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23/02/2018

Mons. Reig en la presentación del libro de Gabriele Kuby: Con la ideología de género y sus derivados nos encontramos ante una imponente «estructura de pecado»

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Vídeo resumen



Ya en marzo de 2017 Mons. Reig afirmó: «constatamos que la estructura jurídica del Estado en materia de matrimonio, familia y vida se ha constituido en una «estructura de pecado» (Cf. San Juan Pablo II, Encíclicas Sollicitudo rei socialis, 36-40 y Evangelium vitae, 24). Nos dirigimos hacia una dictadura “confesional” constructivista por un lado y nihilista por otro, actualmente en la “fase” de “ideología de género que podría evolucionar hacia el siguiente nivel: el transhumanismo.»

El pasado jueves, 22 de febrero, a las 19:30 h. tuvo lugar, en la “Fundación Rafael del Pino” de Madrid, la presentación del libro de Gabriele Kuby «La revolución sexual global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad».

En el acto intervinieron el Rvdo. D. Carlos Granados, director de la editorial Didaskalos, el Rvdo. D. Pablo Cervera, traductor y preparador de la obra, Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares y autor del prólogo de la edición española del libro y la autora doña Gabriele Kuby. El volumen en español cuenta también con los prólogos a la edición italiana del Cardenal Carlo Caffarra y a la edición alemana del Prof. Dr. Robert Spaemann. Ofrecemos a continuación la noticia del evento y el texto completo de la intervención de Mons. Reig. En los próximos días estará disponible el correspondiente vídeo del acto.

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Gabriele Kuby, ex marxista conversa, denuncia el totalitarismo de la ideología de género: “Tenemos que seguir resistiendo”

Ha sido víctima de vejaciones y burlas por opinar diferente a esta corriente que “está destruyendo la libertad en nombre de la libertad”

Gabriele Kuby participó en la revuelta estudiantil de 1968 en Alemania, formando parte del movimiento izquierdista. Atea, se convirtió en 1996 de la mano de la Virgen como ella misma explica. Ha estado em Madrid para presentar su libro “La revolución sexual global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad” en el que argumenta con datos y una profunda investigación, la mentira de la ideología de género.

Participó en el movimiento del 68 “como hija obediente de su padre izquierdista que en ese momento era un famoso periodista y escritor en Alemania”, afirma Kuby en su libro (Editorial Didaskalos).

En 1973 tuvo una profunda experiencia de Dios que buscó por caminos “equivocados” del esoterismo y la New Age, hasta que finalmente en 1996, en el punto más bajo de su vida, una semana después de su separación matrimonial (su marido la abandonó dejándola con tres hijos pequeños) y rezando una novena frente a una estatua de Buda, se convirtió a la fe católica de manos de la Virgen, como ella testimonia.

“No pueden soportar que hablemos de Cristo”

Durante la presentación ayer del libro, acto al que acudió Religión Confidencial, Gabriele Kuby comenzó su conferencia relatando algo que le pasa con bastante frecuencia: “Estaba en la Universidad de Viena delante de 300 personas, y al lado una profesora de estudios de género. Notaba que en el ambiente había gran oposición. Cuando empecé a hablar, hubo muchas críticas. Nuestros oponentes no pueden soportar una opinión diferente a la ideología que han construido. No pueden soportar que hablemos de algo tan bonito como son los fundamentos cristianos”.

Insistió en que leyes de ideología de género, en aras de la igualdad, están destruyendo la libertad para expresarse y para pensar. “Es un nuevo totalitarismo, estamos dando la vuelta al sistema legal entero. Si una persona te acusa de ser homófobo, no prima la presunción de inocencia, sino que eres culpable y debes mostrar tu inocencia”, denunció la socióloga.

Las mentiras del cambio de sexo

Gabriele Kuby afirmó que en muchos países no se pueden dar datos objetivos porque puedes ser acusada de homófoba. “En mi libro expongo el sufrimiento de muchos transexuales, por ejemplo, el 40% ha intentado suicidarse, la tasa de infección del VIH es cinco veces superior a la media, el 19% vive en la pobreza extrema", asegura.

La escritora alertó de que la revolución sexual está avanzando a una velocidad pasmosa. “Estamos viendo que la cultura transgénero está llegando a los niños. Y los médicos, con tan solo ver al niño 20 minutos, le diagnostica disforia de género y le hormona, sabiendo que el tratamiento le va a dejar estéril para toda su vida y con riesgo a enfermedades. En Canadá, si los padres se niegan al cambio de sexo de su hijo, le retiran la custodia, argumentando que si se impide al niño cambiarse de sexo, podría suicidarse. Esta situación ya puede ocurrir ya en España”.

