|
|
|
Plaza de Palacio, 1 bis |
|
|
|
|||
|
Obispo Diócesis Seminario Parroquias Delegaciones Enlaces Catedral-Magistral |
|||
Jesús Catalá
Ibáñez
Obispo de Alcalá de Henares
TESTIGOS DE JESUCRISTO
Carta pastoral con motivo del Año Jubilar
6 agosto 2005 – 2006
Diócesis de Alcalá de Henares
I. EL MARTIRIO DE LOS
NIÑOS JUSTO Y PASTOR
1. La ciudad hispano-romana de
Complutum
2. El martirio de Justo y
Pastor
3. El culto a los Niños
mártires
4. Las reliquias y sus
avatares
5. El testimonio de los
profetas en el Antiguo Testamento
6. Momentos de
persecución en la historia del pueblo de Israel
7. Jesucristo, Mártir
singular y único
9. Evolución del
término “mártir”
10. Testimonios de martirio en
los primeros siglos de la Iglesia
11. Sentido teológico
del martirio
12. El amor de Dios,
fundamento del testimonio del cristiano
13. Las implicaciones
antropológicas
14. Dimensión eclesial
del martirio
15. El martirio en su
dimensión ecuménica
16. El concepto de martirio en
la reflexión teológica actual
III. EL TESTIMONIO CRISTIANO
EN EL MUNDO ACTUAL
17. Los mártires de
nuestra época
18. La llamada de Dios en los
umbrales del Tercer milenio
19. El testimonio de la fe
ante los estragos del secularismo
20. Ser testigos valientes
ante el relativismo reinante
21. Testigos de Jesucristo,
hoy
1. Testigos de Jesucristo fueron los niños Justo y
Pastor, que hoy son considera
Estos
2. Este Año Jubilar de los Santos Niños ha sido una excelente ocasión para conocer mejor a nuestros Patronos. La experiencia jubilar ha servido para reflexionar sobre el testimonio cristiano que dieron, para acercarnos a ellos y para robustecer nuestro deseo de seguir al Señor. Su figura nos ha cautivado y animado a vivir la fe.
La imaginería religiosa les ha
representado como
Para esta celebración jubilar
fue elegido el lema “Justo y Pastor, testigos de Jesucristo”,
con el fin de recuperar la memoria de estos mártires y de promover el
ejemplo que nos dejaron. La comunión de los santos y la fuerza que ellos
transmiten a
El Señor nos ha concedido la
gracia de profundizar en la devoción y el culto a estos mártires,
que dieron origen a nuestra iglesia local Complutense. Ha sido un gozo para
mí dar a conocer la figura de Justo y Pastor, principalmente a los
niños, y de promover su culto entre los fieles de esta iglesia
particular. Pequeños y grandes han acudido a los lugares jubilares, en
actitud penitencial, para alcanzar las gracias de la misericordia divina y
celebrar con gozo este acontecimiento eclesial.
Retomo las palabras del Papa Juan Pablo
II, para expresar la experiencia eclesial vivida: “El Jubileo ha sido
«un canto de alabanza único e ininterrumpido a
3. Junto a la conmemoración del Martirio de los Santos Justo y
Pastor,
El culto a los Santos Niños, a
partir de su martirio, fue importante para el desarrollo de
La historia de nuestra Diócesis
se desarrolla posteriormente en varias etapas[4]. Permanece como Diócesis hasta finales del siglo XI, cuando el
Papa Urbano II la agrega a Toledo.
El templo de los Santos Niños
Justo y Pastor fue convertido en Parroquia en 1136, bajo el mandato del
arzobispo D. Raimundo, siendo edificada una nueva iglesia, que en 1479
sería elevada al rango de Colegiata. El Cardenal Cisneros reedifica el
templo a finales del siglo XV, consiguiendo del Papa León X el
título de «Magistral» en 1519.
A finales del siglo XIX el Papa
León XIII crea la diócesis de Madrid-Alcalá, haciendo
coincidir su territorio con la provincia de Madrid, recién instituida, y
manteniendo el título de Alcalá para recuperar la antigua
Diócesis romano-visigótica de Complutum.
