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HOMILÍAS EN EL AÑO 2004 

 

DICIEMBRE

Día 7. VIGILIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. Parroquia de Santa María. Alcalá de Henares

Día 8. INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. Catedral de Alcalá de Henares

Día 13. BODAS DE ORO DE PROFESIÓN RELIGIOSA. HNA. TERESA ANDOZÚA. Hospital de Antezana. Alcalá de Henares

Día 18. PROFESIÓN RELIGIOSA DE LA HNA. MARÍA-CLARA PLASSERY. Monasterio de las Clarisas de Nuestra Sra. de la Esperanza. Alcalá de Henares

Día 21. DEDICACIÓN DEL ALTAR DE LA CAPILLA. Seminario Mayor. Alcalá de Henares

Día 25. MISA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR. Catedral de Alcalá de Henares

 

NOVIEMBRE

Día 13: Festividad de San Diego de Alcalá. Iglesia Catedral de Alcalá de Henares.

Día 12: Reflexión en torno al día de la Iglesia Diocesana. Revista Magnificat.

 

OCTUBRE

Día 31: 450 Aniversario de la Hermandad de Santiago y Ntra. Sra. del Pilar. Parroquia de San Juan Bautista. Arganda del Rey.

Día 23: XX Aniversario de la Hermandad de la Virgen del Rocío. Monasterio de Clarisas de Ntra. Sra. de la Esperanza. Alcalá de Henares.

Día 23: Ordenación de Diáconos. Catedral.

Día 18: Rito de Admisión de los Candidatos al Sacerdocio. Catedral.

Día 17: Despedida de Mons. Mielgo y toma de posesión del nuevo párroco. Parroquia de Santo Domingo de la Calzada. Algete.

Día 10: Despedida del Mons. Sánchez Díaz y toma de posesión del nuevo Administrador Parroquial. Catedral.

 

 

SEPTIEMBRE

Día 26. 10º Aniversario de la Capellanía polaca en Alcalá. Parroquia de San Bartolomé

Día 22. Funeral por Dª. Teresa Ibáñez, madre del Sr. Obispo. Iglesia Catedral-Magistral

Día 16. Novena de la Virgen del Val. Iglesia Catedral-Magistral

 

AGOSTO

Día 6. Solemnidad de los Santos Justo y Pastor. Iglesia Catedral-Magistral

 

JULIO

Homilías

Día 31. Peregrinación Diocesana. Catedral de Santiago de Compostela

Reflexiones sobre el Evangelio del Domingo
Publicadas en "Alfa y Omega"

Día 29. Atesorar, ¿para quién?. Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

Día 22. De la ambición al servicio. Solemnidad de Santiago Apóstol

Día 15. La mejor parte. Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Día 8. Las preguntas indiscretas. Domingo XV del Tiempo Ordinario

Día 1. La fuerza de una presencia. Domingo XIV del Tiempo Ordinario

 

JUNIO

Homilías

Día 13. Solemnidad del Corpus Christi. Iglesia Catedral de Alcalá de Henares

Día 3. Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Parroquia de San Cipriano en Cobeña

Reflexiones sobre el Evangelio del Domingo
Publicadas en "Alfa y Omega"

Día 24. Contigo al fin del mundo. Domingo XIII del Tiempo Ordinario

Día 17. El Mesías y los falsos salvadores. Domingo XII del Tiempo Ordinario

Día 10. La Eucaristía, el Alimento. Solemnidad del Corpus Christi

Día 3. El Secreto de la Unidad. Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

MAYO

Día 22. Ordenación de Presbíteros. Iglesia Catedral de Alcalá de Henares

Día 15. Fiesta de San Isidro Labrador. Parroquia de San Isidro en Torrejón de Ardoz

ABRIL

Día 18: FIESTA DE LA VIRGEN DE LA FUENTESANTA. II Domingo de Pascua o de la «Divina Misericordia». Talamanca de Jarama

Día 11: DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN. Catedral-Magistral

Día 10: VIGILIA PASCUAL DEL SÁBADO SANTO. Catedral-Magistral

Día 8: CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR DEL VIERNES SANTO. Catedral-Magistral

Día 7: MISA CRISMAL. Catedral-Magistral, Miércoles Santo, 7 de Abril de 2004

Día 4: CELEBRACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Magistral-Catedral

Día 2: "QUINARIO" A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD. Parroquia de Santa María de Alcalá de  Henares

Día 1: COLACIÓN DE MINISTERIOS DE LECTOR Y ACÓLITO. Catedral-Magistral de Alcalá de Henares

MARZO

Día 25: MISA EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO. Coslada.

Día 19: PROFESIÓN DE SOR ELSA BERMEJO. Monasterio de MM. Dominicas de Alcalá de Henares.

Día 18: SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ. Seminario Diocesano.

Día 17: CENTENARIO DE LAS MM. ESCOLAPIAS EN ALCALÁ DE HENARES. Iglesia Catedral.

Día 13: FUNERAL POR LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO. Polideportivo "El Juncal". Alcalá de Henares.

Día 11: MISA POR LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO. Iglesia Catedral.

 

FEBRERO

Día 25: Homilía del MIÉRCOLES DE CENIZA. Catedral de Alcalá de Henares
             SALUDO A LAS COFRADÍAS DE ALCALÁ DE HENARES

Día 22: 750 ANIVERSARIO DE SANTA CLARA. Monasterio de Clarisas de San Diego de Alcalá de Henares.

Día 10: FESTIVIDAD DE SANTA ESCOLÁSTICA. Monasterio de Carmelitas de Valfermoso de las Monjas. Guadalajara.

Día 5: EUCARISTÍA CON MOTIVO DE LA CAMPAÑA DE "MANOS UNIDAS". Parroquia de Santiago Apóstol de Alcalá de Henares,

Día 2: JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA. FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR. Catedral de Alcalá de Henares.

 

 

ENERO

Día 24: CELEBRACIÓN DE LA PALABRA. "ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS". Santa Iglesia Catedral de Alcalá de Henares.

Día 17: ACTO DE APERTURA DE LA VISITA PASTORAL AL ARCIPRESTAZGO DE TORREJÓN DE ARDOZ. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario.

Día 4: FIESTA DE SANTA GENOVEVA TORRES MORALES, FUNDADORA DE LAS "ANGÉLICAS". Madrid.

 

CELEBRACIÓN DE LA PALABRA.
"ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS"

Santa Iglesia Catedral de Alcalá de Henares, 24 de Enero de 2004.

 

Lecturas: Dt 7,7-11; Ef 2,14-18; Jn 3,14-17.

1. En esta oración ecuménica, algunos pastores de otras iglesias cristianas nos han ayudado a reflexionar sobre la Palabra de Dios, que ilumina nuestra existencia. Como nos decía el hermano Francisco, de la iglesia Bautista, Dios nos ha tomado muy en serio a las personas y nos ama profundamente. Y nuestro hermano Rogelio, de la iglesia griega ortodoxa, nos ha recordado la situación de la humanidad, internamente desgarrada por el pecado; pero Dios empeñó su palabra desde el principio, para salvar al hombre, que tanto ama, y redimir a toda la humanidad.

2. Todos nosotros somos objetos del amor misericordioso de Dios. Y ese Dios, que tanto nos ama, quiere salvarnos y recomponernos, porque hemos roto la imagen, que Él plasmó en nuestro corazón; la rompió Adán y Eva, nuestros primeros padres y la hemos roto nosotros, desfigurando la imagen de Dios en nuestra alma. Como dice San León Magno: "Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo" (Sermón 7 en la Natividad del Señor, 2). El Señor cumple su promesa de salvación, con una preparación larguísima, presentada en las distintas etapas del Antiguo Testamento, pero la cumple de modo definitivo en Jesucristo: Él es nuestra Paz (cf. Ef 2,14-16). Jesucristo es la salvación, la única salvación que tenemos los hombres: eso es lo que Cristo nos ofrece con su vida.

En la historia del pueblo de Israel se nos narra que Moisés hace una serpiente de bronce, para que quien la mire, habiendo sido mordido por serpientes venenosas, sea curado (cf. Nm 21,8-9).

3. En la etapa del nuevo pueblo de Israel, en el Nuevo Testamento, es Cristo el signo de salvación. El evangelista Juan, haciendo referencia al pasaje bíblico anterior, presenta a Jesucristo como la salvación: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna» (Jn 3,14-15).

Los cristianos hemos tomado la imagen de Cristo crucificado como signo propio y distintivo. Podemos contemplarlo clavado en la cruz: quien lo mire y crea en Él, será salvado. Cristo es nuestra Paz, porque ha roto todas las ataduras del mal, todas las tensiones entre los hombres, todos los pecados, todos los conflictos, todas las divisiones, todas las guerras que existen entre hermanos. Él ha arrancado todo el mal que existe dentro de cada uno de nosotros, en nuestros corazones.

4. Nos hemos reunido esta tarde, en el marco del "Octavario por la Unidad de los Cristianos", para pedir la Paz a Cristo: Él «ha hecho de los dos pueblos uno sólo, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo  Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad» (Ef 2,14-16).

Jesucristo ha arrasado todas las barreras y nos ha regalado el don de su paz (cf. Jn 14,27); pero no la paz que da el mundo, sino la paz de Dios, expresión del amor definitivo; la paz que salva; la paz que sana hasta la más profunda raíz de nuestro ser; la paz que supera toda división y perdona el pecado que existe dentro de nosotros mismos.