“¿Por qué hemos callado tanto tiempo?”

Gabriele Kuby se preguntó: “¿Cómo hemos permitido que toda esta ideología de género loca se haya apoderado de nuestra sociedad? ¿Por qué nos hemos callado tanto tiempo?  Las generaciones que vienen nos dirán como hemos permitido esta ideología”.

La escritora finalizó su conferencia con esperanza. “Hay movimientos de resistencia en muchos países contra esta imposición, entre ellos España. Tenemos que seguir resistiendo porque creemos en la democracia y esta democracia se está tambaleando.  Se está produciendo un despertar frente a la ideología de género. Tenemos que estar en esta batalla para decir la verdad, la verdad de Cristo”.

Agradeció a la editorial Didaskalos por haber publicado el libro, puesto que en España ninguna editorial quería traducir su obra, que llega a nuestro país diez años después de su primera edición.

También agradeció el apoyo del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, que “me ha acogido bajo su paraguas, en un momento en que las presiones contra la Iglesia y dentro de la propia Iglesia, persiguen a los obispos por el hecho de enseñar la verdad de Cristo”. Y por último, agradeció la paciencia de traductor, el sacerdote Pablo Cervera, cuya revisión del libro ha pasado por muchos filtros.

Por su parte, el obispo Reig Pla, quien ha prologado la edición española, recordó a los asistentes que el último propósito de la ideología de género es acabar con la civilización cristiana y doblegar a la Iglesia católica a sus imposiciones, tal como ha ocurrido con otras confesiones.  


TEXTO DE LA INTERVENCIÓN DE MONS. JUAN ANTONIO REIG PLA
OBISPO DE ALCALÁ DE HENARES

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO
«LA REVOLUCIÓN SEXUAL GLOBAL.
LA DESTRUCCIÓN DE LA LIBERTAD EN NOMBRE DE LA LIBERTAD»
DE GABRIELE KUBY

 Madrid, 22 de Febrero de 2018

            Lo que acontece hoy aquí, a lo que estamos convocados en esta noche es mucho más que la mera presentación de un libro. España en estos momentos es, como expresa el salmista, «una tierra reseca, agostada, sin agua» (Salmo 62). Los españoles, desde hace mucho tiempo, estamos cansados de oír palabras vacías y de soportar leyes cargadas de ideología. A la vez, estamos sedientos y a la espera de palabras que anuncien la verdad, que hablen al corazón, que despierten y aviven la esperanza.

            El testimonio de Gabriele Kuby y su llamada a la verdadera libertad son el aliento de un espíritu converso, como la lluvia que viene a fecundar nuestra tierra recordándonos quienes somos y mostrándonos, de nuevo, el sentido pleno de la sexualidad humana, la belleza del matrimonio y de la familia como expresiones de la vocación al amor y el don de sí. El libro que hoy presentamos, en el que se analizan los pasos de la revolución sexual global, no se puede separar de su persona. Lo que se cuenta en las páginas de este libro está atravesado por la propia experiencia de la autora. Ella, en efecto, a lo largo de su azarosa vida ha llegado a ser, a la vez, testigo y víctima de una verdadera revolución que está promoviendo el colapso de la cultura cristiana.

            En España la llamada «revolución sexual» no ha sido objeto de un gran debate social, ni ha sido, hasta muy recientes fechas, objeto de un estudio y análisis abierto. Más bien ha sido una revolución silenciosa que ha ido poco a poco cambiando las costumbres y las mentes de los españoles. Su introducción, como ocurre con tantas ideologías, ha sido propiciada por  ciertas corrientes filosóficas, de cuyas directrices se han hecho eco las universidades, y por el trabajo de las ONG de carácter internacional que han ido difundiendo estas mismas directrices de la ONU y del Parlamento Europeo en los distintos partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales y medios de comunicación social.

