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03/03/2018

hacialahuelgafeminista.org. Para muestra unos «botones»


Siempre con amor y respeto a las personas, y para conocimiento de los fieles de la Diócesis de Alcalá de Henares, ofrecemos a continuación sólo unos pocos enlaces reveladores:

«¿Para qué hacemos huelga?»

«Para ser dueñas de nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestras decisiones. Para que el Estado garantice, la sociedad respete y la Iglesia no se meta» (Página 9):
http://hacialahuelgafeminista.org/wp-content/uploads/2018/01/CONTENIDOS-8M.pdf

«Para que la educación sea pública, laica y con currículos feministas donde se transversalice la perspectiva de género en todas las disciplinas» (Página 9):
http://hacialahuelgafeminista.org/wp-content/uploads/2018/01/CONTENIDOS-8M.pdf

«¡Aborto libre, seguro y gratuito!» (página 10, párrafo 3):
http://hacialahuelgafeminista.org/wp-content/uploads/2018/01/CONTENIDOS-8M.pdf

«Para que las lesbianas, bisexuales y trans y otras personas disidentes sexuales y/o de género podamos  expresar  libremente  nuestra  identidad  y  sexualidad,  teniendo  un  pleno  reconocimiento  de  nuestros  derechos sexuales y reproductivos. Para que se asuman los diferentes modelos diferentes de familia y proyectos de vida que existen. Que se nos facilite el acceso a la reproducción asistida, se despatologice la transexualidad, ofreciendo garantías a quienes queramos hacer un proceso de tránsito y autonomía para construir nuestras identidades y sexualidades.» (página 10, párrafo 4):
http://hacialahuelgafeminista.org/wp-content/uploads/2018/01/CONTENIDOS-8M.pdf


Más sobre el aborto

«Grito global por la despenalización del aborto»:
http://hacialahuelgafeminista.org/manifestacion-28s/

http://hacialahuelgafeminista.org/manifestacion-28s-2/

http://hacialahuelgafeminista.org/tag/madrid/page/3/

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https://www.obispadoalcala.org/nivel3_files/Huida_a_Egipto_Murillo.jpg

La propuesta de la Iglesia Católica: «una teología de la mujer»

Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares

La Iglesia desea profundizar sobre la vocación de la mujer en la Iglesia y en sociedad

El Beato Juan XXIII, el «Papa bueno» que convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II, dedicó hermosas palabras a la mujer[1] reflexionando sobre la necesidad de profundizar sobre «aquella contribución que la sociedad y la Iglesia esperan de ella. De aquí la urgencia de buscar soluciones nuevas, con objeto de lograr un orden y un equilibrio más conveniente a la dignidad humana y cristiana de la mujer»[2]. Por su parte el Concilio, con ocasión de su clausura, dirigió un bello Mensaje a las mujeres en el que afirmaba: «Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud»[3]. Posteriormente el Papa Pablo VI en un discurso afirmaba: «En efecto, en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos (...); es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades»[4].  También el Beato Juan Pablo II mostraba esta inquietud en 1988: «la mujer está llamada a ejercitar sus propios «dones»: en primer lugar, el don de su misma dignidad personal, mediante la palabra y el testimonio de vida; y después los dones relacionados con su vocación femenina»[5].

Todo debe hacerse con  fidelidad a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio

