Libertad religiosa

“La libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no comporta que todas las religiones sean iguales [133]. El discernimiento sobre la contribución de las culturas y de las religiones es necesario para la construcción de la comunidad social en el respeto del bien común, sobre todo para quien ejerce el poder político. Dicho discernimiento deberá basarse en el criterio de la caridad y de la verdad. Puesto que está en juego el desarrollo de las personas y de los pueblos, tendrá en cuenta la posibilidad de emancipación y de inclusión en la óptica de una comunidad humana verdaderamente universal. El criterio para evaluar las culturas y las religiones es también «todo el hombre y todos los hombres». El cristianismo, religión del «Dios que tiene un rostro humano» [134], lleva en sí mismo un criterio similar.

La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía» [135] de la religión cristiana. La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad.”


(Encíclica Caritas in veritate, nn. 55-56. 29-06-2009. Benedicto XVI)


    » Carta circular sobre la enseñanza de la religión en la escuela.
       05-05-2009. Congregación para la Educación Católica

    » Discurso a la Asamblea General de la Organización
       de las Naciones Unidas en Nueva York.

       18-04-2008. Benedicto XVI

    » Carta a los Obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos
       de la Iglesia Católica en la República Popular China.

       27-05-2007. Benedicto XVI

    » Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nn. 50, 97, 155, 166, 286, 421-424 y 553.
       Pontificio Consejo “Justicia y Paz”

    » Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2104-2109.

    » Mensaje para la celebración de la XXI Jornada Mundial de la Paz 1988,
       La libertad religiosa, condición para la pacífica convivencia.

       01-01-1988. Juan Pablo II

    » Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede.
       1979

    » Concilio Vaticano II.
       Declaración Dignitatis humanae

    » Monográfico en la página Web de la Conferencia Episcopal Española
       sobre la libertad religiosa.






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