            El caldo de cultivo para el éxito de esta revolución en España fue en un primer momento el cambio de régimen con el comienzo de la democracia y el «agiornamento» eclesial que siguió a la celebración del Concilio Vaticano II. El llamado «post-concilio» y el nuevo régimen de libertades crearon un clima favorable para aceptar toda novedad por el simple hecho de ser «nueva», sin discernir su bondad o maldad, ni prever sus consecuencias devastadoras. Siempre en nombre de la “libertad” se fueron introduciendo nuevas leyes que negarían el carácter sagrado de la vida e irían poco a poco deconstruyendo la antropología cristiana y los pilares del matrimonio y la familia: la Ley 30/1981, de 7 de julio, por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se introduce el divorcio; Ley Orgánica 9/1985, de 5 de julio (llamada de despenalización del aborto); Ley 35/1988, de 22 de noviembre, sobre Técnicas de Reproducción Asistida que permite la manipulación de los embriones humanos; Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y que introduce el así llamado “matrimonio civil” entre personas del mismo sexo; Ley 15/2005, de 8 de julio, llamada del “divorcio exprés” y del repudio; la introducción de la asignatura «Educación para la ciudadanía» que hacía presente la ideología de género en la escuela (2006); la nueva Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida; Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (llamada “Ley Aido”); Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que modifica la ya existente Ley 14/2007, de 3 julio, de Investigación biomédica que permite la utilización de embriones humanos para la investigación; hasta llegar a las leyes autonómicas como la «Ley 2/2016, de 29 de marzo, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad de Madrid»; Ley 8/2017, de 7 de abril, integral del reconocimiento del derecho a la identidad y a la expresión de género en la Comunitat Valenciana (ley sobre transexualidad). En estos momentos en el Congreso de los Diputados de España está presentada una «Proposición  de  Ley  contra  la  discriminación  por  orientación  sexual,  identidad  o  expresión  de  género  y  características sexuales», por parte del Grupo Parlamentario Confederal de Unidos Podemos (2017).

            Es verdad que en todo este proceso, que ha cambiado el sistema jurídico español, no ha faltado la voz del episcopado español que advertía sobre los distintos pasos de la «revolución sexual», que en realidad es una «revolución antropológica», y denunciaba la introducción de las nuevas leyes previniendo sus consecuencias funestas. En este sentido el primer documento de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que introduce una reflexión explícita sobre la «revolución sexual» es la Instrucción «La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad» (2001). Esta instrucción pastoral fue en su momento muy bien recibida por el cuerpo eclesial que se veía enriquecido con toda la reflexión sobre la teología del cuerpo y la antropología adecuada promovida por el Papa San Juan Pablo II. En este mismo documento los obispos españoles llamábamos también la atención sobre el fuerte impacto de la secularización que estaba promoviendo en la sociedad española el eclipse de Dios y, como consecuencia, el eclipse del hombre. Los bienes morales de la persona, custodiados por los diez mandamientos y la enseñanza de la Iglesia, al no ser respaldados por la autoridad divina, dejaban de ser imperativos de la vida para ser considerados como “opiniones” sometidas como toda opinión al control  de las técnicas de manipulación de masas.

            El segundo documento de la CEE fue, después de largos debates, el Directorio de la Pastoral familiar en España (2003) que cumplía las indicaciones de la Exhortación postsinodal Familiaris consortio (1981). Este Directorio fue presentado en plena campaña electoral y sufrió las críticas de la izquierda política, centrándose fundamentalmente en el epígrafe «los frutos amargos de la revolución sexual» (Directorio, 11-12). Verdaderamente, tanto en este documento como en el anteriormente citado, los obispos denunciábamos las consecuencias de la revolución sexual que paulatinamente fue desvinculando la sexualidad humana primero de la procreación, después del matrimonio y, finalmente, del amor. De esta manera, menospreciando los significados del cuerpo humano, la facultad sexual quedaba reducida a simple juego consentido o a mera satisfacción y placer.

            Además de las distintas notas publicadas por la Comisión permanente y el Ejecutivo de la CEE, en el año 2012 la Asamblea Plenaria del episcopado español aprobó el documento titulado La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar, respondiendo a la imposición de la asignatura Educación para la ciudadanía por medio de la cual, el gobierno socialista introducía la ideología de género en el curriculum escolar de la enseñanza en España. Con ello, los obispos españoles ofrecíamos por primera vez una reflexión pormenorizada sobre la ideología de género y sus derivaciones en la teoría «queer» y «cyborg», etc. Más allá de la primera entrada de la revolución sexual descrita en los documentos anteriores, en esta ocasión la Conferencia Episcopal Española, analizando las consecuencias del relativismo cultural y de las filosofías constructivistas, desenmascaraba el proceso de deconstrucción de la antropología cristiana. La ideología de género, fuertemente promovida por varios lobbies de presión, tiene como primer postulado negar la diferencia sexual (varón-mujer) afirmando que la sexualidad humana es un producto de la cultura. Deconstruida la persona humana en su diferencia, lo que queda es reconducir la identidad y la orientación sexual a una opción de la libertad individual al margen de criterios objetivos y desconociendo el carácter sacramental del cuerpo. Todo lo demás queda justificado por los principios de no discriminación y tolerancia.