Para no errar, la profundización en el ejercicio de los propios «dones» de la mujer debe hacerse con fidelidad a la Sagrada Escritura[6], a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia, y en particular desde, al menos, cuatro verdades ineludibles: 1) «Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios»[7]; 2) La unidad sustancial cuerpo-espíritu. No somos sólo cuerpo o sólo espíritu. Somos un espíritu encarnado; el cuerpo no es una prótesis de la persona, es sacramento de la persona, su visibilización[8]; 3) la diferencia sexual no es un accidente, es constitutiva de la persona. Somos persona-varón o persona-mujer por voluntad de Dios, y desde esa diferencia somos llamados al amor. Nuestro cuerpo tiene una dimensión nupcial, está creado para el don, para amar, y en el ámbito del matrimonio se hace lenguaje del amor en el abrazo conyugal abierto a la posibilidad del don de una nueva vida[9]. «La vocación al amor forma parte de la auténtica imagen de Dios que el Creador quiso imprimir en su criatura, llamándola a hacerse semejante a él precisamente en la medida en la que está abierta al amor. Por tanto, la diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo»[10], «el cuerpo del hombre y de la mujer tiene, por decirlo así, un carácter teológico; no es simplemente cuerpo, y lo que es biológico en el hombre no es solamente biológico, sino también expresión y realización de nuestra humanidad»[11]; 4) La profundización de la contribución de la mujer no pasa por su ‘clericalización’; así lo enseña la Iglesia de manos del Beato Juan Pablo II: «(…) con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia»[12]. Hay que hacer notar que «la tendencia a la ‘clericalización’ de los fieles laicos»[13] como forma de “promoción” intra-eclesial, es más frecuente de lo que se podría pensar[14] y afecta tanto a varones como a mujeres; es necesario distinguir bien, en la teoría y en la práctica, entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial[15]. Resumiendo, y utilizando palabras del Concilio Ecuménico Vaticano II: «las mujeres ya actúan en casi todos los campos de la vida, pero es conveniente que puedan asumir con plenitud su papel según su propia naturaleza»[16].

Algunas claves para dar respuestas verdaderas y buenas

El Magisterio de la Iglesia ha dado las claves para ir dando respuestas verdaderas y buenas a todas estas inquietudes, instando a las mujeres a «ser promotoras de un “nuevo feminismo” que, sin caer en la tentación de seguir modelos “machistas”, sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino. (...) La mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural»[17]; es lo que el Beato Juan Pablo II llamó con tanto acierto el «genio de la mujer»[18]. Dicho de otra manera: «La condición para asegurar la justa presencia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad es una más penetrante y cuidadosa consideración de los fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina, destinada a precisar la identidad personal propia de la mujer en su relación de diversidad y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles a asumir y las funciones a desempeñar, sino también, y más profundamente, por lo que se refiere a su estructura y a su significado personal»[19].

Como hemos visto, en la teología feminista radical «los testimonios de la revelación ya no son fundamento y norma para exponer la dignidad de la mujer; más bien una determinada comprensión de la emancipación se convierte en la clave hermenéutica única y últimamente válida para la interpretación tanto de la Escritura como de la Tradición»[20]; es una forma de hacer teología desde el punto de vista del feminismo, es decir, desde presupuestos ideológicos. La enseñanza de la Iglesia es radicalmente distinta, pues propone el estudio teológico de la cuestión a la luz del designio amoroso de Dios: es lo que el Papa Francisco ha llamado «una teología de la mujer»[21].

(Tomado de la presentación realizada por Mons. Juan Antonio Reig a la edición en español del libro «La teología feminista. Significado y valoración» de Manfred Hauke, Editorial BAC, 2013)


[1] Cf. Beato Juan XXIII, Carta Encíclica Pacem in terris, n. 15, 11-04-1963; Discurso a las delegaciones de la Juventud Femenina de Acción Católica de Milán, 1-6-1962; Discurso a las delegadas de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas, 3-5-1961; Audiencia general, 7-12-1960; etc.

[2] Beato Juan XXIII, Discurso a los participantes en un curso de estudio sobre el tema: «La mujer y la profesión», organizado por la Universidad católica del Sagrado Corazón, 6-9-1961.

[3] Concilio Ecuménico Vaticano II, Mensaje a las mujeres, 8-12-1965.

[4] Pablo VI, Discurso a las participantes en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino, 6-12-1976.

[5] Beato Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 51, 30-12-1988.

