santísimos mártires oblatos de España nos traiga la pasión de vivir radicalmente el seguimiento de Jesús. Les pido que intercedan para que el Espíritu nos enardezca como misioneros para los pobres el el contexto de nuestra realidad con los desafíos complejos que enfrentamos hoy.
 
Invito a todos a profundizar el significado de la beatificación de los mártires oblatos de España a la luz de la Constitución no 2 de las Constituciones y Reglas de los O.M.I.: “Somos hombres ‘escogidos para anunciar el Evangelio’ (Rom 1:1), hombres listos a dejar todo para ser discípulos de Jesús. El deseo de cooperar con él nos lleva a conocerlo más a fondo para identificarnos con él, dejarlo vivir en nosotros. Nos esforzamos para reproducir en nosotros mismos el modelo de su vida. Por lo tanto, nos entregamos al Padre en la obediencia hasta la muerte y nos dedicamos al pueblo de Dios en el amor desinteresado…” (C#2) Esto está en el corazón de nuestro carisma. San Eugenio y los santísimos mártires oblatos de España nos convocan a abrazar nuestra vocación como se describe en C#2.
 
Una fe fuerte y profunda ha alimentado los sueños misioneros de los mártires oblatos de España y los ha atraído a ofrecer sus vidas para predicar el Evangelio a los pobres en España, Argentina, Uruguay y el suroeste de los EE.UU. Nos sentimos intimidados por su capacidad de entregarse al Padre en la obediencia hasta la muerte, un acto altruista en última instancia por el amor de la gente que aún no han podido conocer en las misiones que esperaban servir. Entre dichos mártires oblatos, hay también un hombre laico que fue un esposo y padre. Creo que es un signo del carisma oblato, “siempre cerca de la gente que servimos” que en esta beatificación haya una persona laica entre los oblatos. Este es otro motivo por el cual nos alegramos.
 
San Eugenio es todo sonrisas en esta celebración. Nosotros también sentimos orgullo y alegría por la fidelidad y amor radical de los mártires oblatos de España. Cantamos con María Inmaculada, madre de los apóstoles y mártires, su canto de alabanza en este gran día: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”.
 
Felicitaciones y un agradecimiento van a nuestro postulador, el Padre Joaquin Martinez, por su dedicación a las causas de los santos oblatos y por todo lo que ha hecho para hacer realidad este día.
 
Padre Louis Lougen, O.M.I.
17 de diciembre de 2011
 
 
(nosotrosomi.org) Durante las Jornadas Mundiales Oblatas de la Juventud en Málaga, España, el padre Louis LOUGEN, Superior General, dio tres conferencias. A continuación se presentan extractos de la tercera acerca de los Mártires Oblatos, que pronto serán beatificados.
 
El ejemplo de los 22 Misioneros Oblatos de María Inmaculada martirizados en España es un fuerte y refulgente testimonio de confesar la fe en Jesucristo. Por la única razón de que esos hombres eran creyentes en Jesús y habían consagrado su vida a Él, fueron odiados y brutalmente ejecutados. Eran hombres jóvenes, conscientes y sabedores de que, por causa de su fe, la muerte violenta les estaba aguardando. Les hicieron sufrir duramente para que abandonaran su fe y salvar así sus vidas. De modo heroico, fueron fieles a Jesús y a la fe católica hasta el punto de sus muertes cruentas. ¿Qué podemos aprender de estos testimonios? Les propongo cuatro cualidades:
 
El don del Espíritu de Ánimo y Fortaleza para ser fieles
 
Estos hombres jóvenes sabían lo que estaba pasando en España en aquél tiempo. Eran públicamente amenazados y la gente les gritaba: “¡Muerte a los frailes!”. En las calles, la gente hacía gestos con cuchillos, como cortándoles el cuello, para indicar lo que habría que hacer con los religiosos. Desde su residencia, los Oblatos podían ver el humo de las iglesias incendiadas y los conventos destruidos por parte de aquellos que odiaban la Iglesia. Entre sí, los Oblatos se preguntaban cómo escaparían de la residencia en caso de que ésta fuera incendiada. Incluso en este clima de hostilidad, fueron fieles a sus oraciones, estudios y trabajos hasta el mismo momento de su encarcelamiento.
 
En la cárcel, les trataron sin piedad, con escaso alimento, humillaciones, maltrato psicológico, frío espantoso, lamentables condiciones higiénicas para sus necesidades fisiológicas y con parásitos. El hacinamiento de la cárcel y el gélido frío a veces les obligaba a dormir de pie.
 
La respuesta de estos hombres fue la de un ánimo y una fortaleza incansables. Aguantaron las condiciones de la cárcel en espíritu de oración. Permanecieron estrechamente unidos, cuidándose mutuamente y animándose mutuamente, manteniendo el espíritu de serenidad e incluso de alegría, confiando en Dios.
 
Las palabras exactas de Clemente RODRÍGUEZ TEJERINA, de 18 años, fueron recogidas por su hermana: “Estamos en peligro y tememos que nos separen; juntos, nos damos ánimo unos a otros. Con todo, si hay que morir, estoy dispuesto, seguro de que Dios nos dará la fuerza que necesitamos para ser fieles”.
 
Amor a Jesús y a la Iglesia Católica
 
A estos hombres se les hizo sufrir y fueron asesinados porque eran sacerdotes y hermanos católicos. Para salvarse tan sólo tenían que renunciar a su fe y renegar de sus creencias. ¿Qué más da?. ¿A quién le importa? Para qué sufrir tanto? ¿Para qué causar dolor a sus familias?
 