            La verdad es que el carácter obligatorio de la asignatura Educación para la ciudadanía motivó una gran movilización de los padres y colegios que presentaban su objeción de conciencia ante tal imposición. Más allá de las grandes movilizaciones sociales a favor de la vida, la Educación para la ciudadanía y la equiparación de las uniones de personas del mismo sexo al matrimonio supusieron un salto cualitativo en la movilización social y en el conocimiento de los verdaderos propósitos de la «revolución sexual». Con la ideología de género y sus derivados nos encontramos ante una imponente «estructura de pecado» que introduce un nuevo paradigma, un nuevo sistema cultural de carácter totalitario. También hay que reconocer que la respuesta de los padres objetores y la respuesta social ante el «tsunami» de leyes que se aprobaban en contra de la vida humana, del matrimonio natural y de la familia, por distintas razones, se fue diluyendo poco a poco y la «revolución sexual« ha ido avanzando con la normalización de la ideología de género y las leyes autonómicas sobre la no discriminación por la orientación sexual y la transexualidad como hemos referido anteriormente.

            Siendo consciente de los avances de la «revolución sexual», también podemos afirmar que en el campo eclesial y en una buena parte de la población se ha tomado una mayor conciencia de quienes son los aliados de esta revolución, cuales los métodos seguidos para hacerla avanzar y cual es el último propósito que se persigue. A pesar de las diferencias iniciales hoy queda patente que todos los partidos políticos mayoritarios presentes en el Parlamento nacional y la casi totalidad de los medios de comunicación social participan de los mismos presupuestos referentes a la antropología, la vida humana, el matrimonio y la familia. Es más, cada vez se ha tomado mayor conciencia de que no se trata de una cuestión española sino que también son aliados de la «revolución sexual» el Parlamento Europeo, la ONU y las grandes multinacionales con sus fundaciones respectivas que promueven la agenesia, con el título de salud reproductiva, la deconstrucción de la antropología cristiana, la cultura que deriva del cristianismo y la disolución del matrimonio y de la familia.

            Los métodos utilizados han sido desde la manipulación del lenguaje, pasando por la introducción de los nuevos Estándares para la educación sexual, hasta la formulación de nuevos derechos que se han visto reflejados en las nuevas leyes aprobadas con un corto límite de tiempo. Creo que con todo esto queda claro que el último propósito es acabar con la civilización cristiana y, en definitiva, doblegar a la Iglesia católica como ha sucedido con otras confesiones cristianas.

            Para esclarecer todo este proceso va a servir de una gran ayuda el libro de la socióloga alemana Gabriele Kuby, quien habiendo participado en la revuelta estudiantil de 1968, formando parte del feminismo radical, habiendo sufrido el abandono de su marido dejándola con tres hijos, pudo alcanzar la gracia de la conversión a la fe católica de manos de la Virgen María como ella refiere con su testimonio personal ofrecido en distintas ocasiones.

            El libro de Gabriele Kuby lleva por título «La revolución sexual global», al que acompaña el subtítulo «La destrucción de la libertad en nombre de la libertad». Este libro que, después de diez años, se presenta para el público de lengua española, ha sido completado por la autora con la indicación de los diversos acontecimientos de estos últimos años y con las referencias específicas para España. Se trata, sin duda, de un libro que se caracteriza por la clarividencia y conocimiento minucioso de los datos y procesos seguidos por la «revolución sexual».

            La clarividencia se muestra ya en el título que añade la palabra «global» a la revolución sexual. La autora es consciente de que no se trata de un movimiento espontáneo provocado por unas circunstancias históricas que se localizan en Alemania o en Francia con la revuelta estudiantil de mayo de 1968. Es algo que viene de mucho antes y que se ha ido concretando en una agenda global a la que sirven tanto las estructuras internacionales (ONU y sus agencias) como las organizaciones europeas y los parlamentos nacionales y regionales. Como la misma autora ha indicado en varias ocasiones, no pretende especular sobre el último responsable que algunos nombran como mundialismo, Nuevo Orden Mundial, Gran Dinero, etc. En definitiva se trata de los poderes que gobiernan el mundo contra el designio de Dios creador y redentor sobre la persona, el matrimonio y la familia. La gracia de la conversión le concede la luz necesaria a Gabriele Kuby para comprender que se trata de destruir la civilización cristiana asentada sobre la antropología que confiesa que el hombre, diversificado sexualmente como varón y como mujer, ha sido creado a imagen de Dios y que en su sexualidad lleva la huella de su vocación originaria al amor y a la lógica del don.