Esta tarde, hermanos, pedimos a Cristo que conceda su Paz a todos los cristianos, a todos los creyentes en Cristo; le pedimos también que los cristianos, con Cristo, por Él y en Él, logremos quitar todo tipo de barreras y divisiones que nos separan.

5. La Paz es, ante todo, un don de Dios. Cristo es la Paz; por tanto, Cristo es el gran regalo de Dios a la humanidad; y la paz nos la regala Jesucristo. Por otra parte, todo regalo recibido y aceptado implica un compromiso: Cuidar ese regalo; procurar que no se estropee. Esta tarde le pedimos al Señor Jesús que nos regale su paz y que nos ayude a comprometernos con el gran regalo de su paz. Con esta intención y deseo nos hemos reunido. Imploramos la paz y deseamos vivirla y comprometernos con ella. ¡Que el Señor nos regale su amor y su paz! Amén.

 

ACTO DE APERTURA DE LA VISITA PASTORAL
AL ARCIPRESTAZGO DE TORREJÓN DE ARDOZ

Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, 17 de Enero de 2004

 

Lecturas: Dt 30,10-14; Sal 18; Mc 6,30-34.

 

1. El Señor Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio de San Marcos (cf. 6,30-32), reúne a sus discípulos y los lleva a un lugar tranquilo, a un lugar donde puedan rezar, descansar y reponer fuerzas. Es lo que pretendemos cuando nos retiramos para hacer oración, para procurarnos unos días de silencio y tranquilidad, para hacer retiro o Ejercicios espirituales. Lo necesitamos todos los que trabajamos en la viña del Señor, para revisar nuestra vida, para proyectar los trabajos, para recobrar ánimo, para programar las actividades, para potenciar la acción que estamos realizando.

2. La Visita pastoral pretende ser un momento de reflexión y encuentro entre el obispo y los hermanos de la comunidad cristiana. El obispo desea encontraros a todos, conoceros personalmente; escuchar de vuestros mismos labios vuestros nombres, vuestra actividad, vuestras ilusiones, vuestros problemas. El obispo os visita para estar con vosotros y encontrarse con los sacerdotes y demás fieles cristianos: los que estáis comprometidos en la tarea de la evangelización, los que trabajáis en la catequesis, los que os preocupáis de potenciar las comunidades cristianas, los que deseáis que la Palabra de Dios llegue a todas las gentes de este Arciprestazgo de Torrejón.

3. La Visita pastoral es también un tiempo especial de oración: El obispo reza con sus fieles, celebra el perdón del Dios de las misericordias, lo alaba con la Acción de gracias y ora por todos, de manera especial por los enfermos. Os pido que, desde hoy hasta el final de la Visita pastoral a este Arciprestazgo, recéis todos los días, en todas las comunidad cristianas, por los frutos espirituales de la misma.

4. Otro objetivo de la Visita pastoral es favorecer y promover la comunión eclesial. La comunión no se refiere fundamentalmente a estar de acuerdo en la metodología o en las técnicas de trabajo pastoral; la comunión es mucho más: Implica compartir criterios pastorales de actuación, pero sobre todo es la unión con Jesucristo en el Espíritu, que se expresa y se constituye en la Eucaristía; es la unión jerárquica con los representantes de Jesucristo, empezando por el Papa, siguiendo por el Obispo de la Diócesis y finalizando por los sacerdotes; ellos ejercen su ministerio en comunión con el Obispo; porque si no hay plena comunión con el Obispo, no hay trabajo eclesial.

5. El signo visible de comunión de toda la Iglesia es el Papa: "Principio visible y perpetuo fundamento de la unidad de la fe y de comunión" (Lumen gentium, 18). El signo visible de comunión en la Diócesis es el Obispo propio (cf. Lumen gentium, 23). La Visita pastoral expresa de modo especial esta verdad de que el obispo ha sido puesto al frente de la Diócesis, como pastor de la misma, y en calidad de sucesor de los Apóstoles. Es Jesucristo mismo quien se acerca a vosotros, a través de aquel que Él ha puesto como Cabeza de la iglesia particular, para que lo represente de manera especial. El Obispo es el representante principal de Jesucristo, porque tiene la plenitud del sacramento del Orden.

6. Los presbíteros son también representantes del mismo Jesucristo, que os acompañan todos los días y están con vosotros de manera permanente; son los colaboradores necesarios de los obispos: "Como no lo es posible al obispo, siempre y en todas partes, presidir personalmente en su Iglesia a toda su grey, debe por necesidad erigir diversas comunidades de fieles. Entre ellas sobresalen las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo" (cf. Sacrosanctum Concilium, 42). El párroco es la cabeza de cada parroquia, junto con los demás sacerdotes que allí colaboran.

A veces se infiltran en la Iglesia maneras de pensar, modas y estilos, propios de otras instancias ajenas a ella (instituciones civiles, partidos políticos), que no son propios de la realidad eclesial y distorsionan la verdad. En la toma de decisiones de las instancias no eclesiales (civiles y políticas) suele prevalecer la "mayoría numérica"; mientras que en las comunidades cristianas debe prevalecer el "consenso", fruto de la comunión eclesial, del diálogo, de la escucha mutua, de la oración y de la búsqueda de la voluntad de Dios. Sobre este tema hablaremos más detenidamente en los encuentros con los consejos parroquiales.

7. Si bien la parroquia es la célula del organismo eclesial, donde se celebra y vive la fe, el arciprestazgo es el equipo coordinador del funcionamiento de las comunidades cristianas. Los sacerdotes de un mismo arciprestazgo deben encontrarse, compartir sus experiencias, dialogar sobre la marcha de las comunidades, animarse mutuamente, reflexionar sobre lo que se está haciendo y cómo se está llevando a cabo. Todo ello revierte positivamente en el trabajo que cada sacerdote realiza en la parroquia y en las actividades de los diversos grupos de personas (niños, jóvenes, adultos, enfermos, ancianos) y equipos de trabajo (catequistas, liturgia, matrimonios, "Caritas", "Vida Ascendente"). Junto con los sacerdotes, conviene que algunos fieles cristianos laicos y de vida consagrada participen también en las reuniones de coordinación pastoral del arciprestazgo.

8. Hemos escuchado en la lectura del libro del Deuteronomio que la Palabra de Dios no hay que ir a buscarla fuera: «Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo (...) ni están al otro lado del mar (...) sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica» (Dt 30,11-14). La Palabra de Dios podemos leerla y conocerla; ella es fuerza y alimento para el hombre. Esta Palabra debe estar presente en nuestras reuniones, litúrgicas y no litúrgicas. Esta Palabra de Dios la trasmite fielmente la Iglesia y la interpreta auténticamente el magisterio de la misma. Nadie, fuera del magisterio, puede interpretar a capricho la Palabra de Dios; las iglesias cristianas no-católicas que así lo hacen están expuestas a una continua división y diversificación de las mismas.

9. Según el relato evangélico de Marcos, la gente que había escuchado a Jesús y había quedado impactada por su palabra fue a buscar al Maestro; quería escuchar a alguien, que dijera cosas significativas e importantes; no buscaba a un agorero, ni a un publicista, ni a un mercader, ni a un vendedor, sino a un auténtico Maestro. Jesús, «al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34).

Esta escena nos hace pensar en Torrejón: También aquí hay mucha gente que anda como ovejas sin pastor y necesita ser adoctrinada, ser ayudada para descubrir el significado de su vida, ser alimentada con comida sólida para poder recorrer el camino de la vida, ser nutrida adecuadamente para vivir, crecer y madurar. Hay gente en Torrejón que no ha oído hablar de Dios; que tiene una imagen falsa del mismo o que le preocupa muy poco en su vida. Incluso hay gente que se profesa cristiana, pero no sabe quién es Jesucristo, ni qué es la Iglesia, ni qué son los sacramentos. Hay gente que ha perdido el sentido religioso y el rumbo de la orientación de su vida; que vive situaciones humanas difíciles, empezando por la familia; que busca la felicidad, donde no se encuentra. El arciprestazgo de Torrejón, campo de trabajo que el Señor pone delante de nuestros ojos, es como un "desierto", que hay que trabajar para hacerlo verdear y florecer.

10. Los cristianos necesitamos un ambiente espiritual fuerte y sólido, que nos dé fuerza; necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios y del pan de la Eucaristía, para poder seguir adelante y caminar en este desierto de nuestra vida; necesitamos a los pastores que Dios ha puesto a nuestro lado, para que nos enseñen, nos guíen y nos corrijan las posibles "modas", tomadas de la mentalidad secularista. Todos los que estamos aquí esta tarde, en esta Apertura de la Visita pastoral al Arciprestazgo de Torrejón, estamos llamados a dar testimonio del Evangelio y a proclamar su luz a nuestros paisanos.

11. Os animo a vivir esta Visita pastoral con ilusión y alegría; a vivirla con fe, porque el Señor está con nosotros y convierte nuestro corazón hacia Él; a tener esperanza, porque Dios nos ayuda en nuestra tarea y puede convertir en verde y fecundo el árido desierto (cf. Is 35,6-7). La fuerza no está en nosotros, sino en Jesucristo; pongámonos en manos del Señor y de la santísima Virgen. Me alegro de la providencial coincidencia de celebrar la Apertura de la Visita pastoral en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario.