En 1991
Damos gracias a Dios por la fecunda
historia de nuestra Diócesis a lo largo de estos dieciséis
siglos. En los inicios de este siglo XXI, el Señor nos pide que asumamos
con gozo y valentía la misión que nos confía.
4. La presente Carta pastoral, tomando como punto de arranque el martirio de los Santos Niños, tiene como hilo conductor la reflexión sobre el martirio cristiano. Deseo que la lectura de este texto os haga saborear las dádivas que Dios ha otorgado a nuestra iglesia y os anime a vivir testimoniando vuestra fe.
La primera parte tiene como objetivo
recordar los acontecimientos más importantes liga
En la segunda parte se presenta el
significado teológico y eclesial del martirio, con sus implicaciones.
La tercera parte presenta una
reflexión sobre el martirio cristiano en nuestro tiempo y la llamada de
Dios a dar testimonio de la fe en nuestra sociedad, donde se rechaza a Dios,
exaltando el relativismo y el subjetivismo, al tiempo que se desprecia toda norma
de conducta humana que no provenga del propio hombre.
Si los Santos Justo y Pastor, siendo
Os
animo a to
5. Fuentes de diversa índole (arqueológica, cartográfica, epigráfica) y de época distinta (desde el siglo I antes de Cristo, hasta el siglo IV después de Cristo) atestiguan la existencia de Complutum[5], como ciudad romana cosmopolita, lugar de paso entre Caesar-Augusta (Zaragoza) y Emerita-Augusta (Mérida).
Tito Livio,
hacia el año 75 antes de Cristo, al contar la huída de Sertorio hacia Valencia menciona a Complutum
como
Desde el punto de vista
geográfico disponemos de datos antiguos. Ya Ptolomeo la cita el siglo II
de nuestra era como una de las dieciocho ciudades de Carpetania,
que se extendían en un territorio muy amplio, y entre las que
menciona además a Toledo y Consuegra.
6. La epigrafía y la arqueología nos ayudan a describir las características de la ciudad tardorromana en la que vivieron los Santos Niños. El complejo de la basílica, las termas y el ninfeo muestran el cuidado y el interés de la ciudad en la creación y conservación de espacios públicos y manifiestan su carácter urbanístico. Las posibles ampliaciones y transformaciones de la ciudad respetaron siempre el eje principal de la misma, por ser una vía romana.
Además de los edificios
públicos se erigían edificios priva
Complutum contó con una posición geográfica envidiable, al
encontrarse en el centro de la península hispánica y ser
encrucijada de caminos. Estas condiciones la convertían en un punto de
referencia de carácter cultural, militar y comercial.
Los niños Justo y Pastor, cuando
profesaban ante el pretor romano Daciano su fe en
Jesucristo, conocían bien los cultos romanos que abominaban,
veían los templos profanos y oían hablar de las divinidades
paganas. Los mosaicos que representan a Leda, Baco o
Cupido, así como las estatuas de Diana, el ninfeo
o lugar de culto de las Ninfas, divinidades romanas de las fuentes y las aguas,
son muestras de estos cultos en Complutum.
Estas deidades nada tenían que ver con el Dios de Jesucristo, en cuya fe
habían sido educa
7. Justo y Pastor se encontraban en edad escolar. En el Bajo Imperio, las reglas del arte oratorio ocupaban gran parte del aprendizaje, siendo fundamental la educación literaria y artística[7].
Predominó en todo el
Mediterráneo el sistema educativo helenístico, que
perduraría hasta el final del Imperio, aunque en el siglo IV las
disposiciones del Estado romano hicieron crecer la burocracia y el
número de funcionarios, a cuyos puestos de trabajo sólo se
podía acceder desde la “enseñanza superior”, que
empezó a desarrollarse. Se restauraron muchas escuelas y se crearon
otras nuevas; y se dispuso que nadie pudiera impartir enseñanza alguna,
sin contar con la autorización oportuna por parte del Estado romano.
