Algunos testigos de la santidad del matrimonio

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Danza de Salomé, de Benozzo Gozzoli, -1462

En la página Web de la Diócesis de Alcalá de Henares son muchos los temas tratados a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica: aborto, abusos a menores y adultos vulnerables, amistad civil, clericalismo, creación y evolución, derechos de los trabajadores, ecología, eutanasia, globalización, juegos de azar, pornografía y adicción, Reinado Social de Cristo, ternura, tráfico de seres humanos, etc. Ahora la página web de la Diócesis de Alcalá de Henares ha preparado una sección sobre «Algunos testigos de la santidad del matrimonio» (www.obispadoalcala.org/testigossantidadmatrimonio.html) con dos apartados fundamentales: I. Algunos mártires en defensa de la verdad sobre el matrimonio; y II. Algunos matrimonios de santos y beatos.

Esperamos que esta propuesta resulte de utilidad a nuestros lectores. «Imploremos la intercesión de los mártires para ser cristianos concretos, cristianos con obras y no de palabras; para no ser cristianos mediocres, cristianos barnizados de cristianismo pero sin sustancia» (Papa Francisco, 13-10-2013).

I.Algunos mártires en defensa de la verdad sobre el matrimonio
Para orar y meditar


La victoria es de nuestro Dios

«Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir». «Como decía san Agustín: «Cuanto mayor fue el peligro en la batalla, tanto mayor es el gozo en el triunfo»» (Papa Francisco, Amoris laetitia, nn. 94 y 130).

A tiempo y a destiempo

«Las familias católicas tienen menos hijos, con repercusiones en el número de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Algunos católicos se alejan de la Iglesia para dirigirse a otros grupos que parecen prometer algo mejor. El aborto se suma al dolor de muchas mujeres, que ahora llevan en sí profundas heridas físicas y espirituales, tras haber cedido a las presiones de una cultura secular que disminuye el don de Dios de la sexualidad y el derecho a la vida de los hijos por nacer. Además, la tasa de separaciones y divorcios es alta, incluso entre las familias cristianas, y con frecuencia los hijos no crecen en un ambiente familiar estable. También observamos con gran preocupación, y no podemos dejar de deplorarlo, un aumento de la violencia en perjuicio de mujeres y niños. Todas estas realidades amenazan la santidad del matrimonio, la estabilidad de la vida familiar y, en consecuencia, la vida de la sociedad en su conjunto. En este mar de dificultades nosotros, obispos y sacerdotes, debemos dar un testimonio coherente de la enseñanza moral del Evangelio. Confío en que no disminuya vuestra determinación a enseñar la verdad «a tiempo y a destiempo» (2 Tm 4, 2), con el apoyo de la oración y del discernimiento, y siempre con gran compasión» (Papa Francisco, 25-4-2014).

Personas rectas, que no tienen miedo de ir a contracorriente

«[San Juan Bautista] murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y Herodías. ¡Cuántas personas pagan a caro precio el compromiso por la verdad! Cuántos hombres rectos prefieren ir a contracorriente, con tal de no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad. Personas rectas, que no tienen miedo de ir a contracorriente» (Papa Francisco, 23-6-2013).

Devocación a la Santísima Virgen María

«Si, pues, en alguna ocasión el enemigo intentara arrebataros el legado tan valioso de vuestras tradiciones católicas, que en el seno de vuestros hogares sea entonces más intensa la devoción a María, que vuestros corazones vibren de amor a la que es cantada por la Liturgia como debeladora de herejías: “Cunctas haereses sola interemisti in universo mundo” [tú sola has destruido todas las herejías del mundo entero]»  (San Juan XXIII, Radiomensaje para la clausura del primer Congreso Mariano Interamericano celebrado en Buenos Aires, 13-11-1960).


Algunos mártires en defensa de la verdad sobre el matrimonio
Fuente: Martirologio Romano, Coeditores Litúrgicos, 2007

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Cabeza de San Juan Bautista

• (29 de agosto) Memoria del martirio de san Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad. (s. I).