¡Que la Virgen, con su maternal intercesión, nos acompañe de la mano, nos ayude, nos proteja, nos anime, nos cuide y nos guíe en esta tarea! ¡Que la Visita  Pastoral produzca sus mejores frutos! Amén.

 

FIESTA DE SANTA GENOVEVA TORRES MORALES,
FUNDADORA DE LAS "ANGÉLICAS"

Madrid, 4 de Enero de 2004

 

Lecturas: Eclo 2,7-13; Sal 90,1-6.10.11; Gal 6,14-18; Mt 25,31-40.

 

1. En estos días de Navidad ha resonado, en nuestros oídos, en nuestros corazones y en toda la Iglesia, el himno de alegría y de gloria con el que los ángeles anunciaron en Belén a los pastores la Buena Nueva del nacimiento del Salvador: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor» (Lc 2, 14). Dos mil años después de este gran acontecimiento, la Iglesia sigue exultando de gozo por este maravilloso gesto de la misericordia de Dios para con los hombres.

En este ambiente navideño celebramos hoy la primera fiesta litúrgica de Santa Genoveva, canonizada por el Papa Juan Pablo II en Madrid, el 4 de mayo del pasado año 2003. Hoy damos gracias a Dios por su persona y por las maravillas que realiza a través de su obra. Queremos felicitar a toda la gran familia de las "Religiosas Angélicas", por el regalo de la canonización de su Fundadora.

Ella gozó de la presencia de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, y experimentó la alegría de su cercanía. También ella oyó en su corazón el himno de los ángeles, que invitaba a dar gloria a Dios y a vivir la paz que él traía a la tierra. Madre Genoveva confió en Dios, como hemos oído en el libro del Eclesiástico: «Los que teméis al Señor, confiaos a él, y no os faltará la recompensa» (Eclo 2,8); ella puso en sus manos toda su vida y su obra; y nos anima a poner toda nuestra vida y nuestras obras en manos de Dios.

2. En los momentos de grandeza y en las dificultades puso su confianza en el Señor, quien envió a sus ángeles para confortarla, como hemos cantado en el Salmo responsorial: «No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda; porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos» (Sal 90,10-11). De este modo se convirtió ella misma en "ángel" para otras personas.

Ella describe la paz de su alma, al sentir la cercanía de Dios: "Mi alma, gracias a Dios, está tranquila con una paz que inunda mi alma de gozo. Sólo Dios puede derramar sus luces y apagar las zozobras y turbaciones que los hombres procuran sembrar en corazones acostumbrados a fiarse de Él" (Carta 202, 554). Y aquí mismo cita el texto de Santa Teresa de Jesús: "Nada te turbe..., sólo Dios basta";  y reconoce no ser más que "un granito de arena, que se pierde en la inmensidad de mar del Corazón de Jesús" (Carta 202, 554).

3. Genoveva Torres Morales, nacida en Almenara (Castellón) el día 3 de enero de 1870, la más pequeña en una familia de labradores de seis hijos, quedó pronto huérfana de padre y algunos años más tarde perdió también a su madre y vio morir en pocos años a cuatro de sus hermanos. A los trece años, un tumor maligno en la pierna izquierda y la presencia de la gangrena le exigen la amputación de su pierna; más tarde, a los quince años, fue internada en el orfanato "Casa de la Misericordia" de Valencia, donde permaneció hasta los veinticuatro.

Estas dolorosas y tempranas experiencias marcarían su vida, pero no le impidieron, sin embargo, tener un carácter alegre, sino que le ayudaron a forjarse en humanidad y en virtud cristiana.

Ve en el sufrimiento una motivo de unión con Dios; en palabras suyas: "Hay mucho que sufrir; pero por la misericordia de Dios, no me falta ánimo (...). Nada me satisface. Sólo el estar con Dios. (...). Yo pienso que el que no sufre es un desgraciado" (Carta 13,283). Parece que nos dijera con San Pablo: «¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está para mí crucificado y yo crucificado para el mundo!» (Gal 6,14).

Las Hijas de Santa Genoveva se alegraron cuando ella alcanzó la santidad y cantaban: "Ya no necesita muletas", como pudimos oír en Roma el día de su Beatificación. Jesús murió en la "cruz ignominiosa", que se convirtió en "cruz gloriosa". A Santa Genoveva no es posible imaginarla ya sin muletas, pero ahora son "gloriosas". Tenemos la tentación de rehuir nuestra propia cruz, pero el Señor quiere santificarnos a través de ella; al final de nuestra vida, esa cruz será "cruz gloriosa".

4. Madre Genoveva es una mujer de gran corazón, que quiere amar a Dios sin reservarse nada: "Quiere el Señor almas grandes, y no lo son las que guardan alguna partecita de su propio corazón. Entonces somos aves de rapiña. No acepta el Señor la ofrenda de un corazón partido ni puede decirse que ama el que teme dar aquello, que el Señor quie­ra pedirle" (Carta 191,541). Y desea incluso tener un corazón como el de Dios "para corresponder con el mismo amor, la misma pureza, con la misma humildad, con la misma paciencia, con la misma obe­diencia" (Carta 56,352).

Amó a Dios en el prójimo y al prójimo en Dios en una armónica y fecunda síntesis. Lo acreditan innumerables hechos: ayuda a los necesitados, limosnas a los pobres, acogida a los refugiados de guerra, comprensión ante la debilidad ajena, perdón ante las ofensas recibidas, atención a los faltos de cariño y amparo a los que sufren soledad.

5. Todo este programa de vida queda reflejado en la fundación de la "Congregación de Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles", popularmente "Religiosas Angélicas".

Madre Genoveva se dejó llevar, siguiendo los planes de Dios, para fundar este Instituto. Como ella misma atestigua: "Me puse en las manos de Dios, para cuanto pudiera querer de mí, con voluntad firme de no resistirme en nada de cuanto de mí exigiera, costara lo que costara".

Descubrió, desde su juventud, unas personas faltas de atención y cariño, y sintió la necesidad de proporcionarles un hogar agradable y acogedor. Fue vislumbrando su vocación como "ángel de la soledad" para esas pobres gentes, que por distintos motivos quedaban abandonadas. Captó un acuciante problema que aquejaba a muchas mujeres en los comienzos del siglo XX: la soledad.

Fundó en Valencia, en 1911, la primera casa del Instituto, con el carisma y misión de "aliviar la soledad de las personas que, por diferentes circunstancias, viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu". La sociedad fue erigida en Zaragoza como "Pía Unión" en 1912. Vinieron después diversas fundaciones en varias ciudades: Madrid, Bilbao, Barcelona, Santander, Pamplona; y también el paso de "Pía unión" a "Congregación religiosa".

6. Entre las características de su espiritualidad destaca su amor a la Eucaristía. Todas las casas empezaban por el "Sagrario", pues como decía Madre Genoveva: "Porque estando Jesús en casa nada temo" y de esta forma imprimió en sus religiosas una nota característica de su espiritualidad: la adoración-reparación a la Eucaristía.

El amor a la Eucaristía procuró inculcarlo en sus hermanas, a quienes decía: "Pero Jesús ama. Sí, Hermanas, amemos nosotras y todo lo que nos mortifica, el amor lo endulzará, y callando con alegría, vayamos a estudiar a Jesús en el Sagrario y allí tendremos fuerza para luchar" (Carta 255, 612-613).

Esperamos que las amadas Hijas de esta venerable Madre, fieles al carisma fundacional, sigan teniendo como centro de su vida la Eucaristía.

7. Se suele decir de los santos que son pioneros en aquella actividad a la que se dedican y que, con su actitud, se adelantan a su tiempo. También se ha dicho esto de Santa Genoveva, al considerarla pionera de la atención a las personas que viven en soledad.

Sin embargo, desde una actitud de fe, haríamos mejor justicia a los santos si dijéramos que contemplan las cosas desde Dios. No es que se adelantan a su tiempo, sino que descubren las necesidades de los hombres en tiempo real, porque su mirada es desde Dios. El profeta contempla las cosas desde la visión divina, que es eterna y en la que no cuenta el tiempo.

Tal vez necesitamos quitarnos muchas vendas de los ojos, para descubrir las necesidades de nuestros hermanos, porque estamos demasiado ocupados en contemplarnos a nosotros mismos. Santa Genoveva es un ejemplo de solicitud humana a lo divino, que acontece cuando uno es capaz de olvidarse de sí mismo y contemplar a los otros con la mirada paternal de Dios.

Actuando así podremos oír de labios del Señor, al final de nuestra vida, las palabras del Evangelio de hoy: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36). Y Dios nos hará pasar al banquete que nos tiene preparado desde la eternidad, como ha hecho con nuestra Madre Genoveva.

8. Los santos no se hacen solos, sino que se acompañan y se ayudan unos a otros. En todas las épocas suele haber siempre un grupo de santos, que se han conocido, tratado y ayudado. Hace pocos días leíamos en el "Oficio de lectura" la amistad entre los santos Basilio y Gregorio Nazianceno. En el siglo XVII hubo una gran floración, de cuya espiritualidad bebió Madre Genoveva: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Felipe Neri.