En el relato del martirio de los Santos
Niños se dice que los
8. Los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano habían promulgado un edicto de persecución contra los cristianos en el año 303 de nuestra era. Se trata de la conocida persecución de Diocleciano, de la que tenemos datos por el poeta Aurelio Prudencio. Quien no adoraba al emperador, como a un dios, era ejecutado. Por ésta y otras razones de estado, no estaba permitido ser cristiano.
La vigencia de esta orden se prolongó
más allá de la abdicación de los
A raíz de esta
persecución hubo una larga serie de mártires, que dieron
testimonio de su fe con el derramamiento de sangre. En Hispania
encontramos a Leocadia en Toledo, a Eulalia en
Mérida, a Félix en Gerona, a Engracia y otros mártires en
Zaragoza, a Justa y Rufina en Sevilla, al
diácono zaragozano Vicente en Valencia y a los Niños Justo y
Pastor en Complutum. Muchos de ellos son
patronos de sus respectivos lugares de martirio.
9. Relata la tradición[8] que llegó a Complutum el pretor Daciano, responsable de hacer cumplir el decreto imperial; entre los cristianos de Complutum habría, con toda probabilidad, una gran conmoción.
En numerosas actas de mártires,
que han llegado hasta nosotros, se recogen los detalles de los procesos, muy
similares en la mayoría de los casos. Había, en primer lugar, un
interrogatorio sobre la fe cristiana de los deteni
Podemos imaginar la reacción de
Justo y Pastor, niños en edad escolar, quienes presentán
Sin que nadie los llamara, se
presentaron ante el juez y se proclamaron públicamente cristianos. Justo
y Pastor fueron decapita
10. Los cristianos de la primitiva Iglesia recordaban el día de
la muerte de los cristianos, al que llamaban “dies
natalis”, por ser el día del
nacimiento para el cielo. San Cipriano, a media
San Isidoro es el único que hace
referencia a la piedra martirial, conservada en la cripta del templo Magistral,
hoy Catedral. Su conservación como “reliquia” del lugar
martirial se debe a una tradición secular, aunque su autenticidad no se
puede demostrar. Alcalá siempre ha contemplado y venerado la piedra con
reconocimiento y gratitud, porque aquí
11. El testimonio de los mártires, considera
La primera referencia escrita a los
mártires complutenses, sin especificar su nombre, es la de san Paulino
de Nola (355-431), natural de Burdeos y residente en Complutum [10] a finales del siglo IV, quien entierra a su hijo junto a las
reliquias de ambos mártires.
Su contemporáneo Aurelio
Prudencio (348-410) es el primero que cita a Justo y Pastor, en una amplia
relación de ciudades hispánicas, aunque no alude a su edad, ni a
las circunstancias de su martirio, ni a la fecha en que ocurrió. Pero
este hecho indica que, cien años después de su martirio, los
hermanos complutenses eran ya venera
12. Es razonable pensar que el culto a los mártires complutenses se mantenía vivo a la llegada del obispo toledano Asturio a Complutum, quien convertiría, tal vez, la pequeña capilla martirial, edificada sobre la tumba, en un templo de mayor amplitud.
Al alborear el siglo V el culto a los
santos Justo y Pastor ya había adquirido un gran auge. La tumba de los
Un siglo después, san Ildefonso,
arzobispo de Toledo, escribió la obra titulada “Varones
ilustres” (657-667), dándonos una importante
información acerca del origen del culto a los Santos Niños.
A lo largo del siglo VII este culto se
extendió por amplias regiones de la península hispánica.
Existe documentación de templos consagra
13. Los primeros siglos de
A raíz de la sustitución
de la liturgia mozárabe por la romana, en la segunda mitad del siglo XI,
se constata una fuerte caída del culto a los santos Justo y Pastor,
debido a la estrecha vinculación de este culto con la liturgia
mozárabe. Este hecho parece probar que, durante el tiempo en que la
población estuvo bajo dominio musulmán, debió de mantenerse
un núcleo mozárabe, que preservó el culto secular a los
patronos complutenses, hasta el momento de la reconquista.