            Se comprende así el asalto a la tradición judeo-cristiana y la voluntad de acabar con el valladar que supone la Iglesia Católica, para diluirla entre las distintas confesiones cristianas que no han soportado la presión de esta planificada revolución sexual. Como nos han recordado los últimos Pontífices sucesores de Pedro, la llamada «cuestión social» ya no está referida a la cuestión obrera o a la división pobres-ricos, la paz o el trabajo, etc. Siendo todas estas cuestiones muy importantes, lo decisivo de la cuestión social descansa hoy sobre la imagen del hombre, sobre la antropología adecuada. Tanto San Juan Pablo II, como Benedicto XVI y el Papa Francisco han denunciado sucesivamente una conjura contra la vida humana programada de manera científica y sistemática (Evangelium vitae 12 y 17), la dictadura del relativismo con la disolución de la antropología cristiana (Caritas in veritate, 75) y la colonización del pensamiento cristiano por parte de la ideología «gender» (Amoris laetitia, 56; Filipinas, 2016; Polonia, 2016; Laudato Si’, 118). En definitiva se trata de la deconstrucción de la persona humana y de la cultura que deriva del cristianismo.

            Esta deconstrucción de la persona humana, como bien explica Gabriele Kuby, viene desde arriba y no sigue simplemente las estrategias que en un principio derivaban del marxismo o del liberalismo. Ambos han sido fagocitados y puestos al servicio del capitalismo tecno-nihilista que culmina su objetivo superando los límites de la naturaleza de la persona - haciendo de ella mercancía - y ofrece la tecno-redención con sus propuestas posthumanistas y transhumanistas. Lo que está en juego, por tanto, es el futuro del hombre y la familia que lo sostiene. Como nos recordaba Benedicto XVI «allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre» (Benedicto XVI, Discurso a la Curia romana, 2012).

            Siguiendo esta misma lógica, Gabriele Kuby nos advierte además que, cuando en el enfoque de la sexualidad se prescinde de toda norma moral y se sigue el proceso de deconstrucción de la persona que propone la ideología de género y sus derivaciones, estamos abocados a la anarquía, al caos, a la imposición del pensamiento único que puede dar lugar a un nuevo régimen totalitario liderado por el Estado y la gobernanza global.

            El instrumento utilizado para llegar a este término ha sido la desregularización de las normas morales y la hipersexualización de la sociedad a través de los medios de comunicación y de la pseudoeducación sexual escolar auspiciada por los distintos lobbies procedentes del feminismo radical y de cuantos pretenden afirmar cualquier orientación sexual decidida desde la infancia por una libertad que prescinde por completo de la verdad. La sexualidad ha dejado de ser contemplada como una dimensión esencial de la persona, se niega la diferencia sexual y se reduce a un simple impulso gobernado por una libertad al margen de los significados del cuerpo y de toda identidad humana. En definitiva todo es reconducido a una libertad enloquecida sin el orden de la naturaleza de la persona y sin los bienes y valores que le son inalienables. Se llega así a la destrucción de la libertad en nombre de la libertad, o lo que es lo mismo, a la deconstrucción de la persona en nombre de una ideología más destructiva que las ideologías del siglo pasado.

            Ha sido la luz de la fe católica la que ha proporcionado a Gabriele Kuby esta clarividencia manifiesta en su libro. A esta clarividencia se añade el conocimiento de los datos y procesos de la «revolución sexual» que ella conoce por haber sido militante del feminismo radical y que después ha profundizado y ampliado hasta ofrecernos en su obra los detalles más precisos sobre los orígenes, desarrollo y la agenda global de esta revolución. De todo ello nos propone un riguroso análisis y, a la vez, un testimonio confesante de las consecuencias devastadoras de esta revolución sexual.

            No hay más que observar lo ocurrido en España en las últimas décadas para verificar lo propuesto por la autora: hipersexualización ya desde la infancia, adicción a la pornografía también entre adolescentes y niños; profusión de la anticoncepción, del aborto, de las ideologías de género, «queer», ciborg, propaganda y normativas jurídicas para aceptar cualquier orientación sexual; destrucción de los matrimonios y desestructuración de las familias, equiparación de la unión de las personas del mismo sexo al matrimonio natural; baja de la tasa de nupcialidad; destrucción de embriones y algunos condenados al nuevo gulag de los laboratorios; aumento de la violencia intrafamiliar y de las tasas de adicción al alcohol y a las drogas; mayores problemas psíquicos, también en los niños, fracaso escolar, etc.