Durante su vida terrena, Genoveva tuvo ocasión de conocer a diversos religiosos, hombres de Espíritu, muchos de ellos con espiritualidad ignaciana, que le ayudaron a ser fiel a los planes que Dios le pedía. Conoció también un sacerdote secular, que después fue testigo especial para el proceso de su canonización: Don José María García Lahiguera. Traigo a la memoria este varón de Dios, cuyo proceso también ha comenzado y ojalá veamos pronto elevado a los altares.

A vosotras, estimadas hermanas, os une a él su labor espiritual como capellán de vuestra casa en Madrid, apenas ordenado sacerdote, y la amistad que mantuvo con vuestra Santa Madre. Para mí ha sido el Obispo que me ha otorgado las órdenes sagradas, incluido el presbiterado, mientras fue Arzobispo de Valencia.

Deseo pedir al Señor, en esta fiesta de Santa Genoveva, que conceda la santidad a todas aquellas venerables personas, que trataron con ella y desearon ardientemente ser santos.

Pedimos también, por intercesión de vuestra Santa Fundadora, que Dios nos conceda la santidad a los que hoy celebramos esta fiesta y que aún  caminamos por este valle de lágrimas. ¡Que seamos como los eslabones de una larga cadena de santos! Somos otra generación, a la que el Señor invita a la santidad. ¡Pidamos a Dios poder pertenecer a la pléyade innumerable de santos del siglo XXI! ¡Que nos estimulemos a progresar en el amor a Dios y al prójimo! ¡Ayudémonos unos a otros, para cumplir más fielmente la voluntad de Dios en nuestras vidas!

9. Con su autorretrato Madre Genoveva alaba a Dios, como la Virgen María en el "Magnificat", porque ha hecho maravillas a pesar de su pequeñez: "Salida de las clases más humildes de la sociedad; pobre y sin medio alguno de fortuna; desprovista de toda formación literaria e intelectual; privada de otras cualidades que nacen del talento y del conocimiento del mundo; mutilada en los miembros más precisos para la vida activa, e inutilizada, por tanto, para el trabajo; agobiada con graves enfermedades y flaca siempre de salud; sin más recursos que nuestra pobre voluntad, no siempre dócil (lo confesamos para nuestra confusión), sino muchas veces rebelde a las inspiraciones divinas, acometimos la empresa de fundar la Sociedad Angélica del Sagrado Corazón" (Circular, abril, 1922, p.186).

Como San Pablo, podemos decir: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros» (2 Co 4,7).

¡Que el ejemplo de María, la Virgen, y de Santa Genoveva nos ayude a vivir, con sencillez y humildad, las maravillas que Dios quiera obrar en nuestra vida! Amén.

 

 

J

 

 

JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA.
FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Catedral de Alcalá de Henares, 2 de Febrero de 2004

 

Lecturas: Ml 3,1-4; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40.

1. Celebramos hoy la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor. Jesucristo, el Hijo de Dios ha querido asumir la naturaleza humana, compadeciéndose de nuestras flaquezas y siendo probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado (cf. Hb 4,15). Por eso, como hemos oído en la lectura proclamada de la carta a los Hebreos: «Tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo» (Hb 2,17). Él ha venido para que nosotros tengamos vida (cf. Rm 6,23); ha querido compartir con nosotros la filiación divina (cf. Jn 1,12), que le corresponde como Hijo único de Dios; se ha acercado a nosotros para llevarnos a su Reino (cf. Col 1,13; 1 Ts 2,12).

En la oración colecta de la misa hemos pedido al Señor, que así como Jesús fue presentado en el Templo, nosotros podamos ser presentados ante la presencia de Dios con el alma limpia. ¡Que esta fiesta de la Presentación nos ayude a prepararnos para presentarnos más dignos ante Dios, al final de nuestra vida terrena, y poder gozar de su eterna compañía!

¡Damos gracias a Dios Padre, que nos ha amado en su Hijo Jesucristo! Por la gracia de la filiación recibida en nuestro bautismo, estamos llamados a compartir la herencia de los santos. La fiesta de la Presentación del Señor es, pues, motivo de alegría para todos los bautizados.

2. Al inicio de esta celebración hemos bendecido los cirios y los hemos encendido, queriendo significar que Cristo es nuestra luz. En el bautismo recibimos la luz de la fe, la luz de Cristo. Con el gesto de hoy queremos expresar nuestra adhesión de fe y de amor a Jesús, y nuestro compromiso de caminar junto a Él; porque sólo Él es la «luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn 1,9). Como hemos escuchado en el Evangelio de San Lucas, el anciano Simeón, teniendo en brazos a Jesús, lo proclama: «Luz para alumbrar a las naciones» (Lc 2,32). Desde nuestras tinieblas, desde nuestras miserias, desde nuestro pecado hemos podido vislumbrar la luz de Cristo y seguir sus huellas. ¡Que su luz nos ilumine siempre y nos conduzca hacia la Verdad eterna! ¡Que iluminados por su presencia podamos sortear los valles de tinieblas que nos circundan! ¡Que podamos también ser testigos de esa maravillosa luz, que resplandece hasta la eternidad!

3. En esta fiesta de la Presentación del Señor celebramos también, desde hace ocho años, la "Jornada Mundial de la Vida consagrada". El lema de este año reza así: "Seducidos por Jesús en la causa de la justicia y de la paz". Estimados consagrados, en el proceso de vuestra vocación habéis tenido un encuentro personal con el Señor, que os ha ganado el corazón y os ha atraído hacia Él; habéis sido "seducidos" en cierto modo por Él, como dice el lema. El consagrado se entrega amorosamente a Dios en una relación personal, en un permanente diálogo de amistad profunda, en una hermosa relación personal de tú a Tú, en una sintonía de corazones. Esta relación personal no termina en sí misma, sino que lleva a otros encuentros, anima a buscar a los hermanos, los hombres, y da fuerzas para ayudarles en su caminar.

4. El Papa Juan Pablo II, en su Exhortación postsinodal Ecclesia in Europa fruto de la reflexión sinodal de las Asambleas especiales para Europa celebradas en 1991 y en 1999, presenta los retos que la Iglesia tiene hoy planteados, focalizándolos desde la perspectiva "Jesucristo es nuestra esperanza". A partir de estos retos, podemos reflexionar sobre nuestra misión de consagrados. Constata que las iglesias están a menudo afectadas por un oscurecimiento de la esperanza y que se vive una época desconcertante en la que muchos hombres parecen desorientados, inseguros y sin esperanza, y muchos cristianos están sumidos en este estado de ánimo (cf. N. 7).

Ante esta situación, las personas de especial consagración, afianzados en Cristo, esperanza de la humanidad, estáis llamados a ayudar a quienes viven sin esperanza; a presentarles a Cristo, para que llene su corazón vacío; a dar ánimo a quien la vida lo ha dejado sin ilusión. Para ello hace falta vivir la fe cristiana, recibida en el bautismo, y el carisma de la vida consagrada con ilusión y con la fuerza del Espíritu.

5. Entre los signos preocupantes que perturban el Continente europeo, en este principio del tercer milenio, el Papa enumera varios. En primer lugar, "la pérdida de la memoria y de la herencia cristianas", unida a una especie de agnosticismo práctico y de indiferencia religiosa, sin base religiosa. Existe el peligro de que las expresiones culturales que el cristianismo ha producido en Europa a lo largo de los siglos, queden en simple "huellas" de un pasado, que ya no tiene presencia ni vitalidad. Resulta difícil vivir la fe en Jesucristo en un contexto social en el que el cristianismo es desdeñado y amenazado; y donde es más fácil declararse agnóstico que creyente (cf. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 7).

La respuesta de los consagrados, a este signo preocupante de la situación de nuestra sociedad, es contribuir con su testimonio a clarificar la identidad cristiana. Lo más genuino de la fe cristiana no se puede diluir con otras religiones o formas de pensar. Vuestra respuesta debe ser trasformar, como levadura, aquellos campos del tejido social en los que estáis presentes, según vuestro carisma propio: el cuidado de ancianos, la formación de los niños o jóvenes, la educación, el cuidado de los enfermos, la pastoral parroquia, la alabanza divina en el silencio monástico. Hay que vivir en esos sitios la identidad cristiana, sin que se difumine, porque no todo es válido, ni todo es cristiano.

6. El Papa habla también de "un cierto miedo en afrontar el futuro". Este miedo va acompañado de un vacío interior, que atenaza a muchas personas y de la pérdida del sentido de la vida. Como consecuencia de esa angustia existencial menciona el descenso de la natalidad, la resistencia a tomar decisiones definitivas de vida y la disminución de las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagración (cf. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 8). La madurez de un hombre y de un cristiano está en saber renunciar a lo inmediato, por un bien mayor a largo plazo; más aún, a plazo eterno. Pero esa no es precisamente la actitud de muchas personas.

Vivir con alegría la consagración al Señor es el mejor testimonio que podéis dar a quienes son llamados por Dios a la vida de especial consagración, es decir: a las nuevas vocaciones. Y vocaciones hay, porque Dios sigue llamando y el Espíritu suscita los dones y carismas que la Iglesia necesita en cada momento. Es necesario que los jóvenes, que reciban esa llamada, respondan con generosidad a la misma. A veces tienen dificultades para escuchar esa llamada, porque en su corazón no hay silencio.