14. La devoción y el culto a los Santos Niños se extendió paulatinamente dentro y fuera de España a través de los siglos, como lo muestran el arte y la iconografía[11].
Con motivo del Jubileo celebrado la
figura de los Santos Niños Justo y Pastor ha sido conocida y venerada
con mayor fervor en todas las parroquias de
En el culto a los Santos Niños
mártires damos gloria y alabanza a Cristo, que está en el origen
de su martirio y de su santidad.
15. Hasta finales del siglo VII hubo varias ocasiones en las que los
obispos complutenses donaron a otras diócesis o instituciones parte de
las reliquias de los Santos Niños; fueron cedidas para la
fundación del monasterio de Compludo
(año 646), en el valle del Silencio, cerca de Ponferrada
(Tebaida leonesa); y para la dedicación de una iglesia en
Medina-Sidonia. El obispo Agricio también
cedió reliquias para la iglesia lusitana de Alcázar de
Con la invasión musulmana las
reliquias de los hermanos mártires corrían peligro de ser
profanadas; providencialmente, dichas reliquias salieron de Complutum.
Según una tradición fue San Urbicio[12] quien las llevó consigo a Francia, establecién
Otra explicación razonable[13] propone que, ante la persecución decretada por Abd-el-Rahmán I, alg
16. Este hecho propició de nuevo la expansión del culto a los mártires complutenses, abarcando los actuales territorios de Aragón, Cataluña y el sur de Francia, donde merece ser destacado el caso de Narbona, en cuya catedral se conservan reliquias donadas por el rey aragonés Ramiro II el Monje.
Las reliquias sufrieron varios trasla
El Cabildo Magistral de Alcalá
pidió al rey Felipe II que interviniera ante el Papa para que las
reliquias de los Santos Niños regresaran de nuevo a su lugar de origen.
La súplica del Rey animó al papa Pío V, quien hizo llegar
un Breve pontificio al obispo de Huesca, con fecha del 12 de abril de 1567,
solicitando la devolución de parte de las reliquias.
El día 19 de enero de 1568 el
mismo Obispo de Huesca, ante los procuradores de Alcalá y otras
autoridades y testigos, sacó parte de los restos mortales de los Santos
Niños del arca donde se guardaban y se los entregó a los
representantes del Cabildo de Alcalá.
Las reliquias, en su viaje de regreso,
pasaron por varias ciudades y pueblos, donde fueron objeto de
veneración: Zaragoza, Calatayud, el Monasterio de Santa María de
Huerta, Medinaceli, Sigüenza, Hita, el Monasterio benedictino de Nuestra
Señora de Sopetrán, Guadalajara y Meco.
Las reliquias llegaron a Alcalá
el 7 de marzo de 1568, con gran expectación y fiesta por parte de las
Instituciones alcalaínas y de la población entera[14].
17. Como se puede apreciar, por la gran documentación histórica existente, las reliquias que se trajeron de Huesca gozan del mayor grado de fiabilidad, dadas las medidas que se tomaron y las personas que participaron en el traslado.
Como es lógico no existe
documentación para comprobar si los restos que salieron de Alcalá
en el siglo VII son los mismos que regresaron en el siglo XVI. Muchos avatares
tuvieron que soportar las reliquias, yendo de un sitio para otro, sin las
cautelas de documentación, propias de tiempos posteriores.
El concepto de ‘reliquia’ y
la devoción a las mismas ha variado mucho de
una época a otra. Nuestros antepasa
18. Alcalá retiene, según la tradición recibida, que las reliquias pertenecen a los Santos Niños. Posibles estudios científicos futuros podrán determinar con mayor precisión la época de las mismas y los rasgos de las personas a la que pertenecen.
Pero lo más importante para
nuestra fe es el hecho incontestable del Martirio de los Niños Justo y
Pastor en Complutum, por testimoniar su fe en
Jesucristo. Esto es lo que celebramos y el motivo de este Año Jubilar.