• (1 de junio) En la región de Lichester, en Inglaterra, san Vistano, mártir, perteneciente a la estirpe real de Mercia, que, por oponerse al matrimonio incestuoso de su madre, fue asesinado por la espada del tirano. (849)

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Santo Tomás Moro y San Juan Fisher, obispo, mártires

• (22 de junio) San Juan Fisher, obispo, y santo Tomás Moro, mártires, que, por haberse opuesto al rey Enrique VIII en la controversia sobre su matrimonio y sobre la primacía del Romano Pontífide, fueron encarcelados en la Torre de Londres, en Inglaterra. Juan Fisher, obispo de Rochester, varón conocido por su erudición y por la dignidad de su vida, por mandato del rey fue decapitado este día frente a la cárcel, y Tomás Moro, padre de familia de vida integérrima y presidente del consejo real, por mantenerse fiel a la Iglesia católica murió el día 6 de julio, uniéndose así al martirio del obispo. (1535)

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Mártires Cartujos

• (9 de agosto) En Londres, en Inglaterra, beato Ricardo Bere, presbítero y mártir, que, debido a su fidelidad al Romano Pontífice y por su defensa del matrimonio cristiano, fue encarcelado por orden del rey Enrique VIII y, en unión con sus hermanos de la Cartuja de esta ciudad, murió extenuado por las inhumanas condiciones de la prisión y por hambre, sufridas durante largo tiempo. (1537)

• (30 de julio) En Londres, en Inglaterra, beatos Eduardo Powell, Ricardo Featherstone y Tomás Abel, presbíteros y mártires, doctores en sagrada teología, que por oponerse con firmeza al divorcio del rey Enrique VIII y por permanecer fieles al Romano Pontífice, después de pasar un tiempo encarcelados en la Torre de la ciudad, fueron ahorcados en Smithfield. (1540)


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Beata Margarita Pole, madre de familia y mártir

• (28 de mayo) En Londres, en Inglaterra, beata Margarita Pole, madre de familia y mártir, que, siendo condesa de Salisbury y madre del cardenal Reginaldo, fue decapitada en la cárcel de la Torre de Londres en tiempo del rey Enrique VIII por haber desaprobado su divorcio, encontrando así reposo en la paz de Cristo. (1541)

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San David Galván, presbítero y mártir

• (30 de enero) En la ciudad de Guadalajara, en México, san David Galván, presbítero y mártir, que durante la persecución mexicana, por defender la santidad del matrimonio, obtuvo la corona del martirio al ser fusilado sin previo juicio por los soldados. (1915)

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Beato Otón Neururer, presbítero y mártir

• (30 de mayo) En el campo de concentración de Buchenwald, en la región de Turingia, en Alemania, pasión del beato Otón Neururer, presbítero y mártir, que, por haber convencido a una joven católica para que no simulase la celebración del matrimonio con un partidario, ya casado, del régimen hostil a Dios y a los hombres, fue encerrado en la cárcel, donde, a pesar de todo, continuó clandestinamente con su ministerio entre todo tipo de tribulaciones, hasta que consumó el martirio al ser colgado por los pies cabeza abajo. (1940)


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II. Algunos matrimonios de santos y beatos
Para orar y meditar

«El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos, porque «su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia. Los esposos son por tanto el recuerdo permanente para la Iglesia de lo que acaeció en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace partícipes». El matrimonio es una vocación, en cuanto que es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia. Por lo tanto, la decisión de casarse y de crear una familia debe ser fruto de un discernimiento vocacional». «Toda la vida en común de los esposos, toda la red de relaciones que tejerán entre sí, con sus hijos y con el mundo, estará impregnada y fortalecida por la gracia del sacramento que brota del misterio de la Encarnación y de la Pascua, donde Dios expresó todo su amor por la humanidad y se unió íntimamente a ella. Nunca estarán solos con sus propias fuerzas para enfrentar los desafíos que se presenten. Ellos están llamados a responder al don de Dios con su empeño, su creatividad, su resistencia y su lucha cotidiana, pero siempre podrán invocar al Espíritu Santo que ha consagrado su unión, para que la gracia recibida se manifieste nuevamente en cada nueva situación». (Papa Francisco, Amoris laetitia, nn. 72 y 74).

«En efecto, los esposos, “cumpliendo en virtud de este sacramento especial su deber matrimonial y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, con el que toda su vida está impregnada por la fe, la esperanza y la caridad, se acercan cada vez más a su propia perfección y a su santificación mutua y, por tanto, a la glorificación de Dios en común” (Gaudium et spes, 48).

Queridas familias, hoy tenemos una singular confirmación de que el camino de santidad recorrido juntos, como matrimonio, es posible, hermoso y extraordinariamente fecundo, y es fundamental para el bien de la familia, de la Iglesia y de la sociedad.

Esto impulsa a invocar al Señor, para que sean cada vez más numerosos los matrimonios capaces de reflejar, con la santidad de su vida, el “misterio grande” del amor conyugal, que tiene su origen en la creación y se realiza en la unión de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5, 22-33).


Queridos esposos, como todo camino de santificación, también el vuestro es difícil. Cada día afrontáis dificultades y pruebas para ser fieles a vuestra vocación, para cultivar la armonía conyugal y familiar, para cumplir vuestra misión de padres y para participar en la vida social.