Vivir el compromiso de la consagración al Señor es también una gran ayuda para quienes han pedido el sentido de su vida: ellos pueden miraros, pueden contemplar a los consagrados, que viven con alegría su vida.

Vivir el compromiso de vuestra entrega a Dios hasta el final de la propia vida es la mejor ayuda que podéis dar, para quienes se resisten a tomar decisiones definitivas en su vida, sea en la vida matrimonial, sea en la vida consagrada. El compromiso es para toda la vida. La Virgen María dijo un "sí" definitivo a Dios.

7. Otro signo, muy difundido, según el Papa, es la "fragmentación de la existencia", expresada en una sensación de soledad, presencia de divisiones, crisis familiares, deterioro del concepto de familia, conflictos étnicos, actitudes racistas y tensiones interreligiosas. Existe un egocentrismo que encierra en sí mismos a las personas y los grupos (cf. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 8).

La vida cristiana y la vida consagrada es lo contrario de un encerrarse egoístamente. La vida consagrada es apertura, donación, acercarse al otro, vivir la comunión fraterna y la comunión con Dios, ayuda a nuestro mundo para superar divisiones y fragmentación de la existencia. Hay que trabajar para ello.

8. Se percibe también un "decaimiento creciente de la solidaridad", a pesar de los esfuerzos de las instituciones asistenciales. Para muchos, la globalización que se está produciendo, en vez de llevar a una mayor unidad del género humano, amenaza con seguir una lógica que margina a los más débiles y aumenta el número de los pobres de la tierra (Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 8).

Sabemos que muchas comunidades cristianas están preocupadas por la solidaridad y socorren muchas necesidades. Pero no es suficiente la solidaridad de la propia congregación, de la comunidad, de la parroquia o de la diócesis; es necesario un compromiso personal, unido al compromiso comunitario eclesial, de vivir la solidaridad con los más necesitados, la opción preferencial por los más pobres. Es típico de todo cristiano y propio de la vida consagrada.

9. El Papa constata asimismo el "intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo" (Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 9), que está en la raíz de la pérdida de la esperanza y que lleva a considerar al hombre como el centro absoluto de la realidad, pretendiendo ocupar el lugar de Dios. El olvido de Dios ha conducido siempre al abandono del hombre; del relativismo en la gnoseología y en la moral; y del pragmatismo y hasta del hedonismo cínico en la configuración de la existencia diaria. La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera (Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 9).

Ante esta constatación, hay un testimonio que se nos pide a los cristianos y, de modo especial, a los consagrados, para que haya una antropología, que viva de Dios y que este centrada en Cristo; una antropología contrapuesta a la de los que viven sin Dios y sin Cristo. El hombre debe ocupar el sitio que le corresponde y reconocer que Dios es su Señor, para darle la gloria y obedecer sus mandaos, para darle gracias y pedirle perdón.

10. En esta fiesta de la Presentación del Señor, en la que celebramos la "Jornada Mundial de la Vida Consagrada", damos gracias a Dios por los consagrados. Sois una riqueza para la Iglesia y para la sociedad; sois presencia de Dios en el mundo; sois un gran testimonio para todos los hombres. Queremos agradecer vuestra presencia, vuestro sí a Dios, vuestro compromiso, vuestro trabajo y vuestra fidelidad al carisma.

Además de dar gracias a Dios por todo ello, vamos a pedirle que os mantenga en la fidelidad. ¡Que os haga vivir con alegría el carisma propio! ¡Que siga llamando a jóvenes a la vida consagrada y éstos respondan generosamente a su llamada! ¡Que la Virgen, la madre del Señor, que lo llevó a presentarlo al Templo, nos lleve también a nosotros de su mano y nos presente ante Dios! ¡Que nos ayude a ser fieles, como Ella lo fue, a la misión que Dios nos ha encomendado! Amén.

 

 

E

 

 

EUCARISTÍA CON MOTIVO DE LA CAMPAÑA DE "MANOS UNIDAS"

Parroquia de Santiago Apóstol de Alcalá de Henares,
5 de Febrero de 2004

Lecturas: Is 6,1-8; 1 Co 15,1-11; Lc 5,1-11.

1. La lectura de Isaías nos presenta una visión del profeta: un ángel le aplica a los labios unas brasas ardiendo, para purificarlo (cf. Is 6,6-7). A partir de esta purificación, Isaías queda disponible para lo que le mande Dios: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra? Dije: Heme aquí: envíame» (Is 6,8).

Hemos empezado la Eucaristía pidiendo perdón a Dios por nuestras negligencias; por nuestra falta de generosidad; por el escaso compromiso en la lucha contra las injusticias; por desentendernos de situaciones de necesidad, que nuestros hermanos padecen. Pedir perdón al Señor es el primer paso, para disponer nuestro corazón a aceptar su voluntad. Hace falta una purificación, no sólo de los labios sino también del corazón; hace falta un cambio que lleve a la conversión, para estar más disponibles ante el Señor y ante los hermanos.

2. El Papa actual nos ha enseñado a pedir perdón, incluso de acciones pasadas que los cristianos de ahora no han cometido; pero existe una fraternidad y una corresponsabilidad. Pedir perdón nos purifica y nos sitúa en una actitud más apta para acoger al Señor y a los hermanos.

En esta campaña de "Manos Unidas" se nos invita a asumir cada uno la propia responsabilidad, sin descargarla en los demás.

3. Hemos escuchado la hermosa escena del evangelio de San Lucas, en la que Jesús, después de haber enseñado desde la barca a la muchedumbre, le dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar» (Lc 5, 4).

Simón, experto pescador, ha bregado con sus compañeros durante toda la noche empleando sus técnicas, pero no ha pescado nada; pero fiado en el Señor vuelve a la tarea: «Por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). Y, haciéndolo así, el fruto de la pesca fue muy abundante.

El que dirige la pesca es Jesucristo; los cristianos actuamos en su nombre y hemos de vivir en la certeza de que el fruto de la pesca milagrosa, igual que el de nuestro apostolado, está vinculado a fiarse de Dios y en su nombre echar las redes. No se deben alegar pesimismos de estar pescando toda la noche sin coger nada, o quejarnos de los pocos o nulos resultados de nuestras gestiones, de nuestras técnicas o de nuestros proyectos. Hemos de echar las redes en nombre de Jesús. Podemos tener ideas geniales, pero se trata más bien de confiar en el Señor.

Esto es aplicable también al tema de la solidaridad. Todos sabemos que cuando "Manos Unidas" ha puesto más confianza en la técnica y en los proyectos que en Dios, no han salido mejor las cosas.

4. La reacción de Pedro, cuando se percata de que la acción de Dios es más potente y fecunda que toda su pericia, es inmediata: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8). Sin embargo, la respuesta de Jesús es diversa a la petición de Pedro: no sólo no lo aparta de su grupo, sino que lo invita a permanecer siempre con Él y le encarga una misión más importante y sublime: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 7,10).

Si dejamos de confiar en nosotros mismos y nos fiamos de Él, nos hará instrumentos suyos, que producirán mucho fruto. Los resultados no podemos atribuirlo a nuestros méritos, sino a la gracia de Dios. Todos tenemos experiencia de haber trabajado para que las cosas salieran de una manera concreta y, sin embargo, han salido de forma diferente; pero, el resultado final ha sido mucho mejor de lo que nosotros esperábamos. Lo mismo puede suceder con los proyectos de "Manos Unidas".

5. Al comenzar el nuevo milenio, el Papa Juan Pablo II nos decía en la carta apostólica Novo millennio ineunte, que estas mismas palabras de Jesús a Pedro resuenan en nuestros corazones: «Rema mar adentro»; y que se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino.

"Es necesario que la Iglesia del tercer milenio impulse a todos los bautizados y confirmados a tomar conciencia de la propia responsabilidad activa en la vida eclesial. Junto con el ministerio ordenado, pueden florecer otros ministerios instituidos o simplemente reconocidos, para el bien de toda la comunidad, atendiéndola en sus múltiples necesidades: de la catequesis a la animación litúrgica, de la educación de los jóvenes a las más diversas manifestaciones de la caridad" (NMI,46). "Manos Unidas", formada por laicos y gestionada por laicos, representa una tarea que el Señor ha puesto en vuestras manos.

6. En esta campaña del 2004, "Manos Unidas", como asociación de la Iglesia, nos quiere llamar a un compromiso para hacernos cercanos y solidarios con los más pobres. Y lo hace con el lema: "El futuro del mundo, compromiso de todos"; es una llamada de Cristo a comprometernos en ese futuro, no lejano.

"Cuando nos asomamos a los medios de comunicación y percibimos cómo va el mundo, lo inmediato no es pensar qué parcela de responsabilidad tiene cada uno en el futuro del mudo, o que los países cumplan la promesa del 0'7%, o que 1.500 millones de personas puedan tener acceso al agua potable... Es más fácil pensar que esas son cosas de los gobernantes... El compromiso con el mundo es gradual, escalable, cada cual el suyo, pero nadie tiene derecho de sentirse ajeno al drama que el Planeta está viviendo" (Documento base de Manos Unidas 2.004).

El actuar con los pobres en compartir fraterno, se pregunta Juan Pablo II: "¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de las palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras" (NMI, 50).