Sobre la tumba de los Santos
Niños se levantó un primer templo, para honrar la memoria de
estos mártires; sucesivamente se amplió este lugar sagrado
hasta albergar lo que hoy es
19. En el Antiguo Testamento el profeta puede ser llamado
“mártir”, porque su vida aparece amenazada de muerte
violenta, por realizar la misión que el Señor le ha encomendado.
Hay repeti
El profeta Elías se desahoga
ante el Señor diciendo: «Han pasado a espada a tus profetas. He
quedado yo solo, y me buscan para quitarme la vida» (1Re 19,10.12).
Muchos profetas murieron en el transcurso de su misión: «Mataron a
tus profetas, que les exhortaban a convertirse a ti, y te ofendieron
gravemente» (Ne 9,26; cf. 2 Cro
24,20-21).
Aparece con especial relevancia la
figura del Siervo doliente de Yahveh, en el Deutero-Isaías, como la imagen simbólica del
destino del profeta (cf. Is 52, 13-53, 12).
El profeta es testigo de la palabra que
el Señor le ha comunicado y ha de seguirla fielmente hasta el fin,
aunque eso conlleve el riesgo de perder la vida.
20. En la historia del pueblo de Israel hubo épocas en las que tuvo que sufrir persecuciones a causa de su fe. Un momento singular fue el de los Macabeos, cuyo relato tiene cierta similitud con la persecución del Imperio Romano contra los cristianos, en tiempos de Justo y Pastor.
El rey de Siria, Antíoco
IV Epifanes (175-
21. La muerte del inocente es recibida como un testimonio profundo,
que ayuda a mantener la esperanza y la fidelidad a Dios. La persecución
es descrita como un momento de gracia, a través del cual el Señor
purifica y corrige a su pueblo, haciéndolo más fiel. El
perseguido acepta la muerte por amor a Dios, en fidelidad a la fe de sus padres
y con plena libertad y serenidad ante sus verdugos. El martirio infunde
esperanza: los justos que dan su vida por causa de la fe no terminarán
consumi
Resulta significativo que, en estos
momentos de la historia de Israel, encontremos los primeros testimonios
escritos explícitos de la fe en la resurrección de los muertos.
Judas Macabeo manda ofrecer sufragios por los muertos en el templo de
Jerusalén, tras la victoria en una de sus batallas (cf. 2 Mac 12, 40-46).
La religiosidad popular de los hebreos
encuentra elementos de una primera “teología del martirio”
en el sufrimiento y en la muerte de sus fieles, persegui
22. En su sacrificio voluntariamente aceptado, Jesucristo da testimonio supremo de su fidelidad a la misión que el Padre le ha confiado. Jesús tenía una conciencia clara de su muerte y del sentido y valor que ésta tenía.
Son muchos los hechos, narra
Jesús entiende y explica
abiertamente en todo momento su muerte como acontecimiento salvífico,
en cumplimiento de la voluntad del Padre: «Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en
Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
23. Podemos afirmar que el único y verdadero
“Mártir” en toda la historia humana ha sido Jesucristo, el
Hijo de Dios, que vino al mundo para dar testimonio de
Por eso Jesús es el Testigo fiel
por excelencia (cf. Ap 1, 5), el «Testigo
fiel y veraz» (Ap 3, 14). Su
confesión delante de Pilato es un testimonio
supremo (cf. Jn 18, 37; 1 Tm 6, 13), que pone de manifiesto el plan divino de la
salvación (cf. 1 Tm 2, 6).
24. El testimonio de Jesús,
discutido por el mundo incrédulo (cf. Jn
3, 11; 8, 13), posee un valor incontestable, porque lo apoyan otros testimonios[15]: Juan Bautista, que resume toda su misión (cf. Jn 1, 6-7.15.19; 3, 26; 5, 33); las obras realizadas
por Jesús en nombre de su Padre (cf. Jn
5, 36; 10,
25); las Sagradas Escrituras (cf. Jn
5, 39; Hch 10, 43); el mismo Padre (cf. Jn 5, 31-32.37-38; 8, 16-19); el Espíritu
Santo da testimonio de Jesucristo (cf. Jn 15,
26) y testimonia también que nosotros somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16). Deben aceptarse estos testimonios, si no
se quiere hacer a Dios mentiroso (cf. 1 Jn 5,
9-10).