            Como bien dice la autora se trata de una locura que transformó la sociedad en una masa de individuos consumidores sexualizados que se pueden manipular para hacer cualquier cosa. Como no puede ser de otra manera, siendo coherente con el evangelio, su análisis y estudio no va nunca contra las personas, ni menos contra las mujeres de las que, como nos recuerda el papa Francisco, queremos ser claros defensores de su dignidad y de su auténtica naturaleza femenina. Su denuncia como mujer, que ha sido esposa y madre, va dirigida contra todo un sistema ideológico global que arranca al ser humano de sus verdaderas raíces con una clara intención de destruir la base que sustenta la sociedad, la familia.

            Gabriele Kuby ha pagado su claro testimonio en su propia carne, soportando todo tipo de denuncias, vejaciones, burlas, manipulación y tergiversación de sus palabras, siempre calificada con los términos de homofobia, transfobia, etc., términos creados por el propio sistema ideológico de la revolución sexual. Conozco bien esta misma experiencia. Sin embargo, su respuesta, inspirada por la fe católica, además de amar a todas las personas, es la de afirmar las razones de la esperanza. Ella confía en la respuesta de los padres y en las iniciativas de tantas personas de buena voluntad que ante la voz de alarma despiertan del sueño ideológico y aprenden a discernir los signos de los tiempos. Los creyentes sabemos que, como nos advertía San Pablo, «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal» (Ef. 6, 12). Por eso continuamente afirmamos que toda nuestra esperanza está puesta en Cristo, vencedor del pecado y de la muerte, quien nos ha dicho: «En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir, pero, tened ánimo, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).

            Antes de concluir estas reflexiones, además de agradecer a la autora su interés por completar su obra para la edición española, quiero también manifestar mi gratitud a los traductores, editores y a cuantos han contribuido para hacer posible esta publicación. Sé que a todos les impulsa una única motivación: la humilde propagación de la verdad que hemos recibido por la fe y la clara defensa de la dignidad de la vida humana, el carácter sagrado del matrimonio y del bien social de la familia. Por mi parte me considero honrado al permitirme escribir estas líneas, convencido también de que no hay verdadero progreso para el hombre sin el anuncio de la verdad de la sexualidad humana que hemos conocido con la luz de la razón, la fe en Cristo y la enseñanza de la Iglesia. Verdaderamente, como dice el Concilio Vaticano II, es el Verbo encarnado quien revela al hombre el misterio del hombre y le descubre la sublimidad de su vocación al amor y al don de sí mismo a los demás (Cf. Gaudium et spes, 22-23).

            Vielen Dank, Frau Kuby. Gott segne Sie. Gott möge uns helfen, damit wir lange den guten Kampf des Glaubens kämpfen können.

            Muchas gracias, Señora Kuby. Dios la bendiga. Que Dios nos ayude para que podamos combatir el buen combate de la fe por muchos años.

+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares


Intervención de Mons. Reig en pdf (PINCHAR AQUÍ)


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Índice y prólogo a la edición española por Mons. Juan Antonio Reig Pla (PINCHAR AQUÍ)


Editorial (PINCHAR AQUÍ)



Algunos textos de los papas

Papa Francisco

«Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer». (...) No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.» (Papa Francisco, Amoris laetitia, 56).

«En la lógica del dominio, el dominador también termina negando su propia dignidad, y en definitiva deja «de identificarse subjetivamente con el propio cuerpo», ya que le quita todo significado.» (Papa Francisco, Amoris laetitia, 155).

«En el curso del debate sobre la dignidad y la misión de la familia, los Padres sinodales han hecho notar que los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia [...] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo»(Papa Francisco, Amoris laetitia, 251).

«Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación [...] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo. La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma».» (Papa Francisco, Amoris laetitia, 285).

«Existen colonizaciones ideológicas que buscan destruir la familia. Vienen de afuera, por eso digo que son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión que Dios nos da, la misión de la familia. (…) como familia tenemos que ser muy, muy sagaces, muy hábiles, muy fuertes para decir ‘no’ a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia» (Papa Francisco,
Discurso en el Encuentro con las familias en el Mall of Asia Arena, Manila, 16-1-2015).

“Si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad: «No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado» (Papa Francisco, Laudato Si', n. 115).

“La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo». En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»” (Papa Francisco, Laudato Si', n. 155).

Papa Benedicto XVI

Según la filosofía de género (gender), «el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido (...). El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear. Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo». (Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones navideñas, 21 de diciembre de 2012).