7. No cerremos nuestros oídos ante la palabra del Señor, pensando que él sólo llama a Pedro y a los apóstoles, y en ellos a sus sucesores, los Obispos. También nos sigue llamando a cada uno de nosotros, porque por el Bautismo participamos de la profecía de la Iglesia.

Los primeros discípulos, ante la llamada del Maestro, «lo dejaron todo y lo siguieron» (Lc 5,11). Isaías nos ha contado su vocación profética: a la llamada del Señor contestó, "aquí estoy, mándame".

Como enseña Pablo a la comunidad de Corinto, en la Iglesia existe una gran diversidad de ministerios y tareas, pero todos somos miembros del mismo y único cuerpo de Cristo (1 Co 12,12). Amén.

 

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FESTIVIDAD DE SANTA ESCOLÁSTICA

Monasterio de Carmelitas de Valfermoso de las Monjas
Guadalajara, 10 de Febrero de 2004

Lecturas: Os 2,14-20; Ap 19,1-9; Lc 10,38-42.

1. Las lecturas de hoy nos ofrecen la imagen del "esposo-esposa" para hablarnos del amor de Dios al hombre. El profeta Oseas nos presenta el amor de Dios al pueblo de Israel: «Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón» (Os 2,16). Dios quiere revitalizar el amor de su pueblo hacia Él.

El Señor os trajo, estimadas hermanas, al desierto de la vida monástica y os ha amado tiernamente; aquí, en el silencio de los claustros ha querido hacer una hermosa historia de amor con cada una de vosotras. Dios quiere, como un esposo, renovar en su amada el amor de juventud y volver a despertar en ella los sentimientos de los primeros días: «Ella responderá allí como en los días de su juventud» (Os 2,17). En esta fiesta de Santa Escolástica, Dios quiere renovar en vosotras el amor de vuestra consagración a la vida monástica y desea que volváis al amor primero, al amor de los días de vuestra juventud, cuando entregasteis vuestro corazón al Señor.

Y en vosotros, queridos sacerdotes, que participáis en esta convivencia, quiere renovar el carisma recibido en la ordenación (cf. 1 Tm 4,14).

Con el tiempo, las ilusiones del primer momento pueden perder vitalidad y la lozanía del amor primero se puede ir debilitando; es necesario renovar cada día la entrega al Señor y vivir la consagración como si fuera al inicio de nuestra historia de amor.

2. Si el profeta Oseas nos hablaba del amor de Dios con de cada fiel, con cada alma en particular, el libro del Apocalipsis nos ha presentado el amor de Jesucristo, el Cordero sin tacha, con su Esposa la Iglesia: «Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado» (Ap 19,7). Ella es la esposa amada de Jesucristo a quien Él cuida, santifica, purifica con el baño del agua y de la palabra, para que no tenga mancha ni arruga, sino que sea santa e inmaculada (cf. Ef 5,25-27).

Lo que se dice de la Iglesia, se suele aplicar, por analogía, a la Virgen María, Madre de la Iglesia, y a cada alma fiel; y viceversa. Cuando un alma consagrada entrega su amor a Dios, es la Iglesia quien vive ese amor. Nos alegramos de participar en las bodas del Cordero con su esposa la Iglesia: «Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Ap 19,9).

Nos alegramos, en la fiesta de Santa Escolástica, virgen, que se entregó a Jesucristo su Esposo en la virginidad y en la vida monástica; nos alegramos del coro de vírgenes «que siguen al Cordero a dondequiera que vaya» (Ap 14,4); nos alegramos, estimadas hermanas, de vuestra consagración en la vida monástica, siguiendo al Cordero, a ejemplo de Santa Escolástica.

3. Benito y Escolástica, hermanos gemelos, nacen en la región de la Umbría italiana, en Nursia, el año 480, en una época turbulenta para Europa. Los bárbaros recorrían las vías del Imperio y Alarico toma Roma el año 410; algunas décadas después la ciudad imperial sufrió el saqueo de los alanos y de su rey Genserico, en el año 455; Odoacro, rey de los hérulos, depone a Rómulo Augústulo en el año 476; los pueblos germanos se derramaban en aluvión por Italia, las Galias, Hispania y África. Godos, visigodos y ostrogodos, vándalos, suevos, sajones, alanos, imponían su paganismo o su arrianismo. En Roma detenta el papado San Simplicio (años 468-483), sucesor de San León Magno, el gran Papa que contuvo al «azote de Dios».

En este difícil ambiente brota, sin embargo, con renovado vigor, la fuerza de los santos: Santa Clotilde convertiría a Clodoveo y al pueblo franco; Leandro e Isidoro en España cristianizarían el alma visigoda; San Patricio anunciaría el Evangelio en Irlanda; San Gregorio el Grande evangelizaría a los anglosajones; en Italia nacen Benito y Escolática.

Podemos pensar en los graves y difíciles retos, que tiene hoy planteada la Iglesia en Europa, como nos lo ha recordado el Papa Juan Pablo II en su exhortación postsinodal "Ecclesia in Europa". Es un llamamiento para nuestro trabajo pastoral.

4. La gran obra monástica de Benito de Nursia cambiaría el rostro de Europa. Según los entendidos, su hermana gemela Escolástica influiría en la "Regla" con su dulzura, comprensión y delicada feminidad.

Benito marchó a Roma a estudiar y Escolástica fue consagrada a Dios desde su infancia. Desde Roma Benito pasó a Subiaco, viviendo la experiencia monástica; y parece ser que su hermana se dirigió allí, para vivir cerca de su hermano. Después, Benito marchó a Montecasino y también le siguió Escolástica, morando en las proximidades y llevando una vida consagrada, junto con otras mujeres.

En la vida espiritual se va recorriendo progresivamente un camino de desprendimiento. Nos resulta difícil despojarnos repentinamente del ropaje con el que nos cubrimos; no acabamos de vivir la pobreza total ante Dios y la renuncia a lo que nos atrae. Pero el Señor nos va llevando de su mano, nos va exigiendo cada día y nos anima a ir poco a poco desprendiéndonos de lo que nos resulta superfluo. Benito y Escolástica recorrieron ese camino de la perfección y fueron desprendiéndose de lo que les ataba a la tierra, para estar más libres y poder volar más ligeros hacia Dios.

5. La colecta de la misa de hoy nos presenta el tema del encuentro de dos amores: divino y humano. La petición hecha a Dios de imitarlo "con un corazón puro" pretende experimentar la alegría de su amistad. El amor de Dios, cuando es puro, produce frutos fecundos y lleva a un gozoso amor entre humanos. La amistad con Dios se transfiere a las relaciones humanas y logra una profunda amistad espiritual entre las personas.

El amor entre Benito y Escolástica provenía primeramente de su relación fraternal, pero estuvo sostenido y alimentado por el amor a Dios, que les llevó a vivir una fecunda relación de amistad espiritual. El texto del Oficio de lectura de la fiesta de Santa Escolástica, tomado de los Diálogos San Gregorio, describe el encuentro entre Benito y Escolástica, al final de su vida, y la fuerza de la amistad.

La relación entre hermanas de la misma comunidad monástica es primeramente de fraternidad; pero puede llegar a ser una gozosa relación de amistad espiritual, fruto del amor a Dios.

La relación entre sacerdotes del mismo presbiterio nace primeramente de la fraternidad sacramental, pero puede ser fecundada por una gozosa amistad espiritual.

6. El Evangelio de San Lucas nos ha presentado el diálogo entre Jesús y Marta, a raíz del difícil equilibrio entre el "servicio activo" y la "contemplación". Marta se afana por las cosas de la casa y pide al Señor que reprenda a su hermana María, para que le ayude en el servicio (cf. Lc 10,38-40). Jesús, en cambio, responde le responde: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10,41-42).

Aunque vosotras, estimadas hermanas, estáis dedicadas a la contemplación, es probable que tengáis el riesgo de vivir demasiado ocupadas en las cosas de la casa. A veces puede resultar difícil guardar el equilibrio entre las actividades, que nos puedan distraer, y la contemplación.

También los sacerdotes seculares, dedicados fundamentalmente a la vida activa, hemos de mantener un buen equilibrio entre la actividad y el silencio contemplativo.

Hoy le pedimos a Santa Escolástica que nos ayude, con su intercesión, a estar centrados en Dios, sin descuidar la necesaria actividad de nuestra vida. Amén.

 

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750 ANIVERSARIO DE SANTA CLARA

Monasterio de Clarisas de San Diego
Alcalá de Henares, 22 de Febrero de 2004

Lecturas: Os 2,14-15.19-20; 2 Co 4,6-10.16-18; Jn 15,4-10.

1. La Eucaristía de esta tarde se enmarca en la celebración del 750 Aniversario del "Dies natalis" de Santa Clara, acaecido el 9 de agosto de 1253 y de la aprobación de su Regla dos días antes de su muerte por el Papa Inocencio IV. Hoy es una fiesta de alabanza y acción de gracias a Dios, por el regalo que Clara ha supuesto para toda la Iglesia. Nacida en Asís en 1194 de familia noble, se encontró varias veces de adolescente con Francisco, "el loco cuyas palabras le parecían inflamadas y las obras sobrehumanas". Según los testimonios del proceso de canonización, Clara vivió, antes de entrar en el convento, como una mujer honesta, buena y caritativa con los pobres.