El misterio de la muerte salvadora de
Jesucristo es la clave de interpretación del martirio cristiano. Desde ella
se explican los sufrimientos y trabajos de la comunidad primitiva, de los
Apóstoles en el primer anuncio del Evangelio y de los fieles cristianos
a lo largo de to
25. La predicación del Evangelio a todas las naciones adopta la forma de testimonio: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8).
Los envia
En los escritos joánicos
el Evangelio y el testimonio forman una unidad: el relato evangélico
presenta una testificación hecha por un testigo ocular (cf. Jn 19, 35; 21, 24). Dicho testimonio versa sobre el
misterio del Verbo de la vida venido en carne (cf. 1 Jn
1,2; 4, 14), misterio que sólo el Espíritu desvelará de
modo completo (cf. Jn 16, 13).
La misión de Pablo se define en
los mismos términos: en el camino de Damasco fue constituido testigo de
Cristo (cf. Hch 22, 15; 26, 16) y en tierra
pagana testimonia la resurrección de Jesús (cf. 1 Co 15, 12-16); por la aceptación de este
testimonio nace la fe cristiana en las comunidades (cf. 2 Ts 1, 10).
26. La misión de los testigos de Jesús se pone en
evidencia cuando tienen que dar testimonio ante las autoridades y los
tribunales, según el anuncio que Jesús había predicho ya a
los doce Apóstoles: «Os entregarán a los tribunales,
seréis azota
Los cristianos son persegui
Babilonia, el poder enemigo encarnizado
contra la ciudad celestial, se embriagará de la sangre de estos
mártires (cf. Ap 17, 6). Pero ellos
vencerán al diablo «gracias a la sangre del Cordero y a la
palabra del testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la
muerte» (Ap 12, 11). El martirio es
el testimonio de la fe consagrado por el testimonio de la sangre.
27. El seguidor de Jesucristo participa de su misma misión y,
por tanto, debe estar dispuesto a compartir sus sufrimientos y hasta su misma
muerte: «Si alg
No se puede ser amigo de Cristo sin abrirle
por completo el corazón, sin ser dócil a su voz, sin escuchar su
palabra: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os
mando» (Jn 15, 14).
Los creyentes, que aceptan el
testimonio apostólico, mantienen el testimonio de Jesús (cf. Ap 12, 17) y están llama
El testimonio de la fe es consecuencia
de la llamada a la santidad[17], que todo fiel recibe de Dios. El bautismo nos regala la
adopción filial divina y nos hace coherederos de Jesucristo (cf. Rm 8, 17), dándonos la fuerza del
Espíritu para testimoniar lo que se acepta por la fe. El seguimiento
radical de Jesucristo puede llevar al bautizado al martirio.
28. El término “martirio” hunde sus raíces en la lengua griega arcaica, proviniendo de la raíz “martyr”, que a su vez deriva de otra raíz: “smer”, cuyo significado es “pensar, recordar, estar preocupado”, equivalente al término latino “memor”, esto es, “hacer memoria”. El mártir, etimológicamente, sería aquel que recuerda, que puede dar noticia, que puede testimoniar.
En
El Nuevo Testamento emplea la palabra
mártir con un enriquecimiento y una novedad, para referirse al que da
testimonio de Cristo. Se trata del “testimonio de
El mártir, según el Nuevo
Testamento, es esencialmente el testigo presencial de los misterios de la vida
de Cristo y el que atestigua la verdad del Evangelio, aún a riesgo de
persecuciones, sufrimientos y muerte (1 Pe 4, 12-16). La novedad radical
del Nuevo Testamento consiste en la vinculación del testigo a la persona
y obra de Jesucristo.
29. La identificación del mártir con aquél que muere por ser testigo de la fe en Cristo se alcanzó sólo después de un largo proceso, que duró más de un siglo. La carta de Clemente (96), las cartas de San Ignacio de Antioquia (115) o el Pastor de Hermas (140), aún no utilizan el término mártir en este sentido.