«La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar seriamente un punto que – me parece – se ha olvidado tanto hoy como ayer: hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.» (Benedicto XVI, Discurso en la Visita al Parlamento Federal en el Reichstag de Berlín, 22-9-2011)

«Cuando la Iglesia habla de la naturaleza del ser humano como hombre y mujer, y pide que se respete este orden de la creación, no es una metafísica superada. Aquí, de hecho, se trata de la fe en el Creador y de escuchar el lenguaje de la creación, cuyo desprecio sería una autodestrucción del hombre y, por tanto, una destrucción de la obra misma de Dios.

Lo que con frecuencia se expresa y entiende con el término “gender”, se reduce en definitiva a la auto-emancipación del hombre de la creación y del Creador. El hombre quiere hacerse por sí solo y disponer siempre y exclusivamente por sí solo de lo que le atañe. Pero de este modo vive contra la verdad, vive contra el Espíritu creador. Ciertamente, los bosques tropicales merecen nuestra protección, pero también la merece el hombre como criatura, en la que está inscrito un mensaje que no significa contradicción de nuestra libertad, sino su condición.» (Benedicto XVI, Discurso a la Curia romana con ocasión del intercambio de felicitaciones por la Navidad, 22 de diciembre de 2008).

«La diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo:  expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser —como dice la sagrada Escritura— una sola carne, pueden realizar una auténtica comunión de personas abierta a la transmisión de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreación de nuevos seres humanos» (Benedicto XVI, Discurso a los participantes en un Congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, 11 de mayo de 2006).

Papa San Juan Pablo II

«38. Además de la destrucción irracional del ambiente natural hay que recordar aquí la más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención. Mientras nos preocupamos justamente, aunque mucho menos de lo necesario, de preservar los «habitat» naturales de las diversas especies animales amenazadas de extinción, porque nos damos cuenta de que cada una de ellas aporta su propia contribución al equilibrio general de la tierra, nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica «ecología humana». No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado. Hay que mencionar en este contexto los graves problemas de la moderna urbanización, la necesidad de un urbanismo preocupado por la vida de las personas, así como la debida atención a una «ecología social» del trabajo.

El hombre recibe de Dios su dignidad esencial y con ella la capacidad de trascender todo ordenamiento de la sociedad hacia la verdad y el bien. Sin embargo, está condicionado por la estructura social en que vive, por la educación recibida y por el ambiente. Estos elementos pueden facilitar u obstaculizar su vivir según la verdad. Las decisiones, gracias a las cuales se constituye un ambiente humano, pueden crear estructuras concretas de pecado, impidiendo la plena realización de quienes son oprimidos de diversas maneras por las mismas. Demoler tales estructuras y sustituirlas con formas más auténticas de convivencia es un cometido que exige valentía y paciencia 77.

39. La primera estructura fundamental a favor de la «ecología humana» es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible. En cambio, sucede con frecuencia que el hombre se siente desanimado a realizar las condiciones auténticas de la reproducción humana y se ve inducido a considerar la propia vida y a sí mismo como un conjunto de sensaciones que hay que experimentar más bien que como una obra a realizar. De aquí nace una falta de libertad que le hace renunciar al compromiso de vincularse de manera estable con otra persona y engendrar hijos, o bien le mueve a considerar a éstos como una de tantas «cosas» que es posible tener o no tener, según los propios gustos, y que se presentan como otras opciones.

Hay que volver a considerar la familia como el santuario de la vida. En efecto, es sagrada: es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida.

El ingenio del hombre parece orientarse, en este campo, a limitar, suprimir o anular las fuentes de la vida, recurriendo incluso al aborto, tan extendido por desgracia en el mundo, más que a defender y abrir las posibilidades a la vida misma. En la encíclica Sollicitudo rei socialis han sido denunciadas las campañas sistemáticas contra la natalidad, que, sobre la base de una concepción deformada del problema demográfico y en un clima de «absoluta falta de respeto por la libertad de decisión de las personas interesadas», las someten frecuentemente a «intolerables presiones... para plegarlas a esta forma nueva de opresión»78. Se trata de políticas que con técnicas nuevas extienden su radio de acción hasta llegar, como en una «guerra química», a envenenar la vida de millones de seres humanos indefensos.

Estas críticas van dirigidas no tanto contra un sistema económico, cuanto contra un sistema ético-cultural. En efecto, la economía es sólo un aspecto y una dimensión de la compleja actividad humana. Si es absolutizada, si la producción y el consumo de las mercancías ocupan el centro de la vida social y se convierten en el único valor de la sociedad, no subordinado a ningún otro, la causa hay que buscarla no sólo y no tanto en el sistema económico mismo, cuanto en el hecho de que todo el sistema sociocultural, al ignorar la dimensión ética y religiosa, se ha debilitado, limitándose únicamente a la producción de bienes y servicios 79.