2. A los dieciocho años, el día de domingo de Ramos, después de haber oído misa en la catedral y haber recibido la palma de manos del obispo, bajó con su prima Felipa a Santa María de los Ángeles (la "Porciúncula" restaurada por Francisco) y se hizo cortar los cabellos y vestir el sayo oscuro por el mismo san Francisco, consagrándose a Cristo. Clara había percibido más de una vez las palabras de Jesús en el evangelio, que hoy hemos escuchado: «Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Su consagración a Dios fue expresión de su voluntad de vivir unida siempre a Cristo, sin estorbos ni ligaduras ni obstáculos, sino asimilando la savia de la verdadera vid.

3. Hoy queremos dar gracias a Dios por el carisma de pobreza evangélica que Santa Clara encarnó, fundando con Francisco la segunda Orden franciscana, que lleva su nombre: las Clarisas o "Las Damas Pobres", que vivían en el convento de San Damián, en Asís. La oración "colecta", sacada del propio de los Menores, subraya que Dios infundió en santa Clara "un profundo amor a la pobreza evangélica". En los cuarenta y tres años de vida monástica, Clara realizó plenamente el ideal concebido por Francisco; ninguno de los discípulos de san Francisco vivió la pobreza con el rigor y fervor de Clara. Ella, compartiendo la misión del padre Francisco, recibida del crucifijo de San Damián de restaurar la iglesia, obtuvo de Inocencio III "privilegium paupertatis", el privilegio de no gozar de privilegios, es decir, la pobreza absoluta; y abrazó una pobreza radical, sin poseer nada.

4. En la oración mencionada se pide a Dios, por su intercesión, "que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino". El fragmento de la carta de Clara a la beata Inés de Praga, en el Oficio de Lectura, nos transmite este amor a la pobreza: "¡Oh admirable humildad, oh pasmosa pobreza!", exclama Clara después de haber dicho que en este espejo de la visión de Cristo brillan la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad. Clara era consciente de que llevaba un gran tesoro en su corazón y de que el recipiente de su persona era pobre y humilde; como dice el Evangelio de hoy: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros» (2 Co 4,7).

5. También queremos agradecer a Dios en esta Eucaristía el 750 Aniversario de la aprobación de la "La Regla de Santa Clara", que ha conformado durante estos setecientos cincuenta años la vida de tantas monjas clarisas, que se han consagrado a Dios, siguiendo el ejemplo de Clara y aceptando su Regla como norma de vida, al igual que vosotras, estimadas hermanas. La "Forma de vida del Orden de las Hermanas Pobres" de San Damián, aprobada por la Sede Apostólica, el 9 de agosto de 1253, dos días antes de la muerte de Clara, es el punto culminante de una serie de experiencias, por las que atravesó el grupo de Hermanas de San Damián durante varias décadas, debido a presiones externas por mitigar la pobreza absoluta, que ellas deseaban seguir.

La fórmula inicial dada por San Francisco al monasterio de San Damián se desarrolló sin perder la inspiración fundamental, nacida en la mente y en el corazón de San Francisco, como dice la misma Regla: "La forma de vida y el modo de santa unidad y de altísima pobreza, que el beato nuestro padre Francisco nos otorgó de palabra y por escrito para observar y que aquí está reproducido" (Regla, 16).

Hoy, queridas hermanas, vais a renovar los votos, según esta misma Regla de Santa Clara. ¡Que Dios ilumine vuestro camino y anime vuestros pasos!

6. En la carta a los Corintios, que hemos escuchado, San Pablo nos recuerda que Dios ha querido iluminarnos con su luz: «Dios que dijo: De las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (2 Co 4,6). El corazón de todo bautizado en Cristo ha sido iluminado por la luz de la fe; es una iluminación de sabiduría, de entendimiento y de amor. En esta fiesta en honor de Santa Clara, podemos ver una referencia a la iluminación que ella recibió en su bautismo y a la penetración de los misterios divinos que vivió en la abnegada entrega de su vida a Dios. El libro de la Sabiduría dice que ésta «es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad» (Sb 7,26). La vida de Clara reflejó la bondad de Dios.

7. La luz divina iluminó el corazón de Clara y penetró dentro de ella, haciéndola radiante. Clara ha sido, como su mismo nombre indica, un destello de la claridad de Dios; su vida ha reflejado la luz clara del amor divino; su total desprendimiento y servicio a los pobres ha manifestado la luminosidad y transparencia de la misericordia de Dios. Clara se dejó llevar de la Sabiduría divina y quedó renovada y hecha amiga de Dios (cf. Sb 7,27). En este diecisiete Centenario de su muerte, Clara nos invita a dejarnos iluminar por la Sabiduría divina, por la Palabra de Dios, por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Si queremos que nuestra vida tenga algún destello de luz, es necesario que nos dejemos iluminar por quien es la misma Luz; Él iluminará nuestro camino y nos hará testigos de su luz. Las "Claras" debéis vivir en la "claridad" de Dios y ser, por vocación y carisma, "iluminadas " y "testigos de esa misma luz".

8. Durante su estancia en el convento se distinguió por su laboriosidad; por las duras penitencias que hacía, ya que solía hacer ayuno completo tres días por semana; por su prudencia y dulzura en la tarea de gobernar a sus hermanas, a pesar de estar veintinueve años con dolorosas enfermedades. Queridas hermanas, el ejemplo de Clara es "claro" y debe iluminar vuestra vida: laboriosidad en el trabajo, dulzura en el trato, prudencia en el actuar, renuncia a lo propio, conversión a Dios, aceptación gozosa del sufrimiento y actitud penitencial. El cumplimiento de la Regla os ayude a encarnar el carisma y esta forma de vida.

9. Santa Clara hizo de su consagración un bastión, donde reinaba una rigurosa abstinencia de alimentos corporales, pero había gran alimento espiritual. Ella fue la hermana de los pobres, la guía de los humildes y sencillos, la maestra de los castos, la abadesa de las penitentes. La Bula papal de la Canonización presenta una hermosa descripción de su vida: "Vigilante en el deber, diligente en el cumplimiento del servicio que se le confiaba, cauta en las exhortaciones, caritativa al amonestar a alguien; moderada al corregir, temperada en el gobierno, admirable por su compasión, discreta en el callar, sensata en el hablar y consciente en todo aquello que se refiere al sabio gobernar; deseosa más de servir que de mandar, y de honrar a las demás, más que de ser honorada" (Bula papal de la Canonización, 13).

10. Quisiera recordar aquí una de las normas de la Regla: "Las hermanas no deber arder en deseos de traer al monasterio las charlatanerías del mundo. Y lo que se dice o se hace dentro no deben referir fuera del monasterio nada que pueda provocar escándalo" (Regla, IX, 16-17). ¡Una buena máxima para las Clarisas de hoy! La vida Clara era una escuela de sabiduría, donde las demás podían aprender la Regla de vida; era una especie de espejo, donde todas las hermanas podían ver reflejado el sendero de la vida; su cuerpo peregrinaba en la tierra, pero su espíritu moraba en el cielo (cf. Bula papal de la Canonización, 14).

11. Obligada a guardar cama desde 1224 a 1253, murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, honrada por el Papa y por los cardenales que vinieron de Perugia. Fue canonizada en 1255, dos años después de su muerte, por el Papa Alejandro IV, que la había visitado durante su enfermedad, como cardenal protector. Toda la ternura de Clara se vuelca en su bendición: "Yo, Clara, sierva de Cristo, pequeña planta de nuestro santo padre Francisco, hermana y madre vuestra y de las demás Hermanas Pobres, aunque indigna..., os bendigo durante mi vida y después de mi muerte como puedo y más de lo que puedo". Esta frase final reasume las mismas palabras pronunciadas por Clara en el lecho de muerte, en las que exhortaba a su alma con estas palabras: "Vete en paz, ya que has seguido el buen camino; vete confiada, ya que tu Creador te ha santificado, custodiado incesantemente y amado con toda la ternura de una madre por su hijo. Oh Dios, bendito seas por haberme creado". ¡Que Santa Clara interceda por quienes siguen a Jesucristo en castidad, pobreza y obediencia! ¡Que ella proteja a quienes han aceptado vivir según su Regla y que sea siempre hermoso ejemplo de consagración a Dios! Amén.

M

 

 

MIÉRCOLES DE CENIZA

Catedral de Alcalá de Henares, 25 de Febrero de 2004

Lecturas: Jl 2,12-18; 2 Co 5,20 - 6,2; Mt 6,1-6.16-18.

1. Empezamos hoy, miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal. La Cuaresma nació como desarrollo pedagógico y preparación de un aspecto central del misterio cristiano, celebrado en el triduo pascual. Este camino cuaresmal, que hoy iniciamos, nos llevará, si lo recorremos adecuadamente, a la celebración gozosa y fructuosa de la gran fiesta de la Pascua.

La Cuaresma es la preparación para celebrar la Pascua "con sinceridad y verdad", como reza la liturgia del tiempo pascual. La duración de este tiempo está fundada en el simbolismo de la cuarentena bíblica: El pueblo de Israel estuvo caminando cuarenta años por el desierto (cf. Nm 14,33-34), Moisés permaneció cuarenta días con sus noches en el monte Sinaí (cf. Ex 24,18), y Jesús estuvo cuarenta días haciendo ayuno (cf. Mt 4,2).