Buscad en la palabra de Dios la respuesta a los numerosos interrogantes que la vida diaria os plantea. San Pablo, en la segunda lectura, nos ha recordado que “toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir y para educar en la virtud” (2 Tm 3, 16). Sostenidos por la fuerza de estas palabras, juntos podréis insistir con vuestros hijos “a tiempo y a destiempo”, reprendiéndolos y exhortándolos “con toda comprensión y pedagogía” (2 Tm 4, 2).

La vida matrimonial y familiar puede atravesar también momentos de desconcierto. Sabemos cuántas familias sienten en estos casos la tentación del desaliento. Pienso, en particular, en los que viven el drama de la separación; pienso en los que deben afrontar la enfermedad y en los que sufren la muerte prematura del cónyuge o de un hijo. También en estas situaciones se puede dar un gran testimonio de fidelidad en el amor, que llega a ser más significativo aún gracias a la purificación en el crisol del dolor.»
(San Juan Pablo II, Homilía en la Beatificación del matrimonio Luis y María Beltrame Quattrocchi, 21-10-2001).

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Sagrada Familia, amplia, de János Donát


Fuentes: Martirologio Romano (Coeditores Litúrgicos. 2007), www.vatican.va y www.archimadrid.es

» La Santísima Virgen María y San José, esposos

» San Joaquín y Santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios (26 de julio)

Conmemoración de los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, Precursor del Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, llena de Espíritu Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu profético, ante el hijo nacido alabó a Dios redentor y predicó la próxima aparición de Cristo, que procede de lo Alto. (23 de septiembre)

» Santos esposos Áquila y Priscila, colaboradores del apóstol Pablo y por cuya protección expusieron sus propias vidas (s. I). (8 de julio)

• Conmemoración de san Filemón, en Colosas, en la actual Turquía, de cuyo amor a Cristo Jesús se goza el apóstol san Pablo, y que recibe culto al lado de santa Apia, su esposa (s. I). (22 de noviembre)

• En Nicomedia, ciudad de Bitinia, en la actual Turquía, santos mártires Macedonio, presbítero, Patricia, su esposa, y Modesta, su hija (s. inc.). (13 de marzo)

• En Attalia, en la región de Pamfilia, en la actual Turquía, santos Hespero y su esposa Zoe, junto con sus hijos Ciríaco y Teódulo, mártires. Todos ellos, según la tradición, en tiempo del emperador Adriano eran esclavos al servicio de un pagano, y por orden de su mismo amo fueron primero azotados a causa de su libre confesión de fe cristiana, luego brutalmente atormentados y finalmente arrojados a un horno encendido, en donde entregaron sus almas a Dios (s. II). (2 de mayo)

• En Cesarea de Mauritania, en la actual Argelia, santos mártires Severiano y Áquila, esposos, que fueron quemados vivos (s. III). (23 de enero)

• En Costanza, lugar de Escitia, hoy Rumanía, santos mártires Marcelino, tribuno, su esposa Mannea y Juan, hijo de ambos (c. s. IV). (27 de agosto)

• En Damasco, en Siria, santos mártires Pablo y Tata, cónyuges, con sus hijos Sabiniano, Máximo, Rufo y Eugenio, que, acusados todos ellos de ser cristianos, entregaron su espíritu a Dios atormentados con azotes y otros suplicios (c. s. IV). (25 de septiembre)

• En la región de Sirmia, en Panonia, hoy Croacia, santos mártires Montano, presbítero, y Máxima, su esposa, que por confesar ambos su fe en Cristo Señor, fueron precipitados al mar por los infieles (c. 304). (26 de marzo)

• En Cesarea de Capadocia, actual Turquía, santos Basilio y Emelia, que fueron padres de los santos obispos Basilio Magno, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste, y de santa Macrina, virgen. Estos santos esposos, desterrados de su ciudad en tiempo del emperador Galerio Maximiano, habitaron en las soledades del Ponto y, después de la persecución reposaron en paz, tras dejar sus hijos por herederos de sus virtudes. (349 y 372). (30 de mayo)

• En Nacianzo, ciudad de Capadocia, hoy Turquía, santa Nona, esposa de san Gregorio el Viejo y madre de los santos Gregorio el Teólogo, Cesáreo y Gorgona (374). (5 de agosto)

• En Jerusalén, santa Melania la Joven, que con su marido san Piniano dejó Roma, dirigiéndose ambos a la Ciudad Santa, en la cual llevaron una vida religiosa, ella entre las mujeres consagradas a Dios y él entre los monjes, y ambos murieron santamente (439). (31 de diciembre)