[6] «El paradigma bíblico de la «mujer» parece desvelar también cuál es el verdadero orden del amor que constituye la vocación de la mujer misma. Se trata aquí de la vocación en su significado fundamental, —podríamos decir universal— que se concreta y se expresa después en las múltiples «vocaciones» de la mujer, tanto en la Iglesia como en el mundo»: Beato Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, n. 30, 15-8-1988.

[7] CEC, n. 2335.

[8] Cf. CEC, n. 365; Beato Juan Pablo II, Audiencia general, 16-4-1986; etc.

[9] Cf. CEC, n. 2333; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y el mundo, n. 8, 31-7-2004.

[10] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en un Congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, 11-5-2006.

[11] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el Congreso eclesial de la diócesis de Roma sobre “Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe”, 6-6-2005.

[12] Beato Juan Pablo II, Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres, n. 4. 22-5-1994; Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuesta acerca de la doctrina de la Carta Apostólica “Ordinatio Sacerdotalis”, 28-10-1995; Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, nn. 26-27, 15-8-1988.

[13] Beato Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 23, 30-12-1988.

[14] Cf. Beato Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, 12-3-1989; Congregación para el Clero, El presbítero, maestro de la Palabra, ministro de los sacramentos y guía de la comunidad ante el tercer milenio cristiano, 19-03-1999; Benedicto XVI, Discurso a los obispos de Brasil de la región Nordeste 2 en visita “ad Limina Apostolorum”, 17-09-2009.

[15] Cf. Congregación para el Clero, Pontificio Consejo para los Laicos, Congregación para la Doctrina de la Fe, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Congregación para los Obispos, Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos; Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes, 15-8-1997.

[16] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 60.

[17] Beato Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n. 99, 25-03-1995.

[18] Beato Juan Pablo II, Carta a las mujeres, nn. 9-11, 29-6-1995.

[19] Beato Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 50, 30-12-1988.

[20] Comisión Teológica Internacional, La interpretación de los dogmas, n. 2-A-II-3, 1989.

[21] Papa Francisco, Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso a Roma, 28-7-2013.


Algunos documentos de la Iglesia Católica que hablan de la mujer

San Juan Pablo II, 8 de marzo de 1983:

«No se puede pensar en María, mujer, esposa, madre, sin advertir el influjo saludable que su figura femenina y materna debe tener en el corazón de la mujer, en la promoción de su dignidad, en su participación activa en la sociedad y en la Iglesia.

Si cada mujer puede mirarse en la Virgen como en el espejo de su dignidad y de su vocación, cada cristiano tendría que ser capaz de reconocer en el rostro de una niña, de una joven, de una madre, de una anciana, algo del misterio mismo de Aquella que es la Mujer nueva; como saludable motivo de pureza y respeto, como razón poderosa para asegurar a la mujer cristiana, a todas las mujeres, la promoción humana y el desarrollo espiritual que les permitan reflejarse en su modelo único: la Virgen de Nazaret y de Belén, de Caná y del Calvario. María en el gozo de su maternidad, en el dolor de la unión con Cristo crucificado, en la alegría de la resurrección de su Hijo, y ahora en la gloria, donde es primicia y esperanza de la nueva humanidad»

Papa Francisco

Amoris laetitia, nn. 54, 56, 155, 251, 285, etc.

Laudato Si’, nn. 115, 155, 162, 241-242, etc.

Benedicto XVI, Discurso a los participantes en un Congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, 11-5-2006

Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y el mundo, 31-5-2004

San Juan Pablo II

Carta a las mujeres, 29-6-1995;

 Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, 15-8-1988

Concilio Ecuménico Vaticano II, Mensaje a las mujeres, 8-12-1965

San Juan XXIII

Carta Encíclica Pacem in terris, 11-04-1963, n.15;

Discurso a las delegaciones de la Juventud Femenina de Acción Católica de Milán, 1-6-1962;

Discurso a los participantes en un curso de estudio sobre el tema: «La mujer y la profesión», organizado por la Universidad católica del Sagrado Corazón, 6-9-1961;

Discurso a las delegadas de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas, 3-5-1961;