2. La razón originaria de la Cuaresma fue la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico. De este modo, el cristiano y la comunidad cristiana se preparan a las fiestas de la Pascua. Tras el Concilio de Nicea, en el año 325, la Iglesia instituyó formalmente la cuaresma, destinándola no sólo a la preparación de las fiestas de la Pascua, sino también a la preparación de los candidatos al bautismo, tras un largo catecumenado, que culminaba en la noche santa de la gran vigilia pascual. A partir de la mitad del siglo IV, empezará a hacerse obligatoria la llamada observancia cuaresmal, que prescribía ayunos y otras penitencias.

3. El Concilio Vaticano II nos recuerda sobre la cuaresma: "Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo" (Sacrosantum Concilium, 109).

En este sentido, aconseja que se usen con mayor abundancia los elementos bautismales y los elementos penitenciales; y que se inculque a los fieles, junto con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia y la oración por los pecadores.

4. A la luz del Concilio Vaticano II, la cuaresma es ante todo un tiempo destinado a la más atenta y frecuente escucha de la palabra de Dios, a la más asidua y ferviente oración, a la celebración del misterio pascual a través de la eucaristía, a la preparación o renovación de las promesas bautismales y al ejercicio de la penitencia, tanto sacramental, a través del sacramento de la confesión, como mediante distintas mortificaciones o sacrificios, que cada uno pueda imponerse. La praxis del ayuno se limita tan sólo al Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo y la de la abstinencia de comer carne en los viernes de cuaresma.

5. La cuaresma está pensada para intensificar ese aspecto de la vida que exige superación, esfuerzo, reconstrucción, purificación, transformación. Imágenes de la cuaresma son el camino, la austeridad, el desprendimiento, la oración, el ayuno, la soledad y el silencio, la prueba. El objetivo de todo ello es facilitar el encuentro transformador y transfigurador con Dios, a través de Jesucristo, que es el auténtico camino cuaresmal; Él es el "Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6), única vía de acceso a Dios Padre y único Salvador de la humanidad.

Para ello la Iglesia nos propone recorrer el camino de la propia conversión, especialmente en estos días de cuaresma. Cristo nos interpela desde los acontecimientos, desde nuestra propia conciencia, desde la vida cotidiana, desde los hombres en sus diversas situaciones y necesidades, desde la Palabra de Dios.

6. En el gesto de la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas, el sacerdote dice las palabras siguientes: "Conviértete y cree en el Evangelio"; es una llamada a cambiar de vida, abandonando el pecado y volviéndose hacia Dios, confiando en la misericordia divina. Este gesto tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, expresando la necesidad de ser redimidos por la misericordia de Dios; es un gesto exterior que la Iglesia conserva, para manifestar la actitud interior del corazón penitente, que cada cristiano está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal; la imposición de la ceniza nos ayuda a abrirnos a la confesión de nuestros pecados y al esfuerzo de renovación pascual; con este gesto queremos expresar también nuestra renuncia a lo superfluo y nuestra solidaridad con los más pobres y necesitados.

7. El Papa Juan Pablo II, en su mensaje para la Cuaresma de este año, ha elegido el tema: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mt 18,5). "Las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia. Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres" (Mensaje para la Cuaresma de 2004, 1).

Acoger a los niños significa también acoger a los "más pequeños": los pobres y los necesitados, los hambrientos y los sedientos, los forasteros y los emigrantes, los desnudos y los abandonados, los enfermos y los débiles físicos o mentales, los no-nacidos y los ancianos, los analfabetos y los que tienen poca formación, los maltratados y los que son objeto de abusos de diverso tipo.

Acogerlos y amarlos a todos ellos es como acoger y amar al mismo Señor, ya que Él se hace presente de manera singular en cada uno de ellos. Hay que agradecer a tantas personas su dedicación a los más débiles y pobres; recibirán del Señor gran recompensa.

8. El Santo Padre, siguiendo con la imagen del niño en su mensaje cuaresmal, nos anima también a vivir ante Dios las mismas actitudes del niño: de confianza, de amor, de docilidad, de desprendimiento, de sencillez, de humildad, de pequeñez. "Jesús, durante su vida pública, repitió con insistencia que solamente aquellos que se hacen como niños pueden entrar en el Reino de los Cielos (cf. Mt 18,3; Mc 10,15; Lc 18,17; Jn 3,3). En sus palabras, el niño se convierte en la imagen elocuente del discípulo, llamado a seguir al Maestro divino con la docilidad de un niño: «Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,4)" (Mensaje para la Cuaresma de 2004, 2). Hacerse pequeños nos capacita para acoger con amor a los hermanos más "pequeños".

9. El Hijo de Dios se hizo hombre (cf. Jn 1,14); se hizo "pequeño" para salvar a la humanidad; se hizo «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,8), asumiendo el sufrimiento humano e iluminándolo con la luz de la resurrección. El misterio pascual proyecta una nueva luz sobre la existencia humana, sobre el dolor y la muerte, sobre el sentido de la vida.

En este tiempo cuaresmal, que hoy comienza, la Iglesia nos invita a dirigir nuestra mirada a Dios, a aceptar su Palabra, a obedecer sus mandatos de vida y a renunciar a nosotros mismos, para que viva en nosotros el Espíritu de Jesucristo.

Nos invita también a concretar nuestro amor en los necesitados y en los más débiles; a abrir el corazón a los pequeños, siguiendo la invitación de Jesús: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mt 18,5).

10. ¡Que la Virgen María, Madre del Verbo de Dios hecho hombre y Madre de toda la humanidad, con su intercesión, nos ayude a dirigir nuestros pasos hacia el que es Luz y Vida! ¡Que Ella nos anime a socorrer a nuestros hermanos más necesitados y débiles! ¡Que Ella inspire soluciones a nuestros gobernantes y a los que dirigen las naciones, para acabar con las situaciones de precariedad y pobreza de tantos niños y personas necesitadas y que a nosotros nos abra el corazón para colaborar en esta buena obra! ¡Que este tiempo cuaresmal sea para nosotros un verdadero camino hacia la Pascua y una fructuosa preparación para el encuentro con el Señor resucitado! Amén.

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SALUDO A LAS COFRADÍAS DE ALCALÁ DE HENARES
CON MOTIVO DE LA SEMANA SANTA 2004

Los miembros de todas las Cofradías ya estáis con los ojos puestos en la próxima Semana Santa, para prepararla con esmero. Empezamos ya desde ahora el camino cuaresmal, como preparación a la gran fiesta de la Pascua del Señor.

La Cuaresma es un tiempo destinado a la más atenta y frecuente escucha de la Palabra de Dios; a la más asidua y ferviente oración; a la celebración del misterio pascual mediante la eucaristía; a la renovación de las promesas bautismales; al ejercicio de la penitencia, a través del sacramento de la confesión y mediante distintas mortificaciones o sacrificios, que cada uno pueda imponerse; a la oración por la conversión de los pecadores; a tener presente las consecuencias sociales del pecado.

El objetivo es facilitar el encuentro transformador con Dios, a través de Jesucristo, que es el auténtico camino cuaresmal; Él es el "Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6), única vía de acceso a Dios Padre y único Salvador de la humanidad. La Iglesia nos propone recorrer el camino de la propia conversión, especialmente en estos días de cuaresma.

El Papa Juan Pablo II, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, ha elegido el tema: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mt 18,5). Acoger a los niños significa también acoger a los "más pequeños": los pobres y los necesitados, los hambrientos y los sedientos, los forasteros y los emigrantes, los desnudos y los abandonados, los enfermos y los débiles físicos o mentales, los no-nacidos y los ancianos, los analfabetos y los que tienen poca formación, los maltratados y los que son objeto de abusos de diverso tipo. Acogerlos y amarlos a todos ellos es como acoger y amar al mismo Señor, ya que Él se hace presente de manera singular en cada uno de ellos.

Siguiendo con la imagen del niño, el Santo Padre nos anima también a vivir ante Dios las mismas actitudes del niño: de confianza, de amor, de docilidad, de desprendimiento, de sencillez, de humildad, de pequeñez. "Jesús, durante su vida pública, repitió con insistencia que solamente aquellos que se hacen como niños pueden entrar en el Reino de los Cielos (cf. Mt 18,3; Mc 10,15; Lc 18,17; Jn 3,3). En sus palabras, el niño se convierte en la imagen elocuente del discípulo, llamado a seguir al Maestro divino con la docilidad de un niño.

El Hijo de Dios se hizo hombre (cf. Jn 1,14); se hizo "pequeño" para salvar a la humanidad; se hizo «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,8), asumiendo el sufrimiento humano e iluminándolo con la luz de la resurrección. El misterio pascual proyecta una nueva luz sobre la existencia humana, sobre el dolor y la muerte, sobre el sentido de la vida.

¡Que la Virgen María nos ayude a preparar bien esta Pascua y dirigir nuestros pasos hacia Cristo, que es Luz y Vida! ¡Que este tiempo cuaresmal sea para nosotros un verdadero camino hacia la Pascua y una fructuosa preparación para el encuentro con el Señor resucitado!

Alcalá de Henares, 25 de Febrero de 2004, Miércoles de Ceniza.