» Gordiano y Silvia (3 de noviembre), padres de San Gregorio Magno; ambos venerados como santos (s. VI)

• En Soignies, en la región de Brabante, en Austrasia, hoy Bélgica, san Vicente o Madelgario, que, con el consentimiento de su esposa santa Valtrudis, abrazó la vida monástica y, según cuenta la tradición, fundó dos monasterios (c. 677) (14 de julio). En Castroloco, en Neustria, hoy Mons, en Bélgica, santa Valdetrudis, que fue hermana de santa Aldegundis, esposa de san Vicente Madelgario y madre de cuatro santos, y, a semejanza de su marido, se ofreció a Dios y recibió el hábito monástico en el cenobio fundado por ella misma (688). (9 de abril)

• En Córdoba, en la provincia hispánica de Andalucía, santos mártires Aurelio y Sabigótona, esposos, y Félix y Liliosa, esposos también, quienes, en la persecución desencadenada por los sarracenos, deseando dar testimonio de su fe, no cesaron de alabar a Cristo en la cárcel, en la cual fueron finalmente decapitados (852). (27 de julio)

• San Enrique, emperador romano-germánico, que, según la tradición, de acuerdo con su esposa Cunegunda puso gran empeño en reformar la vida de la Iglesia y en propagar la fe en Cristo por toda Europa, donde, movido por un celo misionero, instituyó numerosas sedes episcopales y fundó monasterios. Murió en Grona, cerca de Göttingen, en Franconia, actual Alemania (1024), (13 de julio). En el monasterio de Oberkaufungen, en Hesse, actual Alemania, santa Cunegunda, que aportó muchos beneficios a la Iglesia junto con su cónyuge, el emperador san Enrique, y que, tras la muerte de este, abrazó la vida cenobítica en el monasterio donde se había retirado. Al morir, hizo a Cristo heredero de todos sus bienes, y su cuerpo fue colocado junto a los restos de su esposo, en Bamberg (1033/ 1039). (3 de marzo)

» San Esteban Rey de Hungría (1038) y la Beata Gisela (1060), esposos; su hijo es San Emerico (1031)

»
San Isidro, labrador (c. 1130), (15 de mayo) y Santa María de la Cabeza (s. XII), (9 de septiembre), esposos

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San Isidro, labrador y Santa María de la Cabeza, esposos, de Alonso de Arco

• En París, en Francia, san Elzearo de Sabrán, conde de Arian, que vivió la virginidad y todas las virtudes con su esposa, la beata Delfina, y murió en la flor de la edad (1323). (27 de septiembre). En Apt, lugar de Provenza, beata Delfina, en Francia, esposa de san Elzear de Sabrán, con el cual prometió guardar la castidad, y que, tras la muerte del esposo, permaneció en la pobreza y en la oración (1358/1360). (26 de noviembre)

• En Kokura, en Japón, beatos mártires Simón Bokusai Kiota, catequista, y Magdalena, su esposa; Tomás Gengoro y su esposa María, y el hijo de ambos, Jacobo, todavía niño, que, por orden del prefecto Yetsundo, y por odio hacia el nombre de Cristo, fueron crucificados cabeza abajo (1620). (16 de agosto)

• En Nagasaki, en Japón, beatos mártires Andrés Murayama Tokuan (esposo de la beata María, mártir), Cosme Taquekeya (esposo de la beata Inés, mártir), Juan Yoshida Shoun (esposo de la beata María, mártir), y Domingo Jorge (esposo de la beata Isabel Fernández, mártir), todos los cuales, por el nombre de Cristo, fueron quemados vivos (1619). (18 de noviembre). También en Nagasaki, en Japón, beatos mártires Antonio Sanga, catequista, y Magdalena, cónyuges; Antonio Coreano, catequista, y María, cónyuges, con sus hijos Juan y Pedro; Pablo Nagaishi y Tecla, cónyuges, con su hijo Pedro; Pablo Tanaka y María, cónyuges; Domingo Yamada y Clara, cónyuges; Isabel Fernández, viuda del beato Domingo Jorge, con su hijo Ignacio; María, viuda del beato Andrés Tokuan; Inés, viuda del beato Cosme Takeya; María, viuda del beato Juan Shoun; todos los cuales murieron por Cristo, martirizados con crueles tormentos en una colina ante ingente multitud (1622). (10 de septiembre)

• En Nagasaki, en Japón, beatos Luis Yakichi y Lucía, esposos, junto con sus hijos Andrés y Francisco, mártires, que murieron por Cristo. La madre y los hijos fueron decapitados en presencia del padre, y éste fue quemado vivo (1622). (2 de octubre)