Audiencia general, 7-12-1960

Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares, De «la teología feminista» a la «teología de la mujer» (presentación a la edición en español del libro «La teología feminista. Significado y valoración» de Manfred Hauke, Editorial BAC, 2013)


Anexo

Algunas aclaraciones de Mons. Juan Antonio Reig sobre «La Carta de la Tierra» y el «concepto de desarrollo sostenible», tomadas de su Carta Pastoral: “No hay ecología sin una adecuada antropología” (LS, n. 118)

«a) Sobre “La Carta de la Tierra”

El papa Francisco cita en el número 207 de la encíclica [Laudato Si’] unas líneas del último apartado de un documento llamado “La Carta de la Tierra” (CdT); dicho documento contiene elementos que un católico puede asumir sin problemas, como por ejemplo: «actuar con moderación y eficiencia al utilizar energía» (CdT, n. 7-b), o, y sin ir más lejos, la cita que el Santo Padre reproduce en su encíclica. Sin embargo, que el Papa cite unas frases aceptables, como expresión de diálogo, no quiere decir, en absoluto, que esté “canonizando” el documento.

El proyecto de La Carta de la Tierra comenzó como una iniciativa de las Naciones Unidas, pero se desarrolló y finalizó como una iniciativa “privada” con “apoyo” gubernamental. Tras un periodo de “consultas”, las recomendaciones y comentarios fueron enviados a un comité redactor creado por la Comisión de la Carta de la Tierra en diciembre de 1996. El profesor Steven C. Rockefeller fue nombrado por la Comisión para que dirigiera este comité. En tres ocasiones el comité redactor sostuvo reuniones estratégicas especiales de redacción con el propósito de revisar todos los comentarios para el proceso de consulta y preparó una serie de recomendaciones para la elaboración de un nuevo borrador. Estas tres reuniones fueron llevadas a cabo en el Centro de Conferencias Pocántico del Rockefeller Brothers Fund en las afueras de la Ciudad de Nueva York en 1997, 1999 y enero de 2000. En el año 2000, se concluyó el documento y la Comisión de la Carta de la Tierra la dio a conocer públicamente como una carta de los pueblos, durante una ceremonia el 29 de junio en el Palacio de Paz, en la Haya, Holanda. Creo que también es revelador conocer que una copia de la Carta de la Tierra escrita a mano en papiro está guardada en la llamada “Arca de la Esperanza” [sin comentarios] y que los cheques para financiar La Carta de la Tierra deben ser enviados, según la organización, a: “Rockefeller Philanthropy Advisors ATTN The Earth Charter Fund”. Toda esta información ha sido tomada de: www.earthcharterinaction.org.

Conocidos estos datos, debe quedar meridianamente claro que, además de todo lo que podríamos decir sobre su “inspiración”, “iconografía” y “propósitos”, La Carta de la Tierra contiene en la literalidad de su redacción elementos radicalmente incompatibles con la Fe Católica; a modo de ejemplo traigo aquí la definición panteísta (tipo New Age-Next Age) que dicho documento hace de la paz. La Carta de la Tierra afirma: «la paz es la integridad creada por relaciones correctas con uno mismo, otras personas, otras culturas, otras formas de vida, la Tierra y con el todo más grande, del cual somos parte» (CdT, n. 16-f). Además, La Carta de la Tierra asume y promueve explícitamente la ideología de género (CdT, nn. 11 y 12) y la llamada salud reproductiva (CdT, n. 7-e), que como todos sabemos, más allá de los eufemismos, incluye anticoncepción, esterilización y aborto.

b) Sobre el concepto de “desarrollo sostenible”