El concepto de mártir en su
acepción actual —el que da su propia vida por
Los cristianos que sufrían
persecución en los primeros siglos de
31.
Aunque el Edicto de Milán
(año 313) permitió a
Los mártires, con su testimonio
y santidad, han favorecido la extensión de
En esta Carta pastoral nos limitamos a
hacer una breve referencia a los testimonios más relevantes de los
mártires de
San Ignacio de Antioquia, junto con
Clemente y Policarpo, es el lazo que nos une con la época
apostólica. Fue Obispo de la ciudad de Antioquia en tiempos del
emperador Trajano (98-117). Fue llevado a Roma para ser devorado por los leones
en el circo. Fiel defensor de la ortodoxia de la fe y de la unidad de
El siglo II nos ha legado
En el siglo III, un ilustre
cartaginés, San Cipriano, mártir él mismo en la
persecución de Valeriano (253-260), será quien distinga con mucha
precisión el término “mártir” del
término “confesor”. El primero señala a quien
ha dado su vida en el martirio y el segundo es quien, aún riesgo de su
integridad física o posición social, no ha negado a Cristo.
33. El martirio es un acto humano, que expresa fe y amor y es realizado de manera consciente y libre. Como acto de fe es una confesión de la divinidad de Jesucristo y de su obra salvífica. El creyente profesa su fe en el «Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Rm 15, 6); hace una confesión de fe en el Dios Trino.
El acto de fe y de amor nace de un
encuentro personal del mártir con Cristo Resucitado, que ha transformado
y salvado su vida de tal manera, que ésta ya sólo merece ser
vivida por Cristo y entregada plenamente a Él; por eso, es mejor
perderla antes que vivirla sin Él, o renegar de Él.
El Catecismo de
A lo largo de su vida el cristiano
puede realizar muchos actos de amor, pero no son definitivos; sin embargo, el acto
de amor martirial es un acto de amor definitivo, que lleva a la eternidad.
34. En la figura del mártir se lleva a cabo de modo perfecto la
unidad entre fe y vida, a la que to
El mártir no es un suicida, ni
alguien que quiere arriesgar su vida o provocar su muerte: el mártir es
alguien que cree, que espera, que ama; es alguien que trabaja por los pobres y
necesita
El mártir acepta libremente la
muerte y a la vez perdona a sus verdugos en virtud del amor a Dios, que le ha
dado la vida y que satisface su deseo natural de felicidad. La actitud del
mártir ha sido siempre la misma en toda época. El amor de Dios,
del que «nada nos separará» (Rm
8, 28), ha llevado a los hombres y mujeres de fe de to
35. La fuerza de los mártires es el amor eterno y desbordante de Dios, manifestado en Cristo Jesús, que se entregó por nosotros: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna; porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él» (Jn 3, 16-17). Es por este Hijo por quien podemos tener experiencia cierta del amor que Dios nos tiene. «En esto hemos conocido el amor que Dios nos tiene: en que Él ha dado su vida por nosotros» (1 Jn 3, 16). Al contemplar el rostro de Jesucristo en la cruz quedan respondidas las preguntas que el hombre pueda hacerse sobre el amor de Dios.
Este amor eterno e infinito es la
única fuerza capaz de mover el mundo, porque con su misericordia va
transformando los corazones de los que se acercan a Dios y los mueve a la
conversión.
36. Nuestro testimonio de Jesucristo, nuestra vida de fe, en cada acto cotidiano y sencillo, sólo halla sentido y fundamento en el amor de Dios. Sólo cuando conocemos lo mucho que Dios nos ama, es cuando nace en nosotros el deseo de corresponderle. Debemos estar dispuestos a dar la vida cada día, viviendo cada instante como una respuesta de amor a quien es el Amor (cf. 1 Jn 4, 16) y desgastándonos en su servicio y por amor a Él.
Del encuentro con este Amor nace en el
corazón humano el deseo de conversión; nace también todo
deseo de agradar a Dios, incluso con cualquier obra sencilla; nace el deseo de
comunicarlo a otros, de dar testimonio, pues, al sabernos tan queri