En el sufrimiento que llevó a su ejecución, ante los escuadrones de la muerte, ellos profesaron su fe en Jesucristo, su amor hacia la Iglesia Católica y a su vocación misionera. Uno de los mártires, Publio RODRÍGUEZ MOSLARES, de 24 años, dio a su madre un pequeño crucifijo y le dijo: “Bésalo muchas veces y, venga lo que venga, piensa que todo lo que suframos por Él, por mucho que nos parezca, será poco para lo que Él nos ama y sufrió por nosotros”. Cuando les ejecutaron, gritaron su profesión de fe: “¡Viva Cristo Rey!”.
 
Gregorio ESCOBAR GARCÍA, ejecutado a los 24 años de edad, escribió: “Siempre me ha conmovido hasta lo más hondo los relatos del martirio que siempre han existido en la Iglesia, y siempre al leerlos, me asalta un secreto deseo de correr la misma suerte que ellos Ese sería el mejor sacerdocio a que podríamos aspirar todos los cristianos, a ofrecer cada cual a Dios su propio cuerpo y sangre en holocaustos por la fe ¡Qué dicha sería la de morir mártir!”.
 
Hoy día raramente somos amenazados de muerte por creer en Jesús y ser católicos, aunque a veces sigue pasado en algunas partes del mundo. Podemos expresar nuestro amor por Jesús y la Iglesia viviendo fielmente el Evangelio y con integridad. Seguir a Jesús no es fácil cuando estoy totalmente comprometido a hacer de la fe una relación viva con Dios que conforme el resto de lo que hago, cómo me relaciono con los demás y lo que creo que es correcto o inadecuado.
 
Es el poder espiritual del Amor, Perdón, de la Oración y la Alegría
 
El Padre Francisco ESTEBAN LACAL, Provincial, ejecutado a los 48 años, recibió un abrigo de su familia para mantenerse caliente. Sin pensar en sus propias necesidades o bienestar, inmediatamente se lo dio a otro compañero de prisión que sufría mucho a causa del gélido frío. Se oyó decir al P. Francisco a sus guardianes: “Sabemos que nos matáis por católicos y por religiosos. Lo somos. Tanto yo como mis compañeros os perdonamos de todo corazón”.
 
Publio Rodríguez Moslares junto con uno de los sacerdotes entretenía en la cárcel a los seminaristas con comedias en verso. Un testigo escribió de Publio: “Supo soportar con entereza y alegría las cárceles de Madrid y cuando provisionalmente le dieron libertad, fue sobre todo él quien hizo de enlace entre sus compañeros de calvario y sus Superiores, yendo de un sitio para otro”.
 
Aunque eran conscientes de la muerte que pendía sobre ellos, estos oblatos escogieron vivir el mandato evangélico de amar a sus enemigos, perdonarlos y orar por los que les perseguían, así como de alegrarse por sufrir por causa del nombre de Jesús. En la sociedad hoy, el placer, lo fácil y la comodidad son los fines últimos de la vida. Podemos ver un desafío y un mensaje profético en las vidas de estos oblatos. Ellos cuestionan nuestras vidas y nos llaman a ser verdaderos testigos de nuestra fe cristiana.
 
La donación de sí – Oblación
 
Estos hombres eran Misioneros Oblatos de María Inmaculada. La palabra “Oblato” significa una oblación, una entrega. Por medio de nuestro modo de vida, nosotros, los Oblatos, nos esforzamos por ofrecer nuestra vida a Dios por medio de María, Madre de Jesús. Hacemos un don de nosotros mismos para servir al pueblo de Dios, especialmente los pobres. La pasión y muerte de estos 22 Oblatos de María Inmaculada fue el don total de sus vidas por causa de Jesucristo, su Señor; fue el don de sus vidas para el bien del pueblo español; fue el don de sus vidas por el bien de la misión de la Iglesia y de los Oblatos de todo el mundo. Muchos de ellos estaban llenos de celo oblato, y se preparaban para ponerse al frente de las misiones que la Provincia de España tenía en Argentina y Uruguay. No llegaron a sus destinos misioneros, pero su ejecución violenta fue la oblación consumada, don total de sí ofrecido a Dios para el bien de la misión de Cristo.
 
Uno de los oblatos que no fue ejecutado nos dio su testimonio: “Lo único que transcendía era el espíritu de perdón, por una parte, y por otra, el deseo de ofrecer la vida por la Iglesia, la paz de España y por aquellos mismos de los que pensamos que nos iban a fusilar. El único móvil que nos guiaba era sobrenatural, ya que humanamente lo perdíamos todo”.
 
Cada uno de nosotros está invitado a ofrecer su vida a Dios en servicio del Evangelio, a vivir nuestra fe y a ser testigos. Por razón de nuestros Bautismo y Confirmación, somos enviados como seguidores de Jesús a ser la luz del amor de Dios para el mundo. Somos llamados a hacer un don de nuestras vidas, a ser “oblatos” en nuestras familias, en los estudios, en el trabajo, cuando practicamos deporte y en nuestras relaciones. Jesús nos lo mostró bien cuando lavó los pies de sus discípulos como gesto de servicio y humildad. Tal es el sentido de ser “oblato”.
 
Al experimentar la comunión de los santos en esta tierra bañada por la sangre de estos 22 jóvenes oblatos españoles, que el Espíritu Santo fortalezca nuestros corazones para que, como jóvenes católicos, testimoniemos también nuestra fe en Jesucristo con espíritu de oración, amor, perdón y alegría, haciendo de nuestras vidas una oblación a Dios.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Gestor de noticias y Agenda Diocesana del Obispado de Alcalá
Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies. Más información | ACEPTAR