El concepto de “desarrollo sostenible” se plasmó oficialmente en un documento, allá en los años ochenta del siglo XX, en el seno de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo; se le definió como aquel crecimiento económico que satisface las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer a sus necesidades propias. Esta es la razón por la que la encíclica del papa Francisco hace suyo dicho concepto tal y como viene haciendo el Magisterio de la Iglesia desde hace años, pues, en su literalidad bien entendida, la definición no plantea ningún problema. Sin embargo, pronto se comprobó que muchas instituciones escondían detrás de las nobles palabras “desarrollo sostenible” aspectos radicalmente inmorales como la anticoncepción, la esterilización o el aborto. Saber esto es importante, pues, hoy por hoy, - en prácticamente todos los casos - los organismos internacionales, gubernamentales y muchas ONG atribuyen un contenido al concepto «desarrollo sostenible» que no coincide con el de la Iglesia Católica. Esta es la razón por la que la Santa Sede por boca de su Delegado en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de El Cairo de 1994 en la que se trató el tema del “desarrollo sostenible”, aclaró: “Nada de lo que la Santa Sede ha hecho para llegar a este consenso ha de entenderse o interpretarse como una aprobación de conceptos que no puede apoyar por razones morales. En especial, no ha de entenderse que la Santa Sede acepta el aborto o que ha cambiado, de algún modo, su posición moral sobre el aborto, los anticonceptivos y la esterilización, o sobre el uso de preservativos en los programas de prevención contra el VIH o el SIDA”. Últimamente, la Santa Sede, en los organismos internacionales, prefiere utilizar la expresión “desarrollo humano sostenible” para resaltar de un modo más incisivo su propuesta específica sobre la materia (cf. Intervención del Jefe Delegación de la Santa Sede en la 39 Sesión de la Conferencia de la FAO, Roma, 10 de junio de 2015). El papa Francisco matiza todavía más la expresión en la encíclica [Laudato Si’] hablando de “desarrollo humano, sostenible e integral” (LS, n. 18). Para evitar confusiones invito a todos a usar esta misma expresión del Papa: “desarrollo humano, sostenible e integral”

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«Si, pues, en alguna ocasión el enemigo intentara arrebataros el legado tan valioso de vuestras tradiciones católicas, que en el seno de vuestros hogares sea entonces más intensa la devoción a María, que vuestros corazones vibren de amor a la que es cantada por la Liturgia como debeladora de herejías: “Cunctas haereses sola interemisti in universo mundo” [tú sola has destruido todas las herejías del mundo entero]» (San Juan XXIII, Radiomensaje para la clausura del primer Congreso Mariano Interamericano celebrado en Buenos Aires, 13-11-1960)


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Algunos otros documentos de interés:

Presentación a la edición en español del libro de Gabriele Kuby «La revolución sexual global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad», Editorial Didaskalos, 2017

Conclusiones, vídeos y textos del Congreso celebrado en Alcalá de Henares a los 50 años de la «Humanae vitae» y los 25 de «Veritatis splendor», 26-28 de enero de 2018

«Edificar la Iglesia doméstica. Prácticas familiares para habitar en la Iglesia», 28-6-2017

«Los retos de la familia en el contexto actual», 8-5-2017

Congreso «La familia cristiana y la escuela católica: Minorías creativas para la renovación de la sociedad» Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, 10-12 de marzo de 2017. Vídeos de las ponencias y documentos

Nota de los Obispos de Getafe y Alcalá de Henares sobre la «Ley de protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual en la Comunidad de Madrid», 7-8-2016

Reflexiones Pastorales sobre la «Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma de Madrid», 21-3-2016

Carta Pastoral: “Misericordia con todos, también con los embriones”, 23-2-2016

Carta Pastoral: “Cruzar otra línea roja ¿una muerte digna?”, 2-11-2015

Carta Pastoral: “No hay ecología sin una adecuada antropología” (LS, n. 118), presentando la encíclica del papa Francisco “Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común”, 26-6-2015

Carta Pastoral: «En defensa de la vida: sobre los abusos sexuales a menores y adultos vulnerables», 7-3-2015

Sobre el aborto (2): «Por un plato de lentejas. La peor de las corrupciones», 26-12-2014

Sobre el aborto: «Llamar a las cosas por su nombre. Un verdadero reto para los católicos», 24-9-2014





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