• En Nagasaki, ciudad del Japón, beatos Pedro Arakiyori Chobioye y Susana, esposos; Juan Tanaka y Catalina, esposos; Juan Nagai Naisen y Mónica, esposos, y su hijo el niño Luis, que sufrieron el martirio por su fe en Cristo (1626). (12 de julio)

• En Nagasaki, en Japón, beatos Gaspar Vaz y María, esposos, que, por orden del gobernador de la ciudad, sufrieron el martirio por odio al nombre de Cristo (1627). (27 de agosto)

• Junto al río Uruaçu, cerca de Natal, en Brasil, beatos Manuel Rodrigues Moura y su esposa, mártires, que dieron la vida víctimas de la opresión que se desencadenó contra la fe católica (1645). (3 de octubre)

• Memoria de los santos Agustín Yi Kwang-hon y Santa Bárbara Kwon-hui, esposos; san Damián Nam Myong-hyog y María Yi Yon-hui, esposos; Sebastián Nam I-gwan y santa Bárbara Cho Chung-i, esposos; san Agustín Pak Chong-won y Bárbara Ko Sun-i, esposos; todos mártires en Corea. Se veneran el día 20 de septiembre en común celebración todos los ciento tres mártires que en aquel país testificaron intrépidamente la fe cristiana, introducida fervientemente por algunos laicos, y después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. Todos estos atletas de Cristo —tres obispos, ocho presbíteros, y los restantes laicos, casados o no, ancianos, jóvenes y niños—, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea (1839-1867). (ver también 3 y 26 de septiembre, y 29 de diciembre)

» Esposos Luis Martin (1894, julio) y Celia María Guérin (1877, agosto), santos, padres de santa Teresa de Lisieux

» Esposos Luis Beltrame Quattrocchi (1951), (9 de noviembre) y María Corsini (1965), (26 de agosto), beatos

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Esposos Luis Beltrame Quattrocchi y María Corsini, beatos

 

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«Fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas»

Papa Francisco, Amoris laetitia, 246:

«El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época»


León XIII, Encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 19, 10 de febrero de 1880:

«Conducta de la Iglesia frente al divorcio

 19. Hay que reconocer, por consiguiente, que la Iglesia católica, atenta siempre a defender la santidad y la perpetuidad de los matrimonios, ha servido de la mejor manera al bien común de todos los pueblos, y que se le debe no pequeña gratitud por sus públicas protestas, en el curso de los últimos cien años, contra las leyes civiles que pecaban gravemente en esta materia(48); por su anatema dictado contra la detestable herejía de los protestantes acerca de los divorcios y repudios(49); por haber condenado de muchas maneras la separación conyugal en uso entre los griegos(50); por haber declarado nulos los matrimonios contraídos con la condición de disolverlos en un  tiempo dado(51); finalmente, por haberse opuesto ya desde los primeros tiempos a las leyes imperiales que amparaban perniciosamente los divorcios y repudios(52). Además, cuantas veces los Sumos Pontífices resistieron a poderosos príncipes, los cuales pedían incluso con amenazas que la Iglesia ratificara los divorcios por ellos efectuados, otras tantas deben ser considerados como defensores no sólo de la integridad de la religión, sino también de la civilización de los pueblos. A este propósito, la posteridad toda verá con admiración los documentos reveladores de un espíritu invicto, dictados: por Nicolás II contra Lotario; por Urbano II y Pascual II contra Felipe I, rey de Francia; por Celestino III e Inocencio III contra Felipe II, príncipe de Francia; por Clemente VII y Paulo III contra Enrique VIII, y, finalmente, por el santo y valeroso pontífice Pío VII contra Napoleón, engreído por su prosperidad y por la magnitud de su Imperio.

Notas:
48. Pío VI, epístola al obispo lucionense, de 28 de mayo de 1793; Pío VII, encíclica de 17 de febrero de 1809 y constitución de fecha 19 de julio de 1817; Pío VIII, encíclica de 29 de mayo de 1829; Gregorio XVI, constitución del 15 de agosto de 1832; Pío IX, alocución de 22 de septiembre de 1852.

49. Concilio Tridentino, ses.24 can.5 y 7.

50. Concilio Florentino e instrucción de Eugenio IV a los armenios; Benedicto XIV, constitución Etsi pastoralis, de 6 de mayo de 1742.

51. C.7 De condit. apost.

52. San Jerónimo, Epist. 79, ad Ocean; San Ambrosio, 1.8 sobre el c.16 de San Lucas, n.5; San Agustín, De nuptiis c.10».


Juan 8, 11:
«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más»


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