Todo esto se puede resumir afirmando una vez más que la libertad económica es solamente un elemento de la libertad humana. Cuando aquella se vuelve autónoma, es decir, cuando el hombre es considerado más como un productor o un consumidor de bienes que como un sujeto que produce y consume para vivir, entonces pierde su necesaria relación con la persona humana y termina por alienarla y oprimirla 80.» (Papa San Juan Pablo II, Centesimus Annus, 38-39).

«Las palabras pronunciadas por Cristo sobre la resurrección nos permiten deducir que la dimensión de masculinidad y feminidad —esto es, el ser en el cuerpo varón y mujer— quedará nuevamente constituida juntamente con la resurrección del cuerpo en el “otro siglo”. (...) «En es otro mundo, la patria definitiva del hombre, que llamamos reino de Dios o casa del Padre, entraremos en la dimensión eterna del ser humano mediante la resurrección. Será una dimensión y estado nuevo de vida, en el que el cuerpo del hombre y de la mujer, mantendrá sus peculiaridades propias, revestido de inmortalidad y con una espiritualización de la naturaleza humana, que lo hará semejante a los ángeles» » (San Juan Pablo II, Audiencia general, 2-12-1981).

«Frente a esta amplitud de campos de lucha antiguos y nuevos [en favor de la vida y la salud], donde se configuran «amenazas programadas de manera científica y sistemática» (Evangelium vitae, 17), es necesario juntar las fuerzas, unir las inteligencias y establecer estrategias comunes armoniosas y eficaces.

Vuestra misión se abre ante un horizonte realmente vasto, que implica también promover el valor insustituible de la educación de los jóvenes y de las familias en el amor verdadero, fiel y casto. No es realista pensar que se afirme una cultura de la vida si falta una seria educación de las conciencias y en particular, si no hay una real orientación afectiva hacia los valores de la familia. Estos presupuestos son cada vez más importantes en una verdadera estrategia de defensa de la vida.

En ese marco, la familia y la vida constituyen un binomio inseparable y del mismo modo, el amor casto y fiel es el primer nivel y la condición insustituible de la cultura de la vida.

Estos compromisos, que constituyen los objetivos de vuestra estrategia, requieren una preparación profunda en el ámbito de las temáticas médica, ética jurídica y social. La lucha en defensa de la vida puede ganarse sólo si al entusiasmo y a la valentía de cuantos participan en ella se añade una preparación específica en estos campos. En particular, se requiere una formación en el importante campo de la bioética, destinada, ante todo, a los agentes sanitarios, pero también a cada uno de los ciudadanos.

(…) será singularmente valiosa la contribución que prestan los intelectuales, los juristas y los profesionales de la medicina, así como sigue siendo indispensable la aportación de los formadores de los jóvenes y de los responsables de los movimientos educativos, una vez que hayan profundizado, ellos mismos en primer lugar, las exigencias inderogables de la moral en defensa de la vida humana. Os exhorto a acompañar con particular atención a los adolescentes y a los jóvenes en las escuelas, para que puedan recibir una presentación adecuada de los valores morales, civiles y religiosos, que son coherentes con la dignidad de la persona humana y con la defensa y la promoción de la vida.

También es urgente prestar atención a lo que sucede en los Parlamentos, donde van manifestándose orientaciones legislativas en el ámbito del bioderecho y de la protección de la corporeidad humana y de la familia, que incluyen aspectos preocupantes. Cuantos tienen verdadero interés por la dignidad de la persona y el destino futuro de la humanidad, no pueden renunciar a su deber de vigilar y actuar». (San Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el III Congreso de los movimientos en favor de la vida, 3-10-1995)



«Edificar la Iglesia doméstica. Prácticas familiares para habitar en la Iglesia»

«Los retos de la familia en el contexto actual»

Congreso «La familia cristiana y la escuela católica: Minorías creativas para la renovación de la sociedad» Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, 10-12 de marzo de 2017. Vídeos de las ponencias y documentos

Nota de los Obispos de Getafe y Alcalá de Henares sobre la «Ley de protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual en la Comunidad de Madrid»

Reflexiones Pastorales sobre la «Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma de Madrid»

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Carta Pastoral: “No hay ecología sin una adecuada antropología” (LS, n. 118), presentando la encíclica del papa Francisco “Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común”

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Sobre el aborto (2): «Por un plato de lentejas. La peor de las corrupciones»

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