Ecología integral

«Una Persona de la Trinidad [Jesucristo] se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar su autonomía» (Papa Francisco, Laudato Si’, n. 99)

«El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado» (Papa Francisco, Laudato Si’, n. 83).

«No hay ecología sin una adecuada antropología»
(Papa Francisco, Laudato Si’, n. 118)

«37. Es asimismo preocupante, junto con el problema del consumismo y estrictamente vinculado con él, la cuestión ecológica. El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida. En la raíz de la insensata destrucción del ambiente natural hay un error antropológico, por desgracia muy difundido en nuestro tiempo. El hombre, que descubre su capacidad de transformar y, en cierto sentido, de «crear» el mundo con el propio trabajo, olvida que éste se desarrolla siempre sobre la base de la primera y originaria donación de las cosas por parte de Dios. Cree que puede disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola sin reservas a su voluntad como si ella no tuviese una fisonomía propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar. En vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él.76

Esto demuestra, sobre todo, mezquindad o estrechez de miras del hombre, animado por el deseo de poseer las cosas en vez de relacionarlas con la verdad, y falto de aquella actitud desinteresada, gratuita, estética que nace del asombro por el ser y por la belleza que permite leer en las cosas visibles el mensaje de Dios invisible que las ha creado. A este respecto, la humanidad de hoy debe ser consciente de sus deberes y de su cometido para con las generaciones futuras.

38. Además de la destrucción irracional del ambiente natural hay que recordar aquí la más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención. Mientras nos preocupamos justamente, aunque mucho menos de lo necesario, de preservar los «habitat» naturales de las diversas especies animales amenazadas de extinción, porque nos damos cuenta de que cada una de ellas aporta su propia contribución al equilibrio general de la tierra, nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica «ecología humana». No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado. Hay que mencionar en este contexto los graves problemas de la moderna urbanización, la necesidad de un urbanismo preocupado por la vida de las personas, así como la debida atención a una «ecología social» del trabajo.

El hombre recibe de Dios su dignidad esencial y con ella la capacidad de trascender todo ordenamiento de la sociedad hacia la verdad y el bien. Sin embargo, está condicionado por la estructura social en que vive, por la educación recibida y por el ambiente. Estos elementos pueden facilitar u obstaculizar su vivir según la verdad. Las decisiones, gracias a las cuales se constituye un ambiente humano, pueden crear estructuras concretas de pecado, impidiendo la plena realización de quienes son oprimidos de diversas maneras por las mismas. Demoler tales estructuras y sustituirlas con formas más auténticas de convivencia es un cometido que exige valentía y paciencia.77

39. La primera estructura fundamental a favor de la «ecología humana» es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible. En cambio, sucede con frecuencia que el hombre se siente desanimado a realizar las condiciones auténticas de la reproducción humana y se ve inducido a considerar la propia vida y a sí mismo como un conjunto de sensaciones que hay que experimentar más bien que como una obra a realizar. De aquí nace una falta de libertad que le hace renunciar al compromiso de vincularse de manera estable con otra persona y engendrar hijos, o bien le mueve a considerar a éstos como una de tantas «cosas» que es posible tener o no tener, según los propios gustos, y que se presentan como otras opciones.

Hay que volver a considerar la familia como el santuario de la vida. En efecto, es sagrada: es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida.» (Encíclica Centesimus annus, nn. 37-39. 01-05-1991. San Juan Pablo II)



    » «No hay ecología sin una adecuada antropología» (Laudato Si’, n. 118)
       Carta Pastoral de Mons. Juan Antonio Reig Pla sobre la Encíclica «Laudato Si'»

       26-06-2015. Obispo de Alcalá de Henares

    »
La Santa Sede publica la carta pastoral de Mons. Reig Pla presentando
       la encíclica del Papa Francisco «Laudato Si’»


    » www.laudatosi.va
       Sitio web abierto por el Consejo Pontificio «Justicia y Paz»

    
» Carta Encíclica «Laudato Si'»
    
   24-05-2015. Papa Francisco
              » Las 172 notas de la encíclica

    » Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nn. 451-487
       Pontificio Consejo “Justicia y Paz”

    » Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2415-2418

    » Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes

    »
Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la Paz 2010,
       Si quieres promover la paz, protege la creación.

       01-01-2010. Benedicto XVI

    » Encíclica Caritas in veritate
       29-06-2009. Benedicto XVI
    
    » Documento Jesucristo, portador de agua viva.
       Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era
.

       2003. Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interrreligioso
    
    » Para una mejor distribución de la tierra. El reto de la reforma agraria.
       23-11-1997. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”

    » Discurso a los participantes en un congreso sobre «Ambiente y salud»
       24-03-1997. San Juan Pablo II

    » Encíclica Evangelium vitae
       25-03-1995. San Juan Pablo II

    » Encíclica Centesimus annus
       01-05-1991. San Juan Pablo II

    » Encíclica Sollicitudo rei socialis
       30-12-1987. San Juan Pablo II

    » Encíclica Laborem exercens
       14-09-1981. San Juan Pablo II

    » Bula «Inter sanctos» para la proclamación de San Francisco de Asís
       como Patrono de la Ecología.

       29-11-1979. San Juan Pablo II


    » San Juan Pablo II
        Hombre y mujer los creó
        Catequesis sobre el amor humano
        Ediciones Cristiandad

    » Carta Apostólica Octogesima adveniens
       14-05-1971. Beato Pablo VI

    » Encíclica Pacem in terris
       11-04-1963. San Juan XXIII

    » Catecismo Romano




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